Pascua de Resurrección entre los pobres de Ypacaraí
El Centro Misionero Diocesano de Roma y el grupo Cáritas
Este año, ha sido una Pascua diferente la de Pedro, Juan, Ramón y otros entre los más pobres de Ypacaraí.
En efecto, Emilio, sacerdote fidei donum de la diócesis de Roma, había entregado al grupo Cáritas de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí la contribución extraordinaria, que el Centro Misionero Diocesano de Roma le hizo llegar, por intermedio de Mons. Enzo Dieci. Con este generoso aporte, hemos decidido ayudar concretamente, a través del grupo Cáritas, a las personas que ni su familia ni las instituciones locales o las comisiones vecinales pueden ayudar. Para evitar toda forma de asistencialismo que crea solo dependencia y abusos, la primera cosa que hacemos siempre es la de llamar a todos a una mayor responsabilidad e intervenir, cuando es verdaderamente necesario.
La Cáritas como realidad eclesial, tiene también la tarea de sustentar a las personas en su camino de fe y resurrección, apuntando a un desarrollo integral, puesto que la vida, en cualquier situación, tiene sentido solo dentro de la mirada de Dios. No podemos no considerar a la persona en todos sus aspectos, sobre todo porque representamos el rostro de la Iglesia, edificada sobre la fe en la palabra de Dios, y no una asociación cualquiera de voluntariado.
La dignidad del hombre permanece solo un discurso abstracto si no empieza por cosas concretas, como el cuidado del propio cuerpo y de la propia casa. En esta visión, con la contribución recibida hemos comprado: nueve colchones para reemplazar los trapos sobre los que dormían ña María Lucy y sus seis hijos; para Pedro, que recicla la basura para sobrevivir; para ña de los Ángeles que, junto con sus cuatro hijas, remienda las bolsas utilizadas para transportar el algodón; para Juan, que recoge las sobras de una industria avícola para, luego, revenderlas a los copetines; para ña Concepción, que vive con la hija, enferma de graves desequilibrios mentales y que a malas penas logra caminar; para Luciano, desnutrido y enfermo de tuberculosis; para don Ramón, enfermo de cáncer; para Antonio, un niño de 8 años, sordomudo, y para don Samaniego, que vive solo en una chabola y se mantiene limpiando el patio de los vecinos.
Después de la crisis de los meses pasados por la escasez del cemento, que ha afectado a todo el Paraguay, con la contribución recibida hemos podido iniciar también los trabajos para hacer más habitables algunas "casas", construyendo servicios higiénicos, colocando pisos y reparando techos. Además, hemos mandado hacer la fumigación de las casas y los patios de muchas familias pobres, para evitar la invasión del temible mosquito Aedes aegypti, vector de la epidemia de dengue, que está golpeando al Paraguay y ha provocado ya la muerte de varias personas, algunas de las cuales de Ypacaraí. Por último, hemos podido construir algunas piletas con agua corriente, para varias mujeres que trabajan como lavanderas para sustentar a sus familias.
Todas estas personas a las que hemos ayudado saben que son amadas por la Iglesia, que es el rostro, las manos y los pies de aquel Señor, que las prefiere y las invita a experimentar la resurrección ya aquí en la tierra. El grupo Cáritas, por su parte, ha podido reconocer en estos pobres, una vez más, a Cristo crucificado por nuestros pecados y nuestra hipocresía.
Puesto que Emilio y yo pertenecemos a la diócesis de Roma, hemos querido subrayar que estas ayudas provienen del amor de nuestro Santo Padre Benedicto XVI. A Él, como también a Mons. Dieci, a Daniela Picozzi, a todos los que integran el Centro Misionero Diocesano y a nuestra querida diócesis de Roma en general, todos los recordamos siempre en la oración, muy agradecidos.
La Pascua es el fundamento firme de nuestra creencia en la resurrección de la carne. Los pobres son la carne de Dios en la historia, en cuyo rostro agradecido resplandece la gloria de Cristo Resucitado por la vida del mundo.
Elena Montagner
11/04/07
|