Año sacerdotal/10
el sacerdote y LA "CIENCIA DEL AMOR"
Una gran cantidad de sacerdotes, a menudo, considera el estudio como una actividad de poca utilidad, que no tiene mucho que ver con las tareas pastorales.
Muchos, aunque teniendo una disposición al estudio, leen libros o documentos que no ayudan a adquirir aquel conocimiento de las cosas últimas, que es la "verdadera ciencia", porque se limitan a analizar una cuestión, de modo más o menos profundizado. Por ejemplo, leen algunos libros para responder a problemas inmediatos, como la preparación de una homilía, de un encuentro, la curiosidad por un aspecto de la actualidad del que tantos hablan. Espontáneamente, entonces, nos entran ganas de preguntarnos cuál es la ciencia, de la que el sacerdote tiene necesidad, en su servicio al Evangelio.
Benedicto XVI, en la Homilía pronunciada en la Basílica de san Pedro, con ocasión de la apertura del Año Sacerdotal, indica el camino que recorrer con palabras, en las que vale la pena profundizar. El Santo Padre subraya: "Para ser ministros al servicio del Evangelio es ciertamente útil y necesario el estudio, con una esmerada y permanente formación teológica y pastoral, pero más necesaria aún es aquella 'ciencia del amor', que solo se aprende de "corazón a corazón" con Cristo"[1].
Aparentemente esta expresión parecería reproducir la distinción entre una teología afectiva y una tendencialmente racionalista. H. U. von Balthasar, en el ensayo "Teología y santidad", que forma parte de Verbum Caro[2], señala un dualismo moderno entre una teología dogmática separada de la experiencia de fe, por una parte, y una noción sentimental de la fe (la devotio moderna), por la otra. Ahora bien, la expresión "ciencia del amor" aprendida del "corazón a corazón" con Cristo, utilizada por Benedicto XVI, no reproduce de ninguna manera este dualismo, sino que nos introduce en la corriente de la más genuina tradición monástica, según la cual el deseo de Dios y el amor de las letras, esto es, del estudio, forman una unidad, y son el fundamento de la verdadera ciencia[3].
El amor de las letras y el deseo de Dios
Para comprender la expresión "ciencia del amor", es interesante retomar algunos pasajes del discurso pronunciado por Benedicto XVI, el 12 de septiembre de 2008 en Paris, sobre los orígenes monásticas de la teología occidental y las raíces de la cultura europea[4].
El objetivo de los monjes, hacía notar Benedicto XVI, era la búsqueda de Dios. En la confusión de los tiempos en que nada parecía resistir, ellos aspiraban a lo esencial, es decir, a "trabajar con tesón por dar con lo que vale y permanece siempre, encontrar la misma Vida"[5]. Puesto que eran cristianos, su búsqueda no se dirigía hacia la oscuridad absoluta. Dios mismo había plantado algunas señales a lo largo del camino que se debe recorrer. La tarea consistía en encontrarlas y seguirlas. Este camino era su Palabra que, en los libros de las Sagradas Escrituras, estaba abierta ante los hombres.
La búsqueda de Dios exige, pues, por intrínseca exigencia, una cultura de la "palabra". El deseo de Dios, le désir de Dieu, incluye el amour des lettres, el amor a la palabra. "Porque en la Palabra bíblica Dios está en camino hacia nosotros y nosotros hacia Él, hace falta aprender a penetrar en el secreto de la lengua, comprenderla en su estructura y en el modo de expresarse. Así, precisamente por la búsqueda de Dios, resultan importantes las ciencias profanas que nos señalan el camino hacia la lengua"[6].
"Puesto que la búsqueda de Dios exigía la cultura de la palabra, - continúa el Santo Padre - forma parte del monasterio la biblioteca que indica el camino hacia la palabra ... con el objetivo último de que el hombre aprenda a servir a Dios. Pero, esto comporta evidentemente también la formación de la razón, la erudición, por la que el hombre aprende a percibir entre las palabras la Palabra"[7].
En fin, la Palabra de Dios introduce a nosotros mismos en el coloquio con Dios. El Dios que habla en la Biblia, nos enseña cómo podemos hablar con Él. Especialmente en el Libro de los Salmos nos ofrece las palabras, para "presentarle nuestra vida con sus altibajos en coloquio ante Él, transformando así la misma vida en un movimiento hacia Él"[8].
La "ciencia del amor"
En otra ocasión, reflexionando sobre la figura de Guglielmo de Saint-Thierry[9], Benedicto XVI profundiza en el tema del movimiento hacia Dios, por medio de la categoría del amor, fuente de energía primaria que mueve al alma humana: "La naturaleza humana, en su esencia más profunda, consiste en amar. En definitiva, a cada ser humano se le encomienda una sola tarea: aprender a querer, a amar de modo sincero, auténtico y gratuito"[10].
En el hablar del amor a Dios, tiene una notable importancia la dimensión afectiva. "Nuestro corazón - afirma el Santo Padre - está hecho de carne, y cuando amamos a Dios, que es el Amor mismo, ¿cómo no expresar en esta relación con el Señor también nuestros sentimientos más humanos, como la ternura, la sensibilidad y la delicadeza? ¡El Señor mismo, al hacerse hombre, quiso amarnos con un corazón de carne!"[11].
Esta sensibilidad completamente humana no es contraria a la inteligencia, más bien, la purifica y la conduce. En efecto, "el amor tiene otra propiedad importante: ilumina la inteligencia y permite conocer mejor y de manera más profunda a Dios y, en Dios, a las personas y los acontecimientos"[12].
El solo conocimiento humano, que procede de los sentidos y de la inteligencia, reduce, pero no elimina, la distancia entre el sujeto y el objeto, entre el yo y el tú. He aquí, por qué es necesario el amor, que, en cambio, produce atracción y comunión, hasta el punto que hay una transformación y una asimilación entre el sujeto que ama y el objeto amado.
Esta reciprocidad de afecto y de simpatía "permite un conocimiento mucho más profundo que el que se obtiene solo con la razón. Así se explica una célebre expresión de Guillermo: 'Amor ipse intellectus est', 'El amor es en sí mismo principio de conocimiento'"[13].
Sin cierta simpatía no se conoce a nadie y nada. Y esto vale, en primer lugar, en el conocimiento de Dios y de sus misterios, que superan la capacidad de compresión de nuestra inteligencia: ¡a Dios se lo conoce si se lo ama!
El Santo Padre saca a manos llenas de la tradición monástica, según la cual "la gran palabra ya no es quaeritur, (que se ame) sino desideratur (que se desee); ya no es sciendum (que se debe conocer), sino experiendum (que se debe experimentar)"[14].
En el primero de los Sermones sobre el Cantar de los Cantares, San Bernardo afirma explícitamente que un "cántico de este tipo solo la unción lo enseña, y solo la experiencia lo aprende. Los que no tengan la experiencia, ardan del deseo, no tanto de conocer, cuanto de experimentar"[15].
El verdadero conocimiento de Dios consiste en la experiencia personal y profunda de Jesucristo y de su amor. Y esto vale, de modo particular, para nosotros los sacerdotes, porque solo quien encuentra y frecuenta, en un "corazón a corazón", a Cristo, experimenta su proximidad, su amistad, su amor. Puede conocerlo, amarlo y seguirlo cada vez más y ser, por esto, guía de los hombres.
He aquí, entonces, la razón por la que la "ciencia del amor" es tan necesaria, en nuestro ministerio al servicio del Evangelio, y el estudio, nutrido del "corazón a corazón" con Cristo, se transforma en verdadera sabiduría que ilumina.
Maurizio Fomini
[1] Benedicto XVI, Homilía pronunciada con ocasión de la apertura del Año Sacerdotal (19 de junio de 2009), en www.vatican.va
[2] Cf. H.U. von Balthasar, Verbum Caro. Saggi teologici, I, Morcelliana, Brescia 1968, 200-229.
[3] Jean Leclercq, gran especialista de San Bernardo, ha escrito un libro en que resume toda la sabiduría monástica, hecha de estudio y de rezo, además del trabajo manual, y cuyo título, en la versión original francesa, es: L'amour des lettres et le désir de Dieu, Les Editions du Cerf, Paris 1957 (ed. it. Cultura umanistica e desiderio di Dio. Studio sulla letteratura monastica del Medio Evo, Sansoni Editore, Firenze 1965).
[4] Benedicto XVI, Encuentro con el mundo de la cultura en el Collège des Bernardins (12 de septiembre de 2008), en www.vatican.va
[5] Benedicto XVI, Encuentro con el mundo de la cultura ..., en www.vatican.va
[6] Benedicto XVI, Encuentro con el mundo de la cultura ..., en www.vatican.va
[7] Benedicto XVI, Encuentro con el mundo de la cultura ..., en www.vatican.va
[8] Benedicto XVI, Encuentro con el mundo de la cultura ..., en www.vatican.va
[9] Biógrafo, amigo y gran admirador de San Bernardo de Claraval.
[10] Benedicto XVI, Audienza General (2 de diciembre de 2009), en www.vatican.va
[11] Benedicto XVI, Audienza General... en www.vatican.va
[12] Benedicto XVI, Audienza General... en www.vatican.va
[13] Benedicto XVI, Audienza General... en www.vatican.va
[14] Jean Leclercq, Cultura umanistica e desiderio di Dio..., 6.
[15] Expresión citata en Jean Leclercq, Cultura umanistica e desiderio di Dio..., 6-7.
01/06/2010
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