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¡Hola, Hugo! ¿Por qué no te callas?


Con todo el respeto debido a un Obispo de la Iglesia Católica, los discursos de Mons. Lugo en Venezuela no tienen nada que pueda ser comparado con una homilía, y tampoco con un discurso de un estadista político, que se encuentra fuera de su nación, y en la vigilia de asumir el máximo cargo institucional en su país. La escucha de la grabación de estos discursos ayuda infinitamente más a entenderlos, que su lectura en los periódicos.

Carlos Peralta, enviado especial de "La Nación", así describe el clima en que habló Mons. Lugo: "En un discurso marcado con un tinte religioso más que ideológico, el presidente de Venezuela,Lugo y Chávez en el Palacio Miraflores Hugo Chávez, recibió ayer con todos los honores de un Jefe de Estado al mandatario electo Fernando Lugo, y lo calificó de ‘cura y Obispo de los pobres', durante el encuentro que mantuvieron ambos en el Palacio Miraflores, sede del Gobierno de Venezuela. En la oportunidad, Chávez lo trató prácticamente como un Mesías, señalándole como un salvador para ayudar al renacimiento de los pueblos. ‘Tú has venido para ayudar al parto de lo nuevo, al parto del hombre, del reino que Cristo anunciaba hace 2000 años, el reino de la justicia, de la igualdad, del amor; este corazón guerrillero venezolano te dice bienvenido, presidente, padre, hermano', expresó Chávez durante la ceremonia de recibimiento"[1].

La predicación del Reino

Por su parte, Mons. Lugo afirmó:

"En el Evangelio de Jesús y en el centro del Evangelio de Jesús, hay la predicación del reino; un reino, como solemos decir los teólogos, que es ya y todavía no, o sea, que ya ha comenzado aquí, pero todavía no ha llegado a su plenitud.

Creo que la revolución venezolana es ya y todavía no: ha comenzado, pero no ha llegado a su plenitud y es el gran desafío de los venezolanos de construir esta revolución hasta el final.

Este reino no es el reino para después de la muerte. ¿De qué nos sirve a nosotros el reino después de la muerte? Es aquí y ahora; lo debemos construir todos juntos.

Por eso, para nosotros en la diócesis de San Pedro del Ycuámandyyú, el referente, el mojón, que teníamos que mirar siempre era la predicación de Jesús y su reino de paz, de justicia, de equidad, de solidaridad y de verdad. Sin estos pilares, es muy difícil construir una nueva sociedad.

Por eso, me alegra compartir con ustedes y venir aquí en esta visita para invitarlo a Hugo también a que asista, el 15 de agosto, cuando vamos a asumir la presidencia de la República Independiente del Paraguay.

Y este reino, como decía, que ya es y todavía no, que ya ha comenzado y lo estamos comenzando, pero tenemos que continuar, como dice Pablo: uno es el que siembra, otro, el que riega y, posiblemente, otros lo cosecharán, después, en su plenitud.

Gracias de nuevo por esta oportunidad de saludarles a ustedes y, sobre todo, de decir que este reino que hemos comenzado ya no lo dejaremos atrás. Como decíamos con Correa, en Ecuador, de aquí solamente para adelante. No hay que ir para atrás, ni siquiera para tomar fuerza. ¡Adelante Venezuela, adelante América Latina!"[2].

Cuando uno es creyente (y se supone que un Obispo es un creyente), se deben aceptar como "tesis contrarias a la fe católica las que niegan la unicidad de la relación que Cristo y la Iglesia tienen con el Reino de Dios"[3].

Ahora bien, es verdad que "el Reino de Dios tiene, en efecto, una dimensión escatológica: es una realidad presente en el tiempo, pero su definitiva realización llegará con el fin y el cumplimiento de la historia"[4].

Se trata de las dos dimensiones del ya y del todavía no, que introdujo en la reflexión exegético-teológica Oscar Cullmann, en su obra fundamental Cristo y el tiempo.

¿Dónde están Jesucristo y su Iglesia?

En la doctrina del magisterio católico "al considerar la relación entre Reino de Dios, Reino de Cristo e Iglesia es necesario, de todas maneras, evitar acentuaciones unilaterales, como en el caso de determinadas concepciones que intencionadamente ponen el acento sobre el Reino y se presentan como ‘reinocéntricas', las cuales dan relieve a la imagen de una Iglesia que no piensa en sí misma, sino que se dedica a testimoniar y servir al Reino. Es una ‘Iglesia para los demás' - se dice - como ‘Cristo es el hombre para los demás'... Junto a unos aspectos positivos, estas concepciones manifiestan a menudo otros negativos. Ante todo, dejan en silencio a Cristo: El Reino del que hablan se basa en un ‘teocentrismo', porque Cristo - dicen - no puede ser comprendido por quien no profesa la fe cristiana, mientras que pueblos, culturas y religiones diversas pueden coincidir en la única realidad divina, cualquiera que sea su nombre. Por el mismo motivo, conceden privilegio al misterio de la creación, que se refleja en la diversidad de culturas y creencias, pero no dicen nada sobre el misterio de la redención. Además el Reino, tal como lo entienden, termina por marginar o menospreciar a la Iglesia, como reacción a un supuesto ‘eclesiocentrismo' del pasado y porque consideran a la Iglesia misma solo un signo, por lo demás no exento de ambigüedad"[5].

Esta ambigüedad, confusión y mezcla se encuentran en los discursos de Mons. Lugo, en Venezuela. En efecto, él olvida, y para un Obispo esto es muy grave, que "el Reino de Dios que conocemos por la Revelación, no puede ser separado ni de Cristo ni de la Iglesia... Si se separa el Reino de la persona de Jesús, no es este ya el Reino de Dios revelado por Él, y se termina por distorsionar tanto el significado del Reino - que corre el riesgo de transformarse en un objetivo puramente humano e ideológico - como la identidad de Cristo, que no aparece como el Señor, al cual debe someterse todo (cf. 1 Co 15, 27); asimismo, el Reino no puede ser separado de la Iglesia. Ciertamente, esta no es un fin en sí misma, ya que está ordenada al Reino de Dios, del cual es germen, signo e instrumento. Sin embargo, a la vez que se distingue de Cristo y del Reino, está indisolublemente unida a ambos"[6].

Ahora bien, la pregunta que sería interesante que los Obispos hermanos de la Conferencia Episcopal del Paraguay hiciesen al Obispo Mons. Lugo es: ¿de cuál reino (o Reino) ha hablado él, en sus discursos en Venezuela?

Es una cuestión de fe, sobre la cual los Obispos no pueden callarse.

De la lectura de los periódicos, parece que Mons. Lugo identifica este Reino con la revolución chavista.

No sé si lo que encuentro en los periódicos en cuestión son o no son las verdaderas palabras pronunciadas por Mons. Lugo. He hecho un cotejo con la grabación, de la que he hablado al principio, y parece que son precisamente las mismas.

En todo el contexto del discurso escuchado, estas palabras pronunciadas por un Obispo son inquietantes, y producen una gran confusión en el pueblo. Cuando se lee: "El gran desafío de los venezolanos es construir esta revolución hasta el final" y: "Este reino que hemos comenzado no lo dejaremos atrás. De aquí, solo para adelante, para atrás ni para tomar fuerza. ¡Adelante Venezuela, adelante América Latina!"[7], nace, lógicamente, la pregunta si este Reino que hay que realizar está en íntima conexión con la revolución bolivariana y con su Señor, Hugo Chávez.

Un mínimo de autoironía

La mezcla y confusión entre realidades que debemos tener bien distintas (no hablo de separación) siempre me han molestado y siguen molestándome. Todo este lenguaje religioso, en un discurso entre estadistas, no me parece correcto. Toda esta "liturgia y canonización" preparan un futuro inquietante para la Iglesia, para el Estado, para la nación, para los pueblos y, sobre todo, para los pobres, que serán los que pagarán el precio más caro.

Se conocen la demagogia y el populismo de Chávez. Pero, al escucharlo pronunciar, dirigiéndose a Mons. Lugo, estas palabras: "Los pueblos resucitan de entre los muertos como resucitó Jesús y nuestros pueblos han resucitado y ahí están buscando salidas al drama de la explotación", porque "Tú estás asumiendo por mandato del pueblo paraguayo y por mandato de la historia"[8], se crea un gran desconcierto en quien razona, cree en el Dios de Jesucristo y de la Iglesia Católica (como se debe presumir de un Obispo), y tiene el sentido de sus límites.

Me habría gustado que Mons. Lugo, escuchando estas palabras, hubiese tenido un mínimo de autoironía, y hubiese repetido las palabras del Rey, Juan Carlos de España, pronunciadas en la clausura de la XVII Cumbre Iberoamericana:¡Hola, Hugo! "¿Por qué no te callas?".

Emilio Grasso



[1] C. Peralta, Chávez recibe a Lugo como el enviado para instalar el reino de la justicia, en "La Nación" (19 de junio de 2008) 6.
[2] Transcripción de la grabación transmitida por Radio 1000 el 23 de junio de 2008.
[3] Congregación para la Doctrina de la Fe, Declaración Dominus Iesus sobre la unicidad y la universalidad salvífica de Jesucristo y de la Iglesia (6 de agosto de 2000), 19.
[4] Dominus Iesus, 18.
[5] Dominus Iesus, 19.
[6] Dominus Iesus, 18.
[7] Lugo insta a venezolanos a continuar la revolución, en "Última Hora" (20 de junio de 2008) 5.
[8] Hugo Chávez promete que no le faltará petróleo a Paraguay, en "Última Hora" (20 de junio de 2008) 5.
 
 
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Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis. Realidad eclesial fundada en Roma por el P. Emilio Grasso a finales de los años 60
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