Apuntes de Espiritualidad/9
La oración: de solo a solo
En la vida del cristiano la oración ocupa un lugar central.
Pero, no puede estar desconectada de la vida cotidiana, tanto que podemos afirmar que se reza como se vive. Por lo tanto, no podemos hacer de la oración una abstracción de nuestro comportamiento durante el día y de cómo este día está organizado.
La oración no puede estar confinada en un lugar abstracto, que no comunica con todos los demás momentos de nuestra vida. Por eso, la oración, comunitaria y personal, aunque se mueva en algunas normas de fondo, que se han afirmado en el curso de una historia, siempre resiente de la espiritualidad y el empeño de cada uno, si quiere ser oración viva y no cumplimiento pasivo de un precepto o un reglamento. No existe, en efecto, una oración comunitaria o personal, fuera de la realidad de las personas individuales y del momento de gracia, tibieza o pecado, que viven en los varios momentos de su vida.
El hombre, un ser relacionado
El hombre está hecho para amar y ser amado. Se realiza a sí mismo cuando es conocido y querido en la desnudez no disfrazada de su yo; cuando es conocido y querido por lo que es, y no por lo que tiene o finge tener. El hombre que se esconde, se disfraza, tiene miedo de ser rechazado por lo que es, se transforma en un individuo que no conocerá nunca qué es el amor. El ser humano no encuentra su alegría en la soledad de su yo, sino en el encuentro auténtico de este yo con el yo del otro. Es en la relación yo-tú en la que el hombre se realiza.
Ya que cada uno de nosotros tiene en su corazón un hambre y una sed infinitas de un Tú que lo piensa; de un Tú que lo busca; de un Tú que lo comprende; de un Tú que lo perdona; de un Tú que lo cubre y protege; de un Tú que sueña con él y lo lleva cada vez más para arriba; de un Tú que no muere y sabe ir siempre más allá del dolor, de la separación, del luto, de la derrota, de la muerte; entonces justo por todo eso y otras cosas más, por esta sed y hambre infinitas que están en el corazón de cada uno de nosotros, podemos decir que solo Dios es el auténtico Tú de cada hombre.
La oración es, pues, el acto máximo del hombre, porque en la oración el yo del hombre encuentra al Tú de Dios. Pero, este encuentro no es algo mágico; no es un encuentro separado del resto de la vida.
La oración: de solo a solo
El campesino de Ars, en los tiempos de su santo Cura, a quien le preguntaba qué hacía permaneciendo tanto tiempo delante del Tabernáculo, contestaba: "Yo miro al buen Dios y el buen Dios me mira...."[1]. ¡Cuántas veces a nosotros nos falta esta capacidad de mirar y de dejarnos mirar! No tenemos tiempo para pararnos a mirarLo y no queremos que Él nos mire.
Hablando de la oración, santa Teresa de Ávila nos da esta linda definición: "La oración mental, para mí, no es sino una íntima relación de amistad, un frecuente entretenerse de solo a solo con Aquel, que sabemos que nos quiere"[2].
La oración es un estar de solo a solo. Es la capacidad de saber permanecer en esta soledad frente a su Soledad. Cuando todos abandonan; cuando todos traicionan; cuando todos reniegan; cuando todos se duermen; cuando Él permanece solo y también nosotros permanecemos completamente solos, en aquel momento, solo en aquel momento, se verá si nuestra oración es realmente auténtica.
La oración es relación de amistad. Recordemos las palabras de Jesús: "Ya no les llamo servidores, porque un servidor no sabe lo que hace su patrón. Los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que aprendí de mi Padre" (Jn 15, 15). En la relación de amistad, por tanto, hay comunicación, aceptación, conocimiento. La amistad exige la frecuentación. Los amigos quieren estar juntos. No tienen horario. No tienen días fijados. El amigo encuentra su alegría en oír la voz del amigo, en quedar en silencio junto al amigo, en hacer las cosas junto con él[3].
El papa Benedicto XVI nos recuerda: "La verdadera oración es el motor del mundo, porque lo tiene abierto a Dios. Por eso, sin oración no hay esperanza, sino solo espejismos. En efecto, no es la presencia de Dios lo que aliena al hombre, sino su ausencia: sin el verdadero Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, las esperanzas se transforman en espejismos, que llevan a evadirse de la realidad. En cambio, hablar con Dios, permanecer en su presencia, dejarse iluminar y purificar por su palabra, nos introduce en el corazón de la realidad, en el íntimo Motor del devenir cósmico; por decirlo así, nos introduce en el corazón palpitante del universo"[4].
Irene Iovine
18/03/08
[1] F. Trochu, Le curé d'Ars. Saint Jean-Marie-Baptiste Vianney 1786-1859, Librairie Catholique Emmanuel Vitte, Lyon-Paris 1927, 224.
[2] Santa Teresa di Gesù, Vita di Teresa di Gesù, in Opere, VIII, 5, Postulazione Generale O.C.D, Roma 1969, 95.
[3] Cfr. E. Grasso, Très chers amis... Thèmes choisis de spiritualité, Centre d'Études Redemptor hominis, Mbalmayo 2000, 131-136.
[4] Benedicto XVI, Homilía, Miercoles de Ceniza, 6 de febrero de 2008.
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