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CELEBRAR LA VIDA


Emilio recibe la Unción de los enfermos
 
entre los fieles de Ypacaraí





      La pasión y la lucha por la vida caracterizan a un verdadero cristiano hasta el último momento de su existencia. Con este espíritu, se ha administrado la Unción de los enfermos a casi cincuenta personas de la parroquia de Ypacaraí. Entre estas, también Emilio, quien, después de haber celebrado tantas veces este sacramento como párroco de nuestra parroquia, ha querido enseñar, con su ejemplo, cómo debemos prepararnos al encuentro con el Señor.

"La Unción de los enfermos −afirma el Catecismo de la Iglesia Católica− no es un sacramento solo para aquellos que están a punto de morir. Por eso, se considera tiempo oportuno para recibirlo cuando el fiel empieza a estar en peligro de muerte por enfermedad o vejez" (n.° 1514). Emilio ha explicado que, a pesar de no tener una enfermedad grave, sin embargo, ha alcanzado una edad en la cual todos deberían prepararse para la batalla final. La Unción de los enfermos, como todos los sacramentos, debe ser acogida en plena conciencia, ejerciendo a lo sumo la propia libertad y responsabilidad. Para recibirla no se tiene que esperar el último día, el extremo momento de la vida −cuando, tal vez, se está bajo el efecto de la morfina o de otros remedios y ya no se entiende lo que se hace−, porque la eficacia del sacramento no depende de un poder mágico suyo, sino de la gracia de Dios que siempre se encuentra con la libertad y la conciencia del hombre. La Unción de los enfermos no puede solucionar nuestros problemas de salud física y espiritual, si no es "sacramento de la fe". La fe es la respuesta a la palabra de Dios escuchada y acogida cuando se estaba en condiciones de responder al Señor, y de aceptar libremente y en plena conciencia su voluntad o, al menos, cuando se ha manifestado esta aceptación durante los años con actos de fe. Desafortunadamente, hay todavía casos en que la Unción de los enfermos es solicitada por los familiares para personas ya inconscientes, quienes, en su existencia, nunca han querido frecuentar a la Iglesia y, en su vida, han expresado siempre la voluntad de vivir fuera de ella. El encuentro con Jesucristo, al contrario, se prepara durante el tiempo; cuando todavía se goza de buena salud, se escoge cómo morir, porque este momento puede llegar de repente.


La victoria de la fe

 Cada vez que Emilio ha administrado el sacramento de la Unción en parroquia, ha ratificado que este es un sacramento de lucha y combate espiritual y da coraje para enfrentar las dificultades, las enfermedades y la fragilidad de la vejez (cfr. Catecismo de la Iglesia Católica, n.° 1520). El cristiano debe saber luchar hasta el momento en que el Señor lo llame, y tiene que estar listo para responder: "Heme aquí, hágase en mí según tu voluntad". La voluntad del Señor siempre es lo mejor que pueda existir, y vivir una hora más o una hora menos de lo establecido por Él significa ir en contra de ella. Para alcanzar la felicidad es necesario poner nuestra vida en manos de Dios.

Además, Emilio ha exhortado a los ancianos y a los enfermos presentes a comprender el mandato misionero que reciben con esta unción. En efecto, ellos, a su vez, deben anunciar lo que han hecho, explicar su motivo profundo, esto es, que desean vivir bien el tiempo último que Dios ha fijado para cada uno. Vivirlo en la paz y en el amor del Señor, y no porque aman la muerte. Al contrario, el cristiano ama la vida y considera la muerte como un encuentro con Aquel que es la plenitud de la vida.

El Señor, que está presente en los sacramentos, viene para fortalecernos también contra el miedo a la muerte, porque no es esta la que debemos temer, sino el pecado, que nos separa del amor de Dios, de los demás y de todas las cosas lindas; la muerte ya no tiene ningún poder sobre nosotros: "¿Dónde está, oh muerte, tu victoria?" (1Co 15, 55). La victoria pertenece a la fe, a Cristo, quien, muriendo, ha destruido la muerte y ha resucitado. Este es el anuncio que se debe proclamar, y es esto lo que hace jóvenes: la fe, la esperanza, el amor, la pasión por la vida. Se trata de "una curación más radical: la victoria sobre el pecado y la muerte", la realizada por Cristo (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, n.° 1505).


Vivir el propio tiempo

 Además, como Emilio he querido testimoniar con los hechos, después de haberlo proclamado con la boca tantas veces, es necesario también saber dar un ejemplo de "sedapego" de lo que se ha realizado. Frecuentemente, de palabra, nos declaramos listos para pasar el testigo, para dar oportunidad a los más jóvenes, a los propios hijos. Sin embargo, en la realidad, les impedimos mostrar la capacidad de asumirse responsabilidades. Emilio, en cambio, con gran alegría, el 11 de diciembre pasado, ha querido pasar el testigo a Michele, sacerdote de nuestra misma comunidad Redemptor hominis, quien ha sido nombrado como párroco de Ypacaraí. Emilio, aunque permaneciendo en parroquia como vicario cooperador, ha subrayado así la necesidad de formar a otras personas, de dar a los más jóvenes la posibilidad de vivir con responsabilidad personal su tiempo, y ha mostrado lo que tiene que acontecer tanto en las familias como a nivel eclesial.

Al final de la celebración del sacramento de la Unción, Gladys ha recordado que, en esta ocasión, se refuerza también el puente de oración entre la parroquia de Ypacaraí y la de Obeck, en Camerún. Ella misma, que ha podido viajar de Paraguay a África y visitar a las personas enfermas y ancianas que constituyen los pilares portantes de este puente, junto con los grupos Cáritas de las dos parroquias, ha mostrado el tejido de los trajes tradicionales africanos, que se ponen todos los que forman parte del puente: esto es, los que rezan constantemente, ofreciendo también sus sufrimientos, por los hermanos que viven en la otra parte del océano. Otras personas, enfermos y no, se asociarán a esta cadena misionera también gracias a esta celebración, porque, como dice el Catecismo de la Iglesia Católica, el sacramento de la Unción de los enfermos es "una gracia eclesial. Los enfermos que reciben este sacramento, uniéndose espontáneamente a la pasión y la muerte de Cristo, contribuyen al bien del Pueblo de Dios" (n.° 1522).

Por todo esto, la celebración ha sido vivida por los participantes, con gozo y auténtica conmoción. Además, no pocos de ellos han expresado la gran maravilla de compartir este sacramento junto con Emilio, quien, en estos años de ministerio sacerdotal en Ypacaraí, ha sido, para ellos, guía y consuelo en tantas ocasiones: ahora lo han encontrado de nuevo humildemente arrodillado a su lado, para recibir el sacramento de la lucha y de la vida.

(A cargo de Mariangela Mammi)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)





24/12/2011
 
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