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YPACARAÍ: UN NUEVO GRUPO DE

MONAGUILLOS Y LITURGISTAS



Domingo 30 de octubre, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, un nuevo grupo de 18 chiquitos, entre monaguillos y niñas liturgistas, acompañados por sus padres, ha recibido el propio elemento distintivo, para empezar el servicio al altar del Señor: ellos, la vestidura sagrada, ellas, un fular especial.

Cada uno de estos niños y niñas ha cumplido su itinerario de formación, con fidelidad y puntualidad. Se ha preparado durante todo el año, cambiando en tantos pequeños aspectos de su vida, superando las dificultades, sufriendo y luchando, y todos han llegado a este día para recibir algo que no es un don cualquiera.

La vestidura sagrada y el fular son el signo del servicio litúrgico al altar del Señor, e indican la diferencia entre lo sagrado y lo profano. La liturgia, en efecto, es algo sagrado que le pertenece a Dios, y que irrumpe y se manifiesta en nuestra historia. Por eso, debemos saber hacer la diferencia, y dar a estos niños y niñas la compresión profunda de su empeño de monaguillos y liturgistas.

 La vestidura sagrada y el fular que han recibido denotan, en particular, esta diferencia y determina su servicio como monaguillos y liturgistas, en calidad de ministrantes de la liturgia.

De su parte, los padres, quienes, con su sacrificio, paciencia y fidelidad, los han acompañado hasta este punto y han visto su felicidad y su orgullo en ponerse la vestidura sagrada y el fular, no deben tener miedo de defender esta felicidad suya, la pureza y la belleza que han visto transparentar en los ojos de sus hijos.

La vida de estos niños y niñas, en efecto, no les pertenece a ellos, como tampoco les pertenece a los padres, sino que solo Dios es el señor y propietario de la vida de cada uno. Por esto, los padres, como administradores de la vida de sus hijos, que el Señor les ha confiado, tienen que saber hablar en nombre de Dios, hasta que estos niños y niñas sean capaces de administrar por sí mismos la propia vida, con las propias capacidades espirituales, con inteligencia, libertad y responsabilidad.

En este sentido, los padres o quienes, en familia, acompañan en la vida diaria a estos monaguillos y a estas liturgistas, serán verdaderos padres, maestros y guías, no por un hecho biológico, sino porque no tendrán miedo de defender la felicidad de sus niños y niñas contra todo y todos, también contra ellos mismos, cuando pretendan la satisfacción de cada capricho que les pase por su cabeza.

Uno solo es Padre, Maestro y Guía

Con referencia al Evangelio que la liturgia nos ha ofrecido en este día (Mt 23, 1-12), Emilio ha subrayado que todos somos hermanos, porque tenemos un solo Padre, Dios, y un solo Maestro y Guía, Jesucristo. En efecto, no se puede llamar padre a uno  cualquiera, porque el verdadero padre es el que se dona, sufre, lucha y combate. El padre es la persona que acoge y sigue noche y día a su hijo, que lo ama, piensa siempre en él y no lo abandona.

De la misma manera, uno no se vuelve "padre" solo porque sale del seminario y, después de haber terminado los estudios teológicos necesarios, ha sido ordenado sacerdote; ni por el hecho de haber engendrado biológicamente a un hijo. El título de padre se conquista durante toda la vida, transformándose, día tras día, en una persona que ama, que acoge, que enseña a amar y que, por esto, es verdadero maestro de amor.

Lo que cuenta, que es importante y da el sentido de la libertad, no es, por tanto, el hecho de haber conocido al propio padre biológico, cuanto el de reconocer, como padre o madre, a la persona que nos ha acogido, amado y ha sufrido por nosotros con el mismo corazón de Dios

El Evangelio invita a superar la ley de la sangre y de la carne, para llegar a ser todos hijos de la gracia, del amor, de la libertad, y a reconocer que uno solo es el Padre celeste, quien, a pesar de que somos personas diferentes por edad, nacimiento, raza y cultura, nos hace hermanos a todos, eliminando cualquier complejo de inferioridad o superioridad, y nos transforma en personas libres.

Por tanto, los padres o quienes acompañen a estos niños y niñas, tienen la tarea de enseñarles a descubrir que Dios nos ha reconocido y amado primero, haciéndonos sus hijos; sigamos, por tanto, la ley de la libertad, porque hemos descubierto que Dios es el único Padre, Maestro y Guía.

 No es, en efecto, un título académico el que hace a uno "guía", sino que es un verdadero guía capaz de conducir a los otros solo quien ama, es humilde y acepta la lección de la verdad.

Comprender esto, significa amar a estos niños y niñas; luego, quien ama es fuerte, dulce, paciente, pero también exigente, porque sabe que Dios, quien ha derramado la sangre de su Hijo por ellos, no quiere el fracaso de su vida, ni que tomen un camino equivocado a causa de nuestra irresponsabilidad. Dios, al contrario, desea que sean felices y que, por medio del sacrificio y del acompañamiento de sus padres, puedan crecer y progresar, para asumir en sus propias manos el propio futuro.

En esto encontramos el sentido auténtico de la celebración de la entrega de la vestidura sagrada y del fular: por un lado, Dios pedirá cuenta de cómo hemos administrado lo que Él mismo nos ha confiado; por el otro, nunca tenemos que olvidar que la vida de cada uno de estos niños y niñas ha costado, de veras, la sangre de Jesucristo, y que nadie puede jugar con la sangre del Hijo de Dios.

(a cargo de Emanuela Furlanetto)

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


Emanuela Furlanetto, miembro de la Comunidad Redemptor hominis, ha obtenido la licenciatura en Sociología en la Universidad de Roma "La Sapienza", perteneciente al Estado. Ha conseguido el doctorado en Ciencias Sociales en la Pontificia Universidad Gregoriana, con una tesis en Doctrina Social de la Iglesia sobre El trabajo en las enseñanzas de Juan Pablo II. Ha recibido el diploma en Ciencias Religiosas, con especialización pedagógico-didáctica, en el Instituto de Ciencias Religiosas "Mons. Leone Tondelli" de Reggio Emilia (Italia).
Ha enseñado, por varios años, Religión Católica, en algunos Institutos escolares de Sassuolo (MO), Diócesis de Reggio Emilia. Después de algunos años de actividad en Camerún, actualmente trabaja en el Paraguay, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí, que pertenece a la Diócesis de San Lorenzo, y en el Centro de Estudios Redemptor hominis.


10/11/2011




 
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