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Conocer la vida consagrada/1


¿Por qué la vida consagrada?


Es una pregunta que, de manera implícita o explícita, nos hacen, a menudo, personas jóvenes y adultas a las que encontramos cada día. De ella queremos partir para inaugurar esta sección para nuestros lectores, con el fin de hacer comprender los fundamentos de esta vida, y expresar su sentido fundamental en la Iglesia y en el mundo actual.Exhortación apostólica postsinodal Vita consecrata

¿Por qué, pues, abrazar la vida religiosa o, más exactamente, en su acepción más amplia, la vida consagrada? ¿Por qué esta elección de vida, en un mundo donde hay tantas urgencias en el campo de los derechos humanos, de la cultura, de la evangelización, de la caridad, a las cuales se puede responder sin asumir los compromisos tan exigentes de la vida consagrada, como el de renunciar a formarse su propia familia, a programar su propia carrera o a seguir tantos otros proyectos personales? Esta elección ¿no representa, en el fondo, un "despilfarro" de energías humanas, que podrían ser utilizadas con más racionalidad y eficiencia y para un mayor provecho de la humanidad?[1]

Al contestar a tales interrogantes estamos confrontados, ante todo, con nuestra misma experiencia, la de personas consagradas en la Comunidad Redemptor hominis, y vemos la importancia de definir los comportamientos esenciales que califican el sentido de nuestra identidad en la Iglesia y de nuestra presencia misionera.

A la búsqueda de Aquel al que se ha encontrado

La vida consagrada es una realidad que no existe, sino en tantos modelos concretos (personales y comunitarios); se encarna en muchos proyectos evangélicos, en diferentes formas históricas organizadas en institutos, comunidades, sociedades o asociaciones que, en su riqueza y diversidad, han edificado a la Iglesia de todos los tiempos.

Los fieles que viven en estas múltiples formas están unidos por su camino que sigue las huellas de la existencia terrena de Cristo pobre, obediente, casto, en la totalidad de su amor al Padre y a los hombres; una secuela realizada a través de la mediación de hombres y de mujeres, fundadores de comunidades de vida evangélica, de muchos institutos a los cuales han transmitido su experiencia del Espíritu.

La vida consagrada no es, ante todo, un programa de vida. Antes de expresarse en instituciones con obras que realizar y normas que seguir, esta constituye una "búsqueda"; es la búsqueda prioritaria de Aquel al que, de alguna manera, ya se ha encontrado y que se quiere seguir buscando[2]. Es un paradigma de búsqueda[3], un terreno de crecimiento, para hacer la experiencia de la presencia de Dios y de su acción en la historia.

Por lo tanto, se entendería incorrectamente el sentido de la vida consagrada, si se considerara su realidad simplemente en función de otras perspectivas, ya sean pastorales, apostólicas, ministeriales o con vistas a servicios que realizar.

Sería una vez más desviador apreciarla a partir de preocupaciones de orden humanitario, moral; de su implicación en lo social; de su compromiso en la cultura; de tantas actividades desarrolladas, también importantes, como las que los religiosos de todas las épocas han realizado al servicio de los hombres de su tiempo. Estas actividades, por sí mismas, no representan el "propio" de la vida consagrada, sino que pertenecen a la responsabilidad de todos los fieles y de la comunidad cristiana en su totalidad.

Por supuesto, con esto no queremos teorizar el desinterés de quienes viven en las comunidades de vida consagrada; por el contrario, queremos recordar las verdaderas raíces de su compromiso. Este es un discurso importante, sobre todo para los que, como nosotros, actúan en tierras de misión. Aquí, en efecto, las grandes necesidades humanas, culturales, sociales o pastorales con las que nos confrontamos cotidianamente, amenazan con hacernos olvidar el "proprium" de los consagrados, reduciéndonos, a menudo, a realizar funciones supletorias de distintos tipos.

¿Un despilfarro inútil?

Para responder a la pregunta "¿por qué la vida consagrada?", la exhortación apostólica Vita consecrata de Juan Pablo II evoca el episodio evangélico de la unción de Betania. Judas, frente al derroche del perfume muy caro derramado por María sobre los pies del Señor protesta en nombre de los pobres[4].

Si la reacción de Judas en nombre de los pobres es solo un pretexto, es verdad también que muchas personas, de buena fe, protestarían también hoy de la misma manera, reclamando utilizar mejor el valor económico de aquel perfume. ¿Para qué derramarlo de aquella manera en lugar de venderlo, para sacar provecho? ¿Para que "despilfarrar" la propia vida, "derramándola" por amor del Señor, en lugar de calcular mejor y racionalizar las propias energías en provecho de la sociedad?

El perfume derramado en Betania parece a muchos como un despilfarro inútil. Y el gesto de María sería efectivamente una ofensa a los pobres, si el perfume no fuera derramado sobre los pies del Señor, como afirmación incondicionada y sin cálculo de amor a Él y, en Él, a todos los pobres, porque el amor no se divide.

La pregunta "¿por qué la vida consagrada?" se transforma así en ¿"para Quién la vida consagrada?" y nos coloca en una visión distinta de aquella de la utilidad y de los servicios ofrecidos; nos introduce en la categoría del don, de la gratuidad, de la belleza[5].

"Inútil y preciosa"[6], la vida consagrada, en todos los tiempos y en todos los lugares, suscita incomprensión, a veces escándalo, pero también atracción, porque expresa la locura del amor y de una gratuidad sin cálculos.

Silvia Recchi


[1] Cf. Vita consecrata, 104
[2] "Se ingresa, pues, en la Comunidad para buscar a Aquel al que se ha encontrado ya, se ingresa porque en ella y a través de ella se Lo ha encontrado, porque en la Comunidad y a través de ella se Lo puede seguir encontrando", Estatuto de la Comunidad Redemptor hominis, 8.
[3] Es la perspectiva de autores como J. Chittister, Il fuoco sotto la cenere. Spiritualità della vita religiosa qui e adesso, San Paolo, Cinisello Balsamo (MI) 1998.
[4] Cf. Vita consecrata, 104
[5] Términos como "belleza", "bello", con relación a la vida consagrada, se repiten muy a menudo en la exhortación Vita consecrata, cf. n.os 16, 19, 20, 21, 28, 64, 66, 75, 104, 107, 109, 111.
[6] Cf. N. Hausman, va la vie consacrée ? Essai sur son avenir en occident, Lessius Culture et Vérité, Bruxelles 2004, 68.


Silvia Recchi, miembro de la Comunidad Redemptor hominis, después del doctorado en Ciencias Políticas, ha conseguido el doctorado, summa cum laude, en Derecho Canónico por la Pontificia Universidad Gregoriana, con una tesis sobre la vida consagrada.
Enseña en la Universidad Católica de África Central (Yaoundé - Camerún) con el título de Directora emérita del Departamento de Derecho Canónico. Es asesora jurídica de la Conferencia de los Superiores Mayores del Camerún y de la ACERAC (Asociación de las Conferencias Episcopales de África Central). Es representante para África del Consorcio Internacional "Droit Canonique et culture".
Es miembro de la redacción de la revista "Quaderni di diritto ecclesiale" y autora del comentario a los cánones sobre los Institutos de vida consagrada en el Codice di Diritto Canonico Commentato (a cargo de la redacción de "Quaderni di diritto ecclesiale"), Ancora, Milano 2004.
Ha publicado muchos artículos en revistas especializadas de derecho canónico y de vida consagrada.


13/09/08
 
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