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Apuntes de Espiritualidad/25


CRISTO REY… DE LA VERDAD


¿Cómo definir la verdad?
En el lenguaje corriente y en la mentalidad de nuestro tiempo, es verdad lo que está conforme con la realidad, y como tal se revela a nuestra inteligencia.

La noción bíblica de verdad es notablemente diversa, porque se funda en Dios y se refiere a Él, aunque tiene varias acentuaciones.

En el Antiguo Testamento la verdad indica principalmente la fidelidad a la Alianza, mientras que en el Nuevo Testamento significa sobre todo la plenitud de la revelación, que tiene como centro a Cristo.

El Antiguo Testamento atestigua: Dios es fuente de toda verdad. Su ley es verdad. Su 'fidelidad dura de edad en edad'. Puesto que Dios es el 'Veraz', los miembros de su pueblo son llamados a vivir en la verdad. En el Nuevo Testamento la verdad de Dios se ha manifestado enteramente en Jesucristo[1].

Al apóstol Tomás, que hizo a Jesús la siguiente pregunta: "Señor, nosotros no sabemos adónde vas; ¿cómo vamos a conocer el camino?", Jesús contestó: "Yo soy el Camino, la Verdad, y la Vida" (Jn 14, 5-6).


La verdad no es nuestra creación

Para el cristiano, por lo tanto, la verdad es una persona: Jesús. Los cristianos son los que, atraídos por la palabra del Maestro, se alimentan de ella y la anuncian con confianza. Y así se trasforman en colaboradores de Cristo, Camino, Verdad y Vida.

El entonces Card. Ratzinger escribió que, en Jesucristo, el Dios verdadero se nos ha manifestado y nos ha donado la verdad: Dios quiere la salvación de todos y nos quiere al servicio de la salvación, exactamente como lámparas de la verdad. La verdad donada a nosotros no es nuestra creación. No podemos jactarnos de ella. Pero, tampoco nos está permitido esconderla por falsa modestia. Robamos al mundo, por decirlo así, la más importante materia prima de la que tiene necesidad para vivir, cuando, angustiados, enterramos la verdad, como hizo aquel servidor del que habla el Evangelio, que ocultó su talento en lugar de hacerlo fructificar[2].


Verdad e hipocresía

El filósofo Pascal decía que la más grande verdad cristiana es el amor a la verdad.

Nosotros los cristianos, muchas veces, somos los primeros en no tener el amor a la verdad. Nos ilusionamos con que la amamos, pero, en el fondo, el nuestro es solo un amor de apariencia, que no abraza la verdad toda entera, sino solo las partes que a nosotros más nos agradan.

También en las comunidades religiosas, a menudo, evitamos la verdad de Jesús; nos hacemos los tontos para no entenderla; hacemos oídos de mercader para no escucharla, porque la juzgamos demasiado dura, la consideramos demasiado fuerte, demasiado amarga y, entonces, la sustituimos con tantas nuestras verdades light, que endulzamos según el gusto de nuestro paladar.Blaise Pascal

La verdad de Jesús, en cambio, nos desencola de nuestras sillas; nos molesta en nuestras costumbres; vuelca nuestros criterios; no se adapta a nuestros pensamientos y, por eso, preferimos enterrarla, para evitar que juzgue nuestras acciones; nos ponga al descubierto frente a nuestra responsabilidad; no nos deje tranquilos en nuestro sueño; nos pida cuentas del porqué nosotros la sustituimos tan fácilmente con una media verdad o con la mentira o la hipocresía. Y así nuestro hablar se vuelve tibio, no es ni sí ni no. A sus discípulos Jesús les enseña el amor incondicional a la verdad: "Digan sí cuando es sí, y no cuando es no" (Mt 5, 37).

Pascal dice: "Los tibios son personas que conocen la verdad, pero la sostienen solo hasta que coincida con su interés; si no la abandonan"[3]. También nosotros, muchas veces, asumimos una actitud de aceptación de la verdad hasta cuando coincida con nuestras verdades, de lo contrario la abandonamos. Entonces nos volvemos como aquellos hipócritas que señalan a los demás cosas que hacer y vivir, que nosotros mismos no hacemos y no vivimos.

Somos como aquel hombre que, cuando el amigo lo solicite de nuevo para que vuelva al recto camino de la verdad, lo mira y le responde: "El camino de la vida y la verdad es el que yo primero te he indicado; tú haces bien, continúa practicándolo, pero yo sigo otro". Esta es la actitud que a menudo nosotros los cristianos asumimos. Deseamos ser maestros de la verdad para los demás, pero no queremos testimoniarla con nuestra vida.


Testigos de la verdad

El papa Pablo VI recuerda que el hombre contemporáneo "escucha con más gusto a los testigos que a los maestros, o si escucha a los maestros lo hace porque son testigos". Por tanto, o somos maestros que testimonian con la propia vida la verdad o somos hipócritas, que con la mentira engañan a sí mismos y a los demás.

El papa Benedicto XVI vuelve a llamar a la autenticidad de vida en la verdad. Estar sumergidos en la verdad significa, para nosotros, también aceptar el carácter exigente de la verdad; contraponerse, en las cosas grandes como en las pequeñas, a la mentira, que de manera tan diferente está presente en el mundo; aceptar la fatiga de la verdad, para que el gozo más profundo esté presente en nosotros. Sin olvidar que, en Jesucristo, verdad y amor son una misma cosa[4].

Esto quiere decir que el amor auténtico puede existir solo en la verdad. Solamente viviendo en la verdad amamos como Jesús ha amado a cada uno de nosotros. La primera forma de la caridad es siempre la verdad, aunque cuesta tanto escucharla como proclamarla. "Solo en la verdad resplandece la caridad y puede ser vivida auténticamente. La verdad es luz que da sentido y valor a la caridad"[5].

Cristo no es el Rey de tronos y poderes, sino de la Verdad, a quien el Padre ha enviado a nosotros para salvarnos. "La Verdad que juzga al hombre ha tomado ella misma la iniciativa de salvarlo. Ella misma le ha creado una nueva verdad. Como amor, ella misma ha tomado su lugar y le ha donado una verdad de tipo particular: la verdad de ser amado por la Verdad"[6].

Irene Iovine



[1] Cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 2465-2466.
[2] Cf. J. Ratzinger/Benedetto XVI, 365 giorni con il Papa. Collaboratori della verità. A cura di suor I. Grassl, Edizioni San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 2006, 478-479.
[3] B. Pascal, Pensieri. E altri scritti di e su Pascal, Edizioni Paoline, Cinisello Balsamo (MI) 1986, 326.
[4] Cf. Benedicto XVI, Solemne Misa Crismal, 9 de abril de 2009, en www.vatican.va
[5] Caritas in veritate, 3.
[6] J. Ratzinger/Benedetto XVI, 365 giorni con il Papa..., 489.




01/01/2010
 
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