Genk (Bélgica), 30 de agosto de 2010
A los feligreses de la
Capilla Santa Rosa de Lima
Parroquia Sagrado Corazón de Jesús
Ypacaraí
Mis queridos amigos de la Capilla Santa Rosa:
Con gran amor me dirijo a todos Ustedes, con ocasión de la fiesta patronal de Santa Rosa de Lima.
Hoy estamos llamados a reflexionar sobre la enseñanza de nuestra Santa Patrona, al fin de traer de su ejemplo la inspiración para progresar en nuestro peregrinaje hacia nuestra verdadera patria, que es la Ciudad Santa que baja del cielo, de junto a Dios, engalanada como una novia que se adorna para recibir a su Esposo. Ciudad Santa que es la morada de Dios con los hombres, donde no habrá muerte ni lamento, ni llanto ni pena, pues todo lo anterior ha pasado (cf. Ap 21, 1-4).
Este aspecto de la Iglesia, que "continúa su peregrinación en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios, anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva" (cf. Lumen gentium, 8), lo recordamos, al final de la celebración eucarística, en la procesión con la imagen de Santa Rosa de Lima, que va a desarrollarse en silencio, devoción, orden, canto y oración, según nuestras tradiciones, que han entrado y progresan en nuestra querida parroquia.
No debemos olvidar que Santa Rosa de Lima no es solo la Patrona de nuestra Capilla, sino sobre todo la Patrona de América Latina. Por lo tanto, su enseñanza va más allá de nuestro pequeño barrio, porque la Santa pertenece a toda América Latina y a la Iglesia universal.
Según el destacado historiador Enrique Dussel, tres son los aspectos fundamentales que nuestra Santa nos ha dejado en herencia:
El proyecto
1. El proyecto de un convento de vida contemplativa, en una tierra conquistada con cierta violencia y, por tanto, cargada de pasiones.
Santa Rosa de Lima tiene esta capacidad de silencio. La vida contemplativa no hace nada, pero lo hace todo, porque permite que sea Dios el que actúa. Cuando no sabemos qué hacer, es el momento en que debemos arrodillarnos, rezar en silencio y dejar que el Señor encuentre la solución. Esto quiere decir que nosotros somos criaturas y Él es el Creador.
En un territorio conquistado por la violencia, en una tierra cargada de sangre, Santa Rosa de Lima enseña el silencio, la vida contemplativa, el poner en el centro a Dios y no a nosotros mismos.
2. El servicio incansable a los pobres.
Santa Rosa de Lima ha amado a los pobres. Este es un valor permanente, como el silencio de
la vida contemplativa. Son dos cosas que no pueden desaparecer; si desapareciesen, la Iglesia ya no tendría sentido, ya no existiría. La Iglesia puede hacer muchas cosas, pero si faltase el saber arrodillarse frente a Dios, encarnado en Jesús, si faltase el amor a los pobres, a los que no cuentan nada, que tampoco tienen la cédula electoral, si todo esto faltase, ya nada tendría sentido en la Iglesia. Por esto, en la fiesta patronal tendríamos que ponernos el problema de una reflexión sobre nuestra relación, personal y comunitaria, con Dios, a través de la oración, y con los pobres.
Todo esto nos abre a la tercera gran enseñanza de Santa Rosa de Lima.
3. Su anhelo misionero, que ella ha transmitido a todos los sacerdotes que la han conocido: "Propagar la salvación y la santidad entre los indígenas".
La Iglesia es misionera por su naturaleza. La Iglesia tiene sentido, porque anuncia la grandeza del Reino de Dios a todos los hombres.
Santa Rosa de Lima ha dejado pocos escritos. En uno de estos, encontramos las siguientes palabras: "Conozcan todos que la gracia sigue a la tribulación. Sepan que sin el peso de las aflicciones no se llega al colmo de la gracia. ... Nadie se engañe: esta es la única verdadera escala del Paraíso, y fuera de la cruz no hay camino por donde se pueda subir al cielo". Este es el mensaje fundamental de Santa Rosa de Lima: no se sube al cielo si no se pasa por la cruz del Señor.
En su Carta encíclica Spe salvi, el santo padre Benedicto XVI así escribe:
"Podemos tratar de limitar el sufrimiento, luchar contra él, pero no podemos suprimirlo. Precisamente cuando los hombres, intentando evitar toda dolencia, tratan de alejarse de todo lo que podría significar aflicción, cuando quieren ahorrarse la fatiga y el dolor de la verdad, del amor y del bien, caen en una vida vacía en la que quizás ya no existe el dolor, pero en la que la oscura sensación de la falta de sentido y de la soledad es mucho mayor aún. Lo que cura al hombre no es esquivar el sufrimiento y huir ante el dolor, sino la capacidad de aceptar la tribulación, madurar en ella y encontrar en ella un sentido mediante la unión con Cristo, que ha sufrido con amor infinito. ... La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre. Esto es válido tanto para el individuo como para la sociedad. Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana. A su vez, la sociedad no puede aceptar a los que sufren y sostenerlos en su dolencia si los individuos mismos no son capaces de hacerlo y, en fin, el individuo no puede aceptar el sufrimiento del otro si no logra encontrar personalmente en el sufrimiento un sentido, un camino de purificación y maduración, un camino de esperanza. En efecto, aceptar al otro que sufre significa asumir de alguna manera su sufrimiento, de modo que este llegue a ser también mío. Pero, precisamente porque ahora se ha convertido en sufrimiento compartido, en el cual se da la presencia de otro, este sufrimiento queda traspasado por la luz del amor" (Spe salvi, 37-38).
En mi viaje a Camerún, en nuestra misión de Obeck-Mbalmayo, he fortalecido el puente de oración y de amistad entre los más débiles y pobres de nuestra parroquia y los que viven en Obeck, en África.
Este puente de oración, presidido por nuestra Cáritas parroquial, que une los más cercanos a la cruz de Jesús, pertenecientes a las parroquias de Ypacaraí y de Obeck-Mbalmayo, es el símbolo viviente de la vida y enseñanza de Santa Rosa de Lima.
En este puente, están presentes cada día la oración, la vida de los pobres, la misión universal de la Iglesia.
A Uds., queridos amigos de la amada Capilla Santa Rosa de Lima, confío este don de gracia, para que todos los fieles que viven, sufren, luchan y esperan la misericordiosa intercesión de nuestra Santa Patrona puedan encontrar, en su vida y su enseñanza, la fuerza para escribir una nueva página de amor en la historia de nuestro Paraguay, de toda América Latina y de toda la Santa Iglesia de Dios.
Con cariño. ¡Hasta muy pronto!

P. Emilio Grasso
Cura Párroco