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 Año Sacerdotal/8


EL SACERDOCIO ES EL AMOR DEL CORAZÓN DE JESÚS


El amor de Cristo, centro de la vida sacerdotal, es el tema alrededor del cual se desarrolla el Año Sacerdotal convocado por Benedicto XVI. No al azar la fecha del comienzo del año especial ha coincidido con la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, fecha elegida con cuidado precisamente para poner de relieve el aspecto fundamental del amor de Cristo. Esta solemnidad litúrgica ha sido asociada a la figura de san Juan María Vianney, el Cura de Ars, que de este Amor ha sido un cantor viviente.

Una espiritualidad renovada

En la homilía del 19 de junio de 2009, pronunciada en la Basílica de san Pedro, con ocasión de la apertura del Año Sacerdotal, Benedicto XVI afirmaba: "Aunque es verdad que la invitación de Jesús a 'permanecer en su amor' (cf. Jn 15, 9) se dirige a todo bautizado, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, Jornada de santificación sacerdotal, esa invitación resuena con mayor fuerza para nosotros, los sacerdotes, de modo particular esta tarde, solemne inicio del Año sacerdotal, que he convocado con ocasión del 150° aniversario de la muerte del santo cura de Ars"[1].

Luego, con respecto al Cura de Ars, agregaba: "Me viene inmediatamente a la mente una hermosa y conmovedora afirmación suya, recogida en el Catecismo de la Iglesia católica: "El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús" (n.1589). ¿Cómo no recordar con conmoción que de este Corazón ha brotado directamente el don de nuestro ministerio sacerdotal?"[2]. La intención del Papa, con la convocación del Año Sacerdotal, es claramente la de contribuir a promover el empeño de interior renovación de todos los sacerdotes. El aspecto de la unión a Cristo, que pertenece con pleno derecho a la espiritualidad del sacerdote, precede cada otra consideración ulterior, también doctrinal, con referencia al sacerdocio. En efecto, es la categoría del enamoramiento la que anticipa y motiva cada acción pastoral o definición teológica: "dejaos conquistar por Él y seréis también vosotros, en el mundo de hoy, mensajeros de esperanza, reconciliación y paz"[3].

En esta perspectiva, el Cura de Ars es puesto como modelo de sacerdote, porque "amigo" y "enamorado" de Cristo.

Un modelo para nuestros tiempos

Reducir la figura de san Juan María Vianney a un ejemplo, aunque sea admirable, de la espiritualidad devocional del siglo XIX, podría no ofrecer grandes estímulos de imitación, para un sacerdote que vive en un contexto histórico y cultural totalmente diferente, como el nuestro. Por eso, es necesario escoger en su testimonio aquel núcleo que permanece siempre válido, más allá del contexto histórico en el cual se expresa. Benedicto XVI lo individúa en la "la fuerza profética, de suma actualidad, que distingue su personalidad humana y sacerdotal"[4].

En la Francia posrevolucionaria que experimentaba una especie de "dictadura del racionalismo", la vida sacerdotal del Cura de Ars "se caracterizó por una singular y fecunda creatividad pastoral, capaz de mostrar que el racionalismo, entonces dominante, en realidad no podía satisfacer las auténticas necesidades del hombre y, por lo tanto, en definitiva no se podía vivir"[5]. El hombre no es solo razón, sino sobre todo deseo de Dios.  

Analógicamente hablando, también nuestro mundo que vive prisionero de una especie de "dictadura del relativismo", necesita un testimonio fuerte, que sea creíble y ofrezca motivos de esperanza a un hombre posmoderno, cínico y desilusionado. "el relativismo contemporáneo mortifica la razón, porque de hecho llega a afirmar que el ser humano no puede conocer nada con certeza"[6]. El hombre es también búsqueda de la verdad y, en última instancia, búsqueda de Dios que es la Verdad.  

El Cura de Ars se vuelve, entonces, modelo que imitar también para un sacerdote de nuestro tiempo, porque ha puesto en el centro de su vida sacerdotal la certeza de la intima unión personal con Cristo, cuidada diariamente como un bien precioso y la transparencia de su testimonio, que ha hecho auténtico y verdadero su mensaje. Un sacerdote de nuestro tiempo solo así "podrá tocar el corazón de las personas y abrirlo al amor misericordioso del Señor. Sólo así, por tanto, podrá infundir entusiasmo y vitalidad espiritual a las comunidades que el Señor le confía"[7].

El centro de la vida sacerdotal

Es de fundamental importancia, entonces, comprender que el Amor de Cristo y la relación a su Persona son verdaderamente el centro de la vida sacerdotal. Si la misión del sacerdote consiste en llevar Cristo a los hermanos y en llevar los hermanos a Cristo, todo depende de la calidad y la profundidad de su relación personal con Cristo. Solo una relación vivida en su totalidad puede ser semilla de nueva vida. La fidelidad al sacerdocio, y especialmente al celibato unido al sacerdocio, es imposible si el sacerdote no está profundamente "enamorado de Jesús".

Del Cura de Ars se decía que "si el supremo objeto de su amor era el Señor Jesús, las modalidades con que expresaba su insistente sentimiento eran las que son comunes a cada enamoramiento humano. 'Su pensamiento dominante, el latido candente de su corazón, la lógica de sus razonamientos, el suspiro de sus noches insomnes, la energía de sus días agotadores, la dulce presencia de sus horas solitarias' y, en fin, también ‘el abrazo que lo espera, con el rostro descubierto', más allá de la muerte. El amor con que el Cura de Ars se ligó para siempre a Cristo fue, como cada sincero y profundo amor humano, 'un amor totalitario, exclusivo, celoso'"[8]. También y sobre todo en este sentido, el Cura de Ars se vuelve modelo que imitar para los sacerdotes de cada tiempo. Por eso, es urgente superar una concepción equivocada, pero desgraciadamente bastante difundida, del sacerdote como "funcionario eclesiástico", y volver a hallar una auténtica espiritualidad y mística del sacerdocio, fundadas en la relación con Cristo.

"El sacerdocio es el Amor del Corazón de Jesús"[9], repetía el Cura de Ars. Es un inefable e indecible misterio de Amor, del Amor de Jesús. Este es el testimonio de un pobre y humilde sacerdote, que ha vivido hasta el final la realidad de su sacerdocio, y que se ha transformado así en un ejemplo luminoso de santidad sacerdotal. Nos gusta trascribir una oración suya, que transmite de manera inequívoca el sentimiento de un corazón verdaderamente enamorado:

"Os amo, oh mi Dios, y mi único deseo es amaros hasta el último respiro. Os amo, oh mi Dios infinitamente amable, y prefiero morir amándoos, que vivir sin amaros.

Os amo, Señor, y la sola gracia que os pido es amaros eternamente... Mi Dios, si mi lengua no puede repetir, en cada instante, que os amo, quiero que mi corazón se lo repita todas las veces que respira"[10].

Estas palabras son la expresión más simple y también más esencial del sacerdote de Jesús. Es la oración que cada sacerdote tendría que hallar de nuevo en el corazón de su vida.

Maurizio Fomini



[1] Benedicto XVI, Rezo de las Segundas Vísperas de la Solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús (19 de junio de 2009), en www.vatican.va
[2] Benedicto XVI, Rezo de las Segundas Vísperas..., en www.vatican.va 
[3] Benedicto XVI, Rezo de las segundas vísperas..., en www.vatican.va 
[4] Benedicto XVI, Audiencia General (5 de agosto de 2009), en www.vatican.va
[5] Benedicto XVI, Audiencia General..., en www.vatican.va 
[6] Benedicto XVI, Audiencia General..., en www.vatican.va 
[7] Benedicto XVI, Audiencia General..., en www.vatican.va 
[8] E. Versace, Un prete felice perché innamorato. San Giovanni Maria Vianney nella riflessione del cardinale Giovanni Colombo, en http://www.zammerumaskil.com/rassegna-stampa-cattolica/formazione-e-catechesi/un-prete-felice-perche-innamorato.html
[9] B. Nodet, Le curé d'Ars. Sa pensée - Son cœur, Éd. Xavier Mappus, Ligugé 1966, 98.
[10] B. Nodet, Le curé d'Ars. Sa pensée... , 45.


26/04/2010

 
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