Un momento bendECIDo POR dios
La visita a Ypacaraí de S. E. Mons. Eliseo Antonio Ariotti,
Nuncio Apostólico en el Paraguay
Durante la novena de la fiesta patronal de la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, una jornada particularmente intensa ha sido la de la visita del Nuncio Apostólico, Mons. Eliseo Antonio Ariotti.
Ha llegado al Paraguay solo en el mes de enero pasado, y desde hace tiempo habíamos pedido su presencia, con ocasión de la fiesta patronal. Nosotros los de la Comunidad Redemptor hominis y en particular Emilio, lo habíamos conocido ya en Camerún y habíamos experimentado ya su disponibilidad y su gran amabilidad. Mons. Ariotti, en efecto, ha aceptado de muy buena gana visitarnos en Ypacaraí y celebrar la Santa Eucaristía con todo el pueblo de nuestra parroquia.
La organización de este acontecimiento ha sido cuidadosa y participada; la iglesia adornada con esmero en los mínimos particulares; la liturgia bien preparada, para recibir adecuadamente al representante del Santo Padre.
Pero, en aquel día, la iglesia, además de estar litúrgica y estéticamente en orden con bellísimas rosas amarillas, con una gigantografía de Benedicto XVI en el fondo y una estupenda y especial alfombra de flores, en la cual estaba representado el escudo episcopal de Mons. Ariotti, estaba sobre todo llena de fieles, en orden, en silencio, en recogido y atento recibimiento. También diversas autoridades civiles y militares de la pequeña ciudad han querido presenciar la ceremonia, y acoger a Mons. Ariotti, por primera vez en Ypacaraí.
En el comienzo de su homilía, con pocas y simples palabras, el Nuncio Apostólico ha presentado su más que tricenal experiencia en el ministerio sacerdotal y episcopal, desarrollado no solo en Roma, en la Sede Apostólica, sino también en diversos países del mundo, donde ha sido enviado a cumplir su servicio: de Uganda a Malta, de Siria a Libia y a Los EE.UU., de Madrid a París. Después, en 2003, el Santo Padre lo ha nombrado Nuncio Apostólico, primero en Camerún y Guinea Ecuatorial, donde ha permanecido por seis años y, desde el mes de noviembre pasado, en el Paraguay.
"Misericordia y paz" han sido sus palabras, cuando Juan Pablo II lo llamó y le dijo que lo enviaba a Camerún. Son también las palabras que san Pablo repetía en algunas de sus cartas (cf. Gal 6, 16; 1Tim 1, 2; 2Tim 1, 2). "Cuando en la vida uno está llamado a algo importante y comprometedor -- ha dicho Mons. Ariotti - pide misericordia, porque piensa no ser digno de esto o no estar a la altura de la tarea; pide también la paz; una paz que lo acompañe siempre". Estas son las palabras que ha querido traer en su escudo episcopal; escudo que ha podido admirar, reproducido en todos sus detalles, en la alfombra de flores puesta delante del altar.
Subrayando que la cruz del Señor es el único camino de salvación, el Nuncio Apostólico ha hablado de Jesús, de su actualidad en el mundo de hoy, del sentido profundo del sufrimiento y del dolor, que deben ser vividos no en sí, sino para engendrar la vida. La cruz es el símbolo del cristiano, porque es la vida misma de Jesús, y nosotros tenemos que poner cotidianamente nuestra vida bajo la señal de la cruz.
Haciendo referencia a su experiencia en Camerún, Mons. Ariotti ha contado que un día, un muchacho camerunés, joven seminarista que él no conocía, fue a visitarlo, no para pedir dinero o algo de comer, como hacen tantos pobres presentándose a la puerta de la Nunciatura, sino una pequeña cruz. Pocos días después supo que aquel muchacho había fallecido, fulminado por un paludismo cerebral. Llevaba aquella pequeña cruz que había deseado y pedido, y que lo había acompañado en su vivir y en su sufrir. De la fidelidad a la cruz de Jesús que cada día nos es entregada, depende nuestra vida, y es esta fidelidad la que engendra vida y gozo profundo.
El gozo y la alegría tienen que resplandecer en el rostro de los cristianos. Se puede estar preocupados, pero no tristes: "Los cristianos son personas alegres, porque tienen el gozo de la salvación", nos ha recordado Mons. Ariotti.
La historia, hoy más que nunca, es historia de Dios, y nuestra historia es la de ser sus hijos. No es fácil, observaba el Nuncio, pero, el camino para transformarse en esto está ya trazado, el mismo Jesucristo nos lo ha indicado: renunciar a sí mismo, tomar la propia cruz, la que el Señor nos da y no la que nos escogemos nosotros, y seguirlo en la fidelidad hasta el fin.
Con este mensaje, al término de la celebración, el Nuncio Apostólico ha saludado personalmente a muchos fieles, que se han acercado para agradecerlo por su visita. Con sencillez y afabilidad ha sabido entrar en el corazón de los presentes y de nuestra parroquia.
Emanuela Furlanetto
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Las impresiones
Juana Antonia Gaona de Cáceres
El día de la visita del Nuncio Apostólico ha sido, para nuestra parroquia, un momento bendecido por Dios. Con el silencio, el orden, los adornos, la procesión de entrada en la iglesia con los numerosos monaguillos y las muchachitas del grupo litúrgico, que parecían más radiantes de lo acostumbrado, se podía tocar la belleza de la liturgia.
Todo me ha emocionado mucho. Me ha impresionado particularmente el relato que Mons. Ariotti ha hecho de sus orígenes campesinas, describiendo poco a poco los detalles presentes en su escudo episcopal, que habíamos hecho reproducir en su honor, con una alfombra de nuestras flores, como signo de bienvenida.
Nosotros, los colaboradores de la parroquia, en la vigilia de la visita del Nuncio estábamos preocupados por la preparación. Hemos trabajado mucho para predisponerlo y organizarlo todo, pero, con mucha satisfacción y sin sentir la fatiga, porque el domingo, al término de la Eucaristía con el Nuncio, hemos recogido el fruto más lindo. Verdaderamente ha sido como si el Santo Padre nos hubiese visitado y bendecido. Yo miraba a la gran imagen de Benedicto XVI que habíamos puesto en la iglesia, y miraba a su representante que nos lo ha hecho sentir tan cercano.
Su hablar simple y afable ha alcanzado a toda la numerosa asamblea presente. Él nos ha hecho reflexionar cuando, en su homilía, nos ha dicho que el sufrimiento es una realidad imprescindible para el hombre: no se obtiene nada sin el dolor, sin tomar la propia cruz y seguir las huellas de Jesús. Yo pensaba en nuestra vida: somos pequeños agricultores y la nuestra ha sido una vida sacrificada, siempre con algún obstáculo que superar.
Sin embargo, el mensaje de Jesús es el mismo para todos: si queremos estar con él, tenemos que tomar cada uno nuestra cruz y seguirlo. El Nuncio nos ha animado en este sentido, y nos ha dado la oportunidad de compartir con él su vida y de sentirlo cercano, partícipe de nuestra vida.
Ha sido un momento importante para nuestra parroquia. Y esto gracias a la presencia de la Comunidad Redemptor hominis aquí en Ypacaraí y sobre todo de Emilio. A él le debemos mucho, porque por medio de él hemos tenido también esta posibilidad de encontrar a Mons. Ariotti y de vivir estos momentos de alegría.
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Andrés Benítez Cáceres
La presencia del Nuncio Apostólico, aquí en nuestra parroquia, me ha hecho experimentar la presencia misma de Dios entre nosotros.
Es notable como una persona tan humana pueda provocar en los demás esta experiencia de paz, de gozo profundo, y hacernos sentir como si se estuviese realmente en presencia de Dios
Me ha impresionado su humildad y su gran apertura. Creo que todos los fieles presentes han sido golpeados favorablemente por estos aspectos de su persona, manifestados en el acercarse a cada uno, en el hablar y en el saludar con simplicidad.
Ha sabido ganarse la apreciación y la simpatía de todos, también con alguna alusión a la Albirroja, la nacional paraguaya de fútbol, que, en aquella mañana, en Sudáfrica, en los campeonatos mundiales, había jugado y ganado su partido. También esto ha mostrado su apertura y gran afabilidad.
En su homilía, luego, Mons. Ariotti ha querido valorizar y apreciar la alfombra de flores, que dibujaba su escudo episcopal. Puesto que había quedado impresionado por la auténtica obra de arte realizada por un nuestro artista local, el señor Lino Careaga, ha querido explicar el significado de cada símbolo presente en su escudo. Así hemos aprendido que la pequeña casa y el arado que están impresos en él representan sus humiles orígenes en el pequeño país de Italia, donde ha nacido de una familia que trabajaba la tierra. Él, luego, ha recibido el don de ser escogido por Dios para desarrollar un empeño grande, que nos ha manifestado comunicándonos que el Papa lo había llamado, en un momento importante de su vida, para confiarle el ministerio de Nuncio Apostólico y representarlo en medio de los pueblos de la tierra. Él respondió con las palabras "misericordia y paz", que ha querido poner en su escudo.
Su presencia en Ypacaraí ha sido una gran bendición y nosotros lo hemos acogido en la celebración eucarística, de la cual, como Emilio nos ha enseñado y hecho comprender, hemos participado en el silencio, en el recogimiento y en la atención, para vivir profundamente su belleza.
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El Nuncio Apostólico es el representante diplomático permanente de la Santa Sede ante un Estado o una organización internacional, o bien el jefe de la misión diplomática. Además de cuidar de las relaciones diplomáticas entre la Santa Sede y el Estado en el que actúa, el Nuncio representa a la Santa Sede ante la Iglesia local y desarrolla, pues, también funciones internas al ordenamiento canónico.
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El blasón episcopal es normalmente constituido por un escudo que comprende, en su interior, símbolos referentes a características e ideales del Obispo, particulares devociones, orígenes geográficos y experiencias culturales de formación, referencias a la familia o al propio nombre.
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04/08/2010
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