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¡POR FAVOR, NO LLENEMOS INÚTILMENTE NUESTRA BOCA
 
CON EL NOMBRE DE DIOS!


Senador Juan Carlos GalavernaEn “Última Hora” del 17 de febrero de 2008, toda la página 25 está dedicada a una declaración del senador Juan Carlos Galaverna, destacado exponente del Partido Colorado.

El senador, según cuanto refiere “Última Hora”, “descarga la artillería pesada contra la Iglesia cuando mezcla la política con la religión”.

Así se expresó, en propósito, según cuanto refiere “Última Hora”: “Venero y temo a Dios. Aborrezco a la jerarquía eclesiástica, salvo honradas excepciones, y ahora más que nunca cuando el modelo de sacerdote es el delincuente de Fernando Lugo”.

Sobre lo que pienso yo, y especialmente sobre lo que es la posición muy clara de la Iglesia Católica acerca de la relación fe-política, ya he escrito demasiado (
Para profundizar en el tema "fe-política").

No es de esto de lo que ahora me interesa hablar, y tampoco soy yo el que debe defender a Mons. Lugo. Entrando en la cancha, como suele decirse, en contra de la ley de la Iglesia y con un acto de rebeldía a sus leyes que libremente había aceptado, él y solo él debe demostrar su credibilidad y defenderse de cualquier tipo de acusación, sin comprometer mínimamente la posición de la Iglesia, que al máximo nivel ya expresó claramente su posición infligiéndole la pena de la suspensión a divinis (
doc. 1; doc. 2).

Para que no se me interprete mal, repito mi pensamiento: no es de la cuestión de Mons. Lugo de la que quiero hablar y tampoco del juicio del senador Juan Carlos Galaverna sobre la jerarquía eclesial. El senador tiene el derecho de pensar libremente lo que quiere, y tendrá sus buenas razones para decir lo que ha dicho. Además, pienso que cualquier crítica nos puede ayudar a purificarnos, y debemos saber aceptarla humildemente.

Pedir perdón por nuestros errores y purificar nuestra memoria es algo que tenemos que hacer siempre, sin ponernos en un nivel tan alto que nos haga pensar ser intocables.

Por eso, acepto la lección del senador Juan Carlos Galaverna y buscaré, con la ayuda de Dios y de mi Santa Madre Iglesia, ser más merecedor de la dignidad sacerdotal.

Mi intervención se refiere a dos problemas teológicos, y no políticos, tocados por el senador Galaverna.

El primero concierne a la relación entre la gracia de Dios y la libertad del hombre.

Según el senador Galaverna, “Dios nos maneja como títeres y somos unos muñequitos ya que nos mueve con los hilos de su poder inmenso”.

Naturalmente, el senador Galaverna tiene toda la libertad de expresar su pensamiento. Pero, como pastor de la Iglesia, siento el deber de decir, con todo respeto, que esta es su posición, mas ciertamente no es la posición de la Iglesia católica. Y siento este deber pastoral porque, entre otras cosas, el senador Juan Carlos Galaverna tiene su casa en el territorio de mi parroquia.

La Iglesia católica sostiene una posición muy diferente.

Recuerdo solo, como resumen, el n.° 1730 del Catecismo de la Iglesia Católica, que afirma: “Dios ha creado al hombre racional confiriéndole la dignidad de una persona dotada de la iniciativa y del dominio de sus actos. ‘Quiso Dios dejar al hombre en manos de su propia decisión (Si 15, 14), de modo que busque a su Creador sin coacciones y, adhiriéndose a Él, llegue libremente a la plena y feliz perfección’ (GS 17): el hombre es racional, y por ello semejante a Dios; fue creado libre y dueño de sus actos (S. Ireneo, haer. 4, 4, 3)”.

De esto resulta claramente demostrado que la concepción del títere y del muñequito no tieneTitere nada que ver con la visión católica.

Otro punto importante que quiero destacar es lo que el senador Galaverna subraya, al afirmar que “se siente un privilegiado de la vida porque Dios le da un millón de veces más de lo que él merece”.
 
Naturalmente, mi cuestión no es la de saber en qué consiste este “millón de veces más” y cómo se ha logrado.

Mi cuestión es solo y nada más que una cuestión teológica, y no me pertenece a mí entrar en otro campo que no es el mío.

Ahora, sin desarrollar un largo discurso teológico, quiero solo subrayar que el único y gran don de Dios es la cruz del Señor. En propósito, me permito recordar las palabras fundamentales de san Pablo: “Pues el mundo, con su sabiduría, no reconoció a Dios cuando ponía por obra su sabiduría; entonces a Dios le pareció bien salvar a los creyentes con esta locura que predicamos. Mientras los judíos piden milagros y los griegos buscan el saber, nosotros proclamamos a un Mesías crucificado: para los judíos ¡qué escándalo! Y para los griegos ¡qué locura! Pero para los que Dios ha llamado, judíos o griegos, este Mesías es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues las locuras de Dios tienen más sabiduría que los hombres, y la debilidad de Dios es más fuerte que los hombres” (1Cor 1, 21-25).

Yo no sé que entiende el senador Galaverna con la expresión “un millón de veces más”.

Sé, por como lo he conocido, que el senador Galaverna es un hombre de gran inteligencia, y en el profundo de su corazón, cuando y como Dios querrá, él podrá conocer en la cruz del Señor la única sabiduría que nos salva. Todo el resto es polvo y al polvo volverá.

Esto lo digo porque él también es mi hermano en la misma fe católica, que nunca él conmigo ha renegado, y no porque aspiro tomar un poder que no me pertenece y tampoco me interesa. Puedo hablar libremente, porque no aspiro a nada y no contiendo por nada.

Hago una última observación, porque he apreciado en el senador Galaverna un gran amor a la cultura y a la lectura, y me ha conmovido aprender que este amor ha nacido en él en la pobreza de su infancia, por mérito de su padre que lo empujó a leer y estudiar. Y esto, lo repito, me ha conmovido.

Ahora quiero hacer notar que, en su obra fundamental sobre La ética protestante y el espíritu del capitalismo, Max Weber afirma que la certitudo salutis, en el sentido de la reconocibilidad del estado de gracia, debía asumir una importancia del todo predominante, y, dondequiera que se afirmó la doctrina de la predestinación, apareció el problema referente a si había signos ciertos que permitiesen reconocer la pertenencia a los electos. Pues bien, los calvinistas vieron el signo de la certidumbre de la salvación en le éxito mundano en la propia profesión. En esencia, las sectas calvinistas acabaron por encontrar en el éxito temporal, sobre todo en el éxito económico, la prueba de la elección divina.

Cuando el senador Juan Carlos Galaverna “se siente un privilegiado de la vida”, me recuerda el pensamiento de Max Weber.

Repito una vez más: no contesto mínimamente la libertad de pensamiento del senador Galaverna. Digo solo que la suya es una posición más bien calvinista que católica. Luego, cada uno tiene la libertad de profesar la fe en la que cree, y no soy por cierto yo el juez de nadie.

He buscado solo tocar algunos problemas teológicos. El problema político no me pertenece y permanezco fuera de este campo.

Dejemos a cada uno su responsabilidad, y no llenemos inútilmente nuestra boca del nombre de Dios. Hablar demasiado de Dios o en nombre de Dios crea solo confusión.

A la política le pertenece presentar programas claros y no libros de sueños.

A la Iglesia le pertenece indicar los valores del Reino, dejando a la política la capacidad de la mediación y el arte de la realización. Le concierne formar la conciencia de los ciudadanos, dejando a ellos su justa libertad e impidiendo, con todos los medios a su disposición, que una sotana sacerdotal se aproveche frente al pueblo, hasta cuando le es posible, de esta responsabilidad que corresponde a los laicos, en su justa y declarada misión de transformar este mundo, según el proyecto de amor de Dios para todos los hombres.

                                                                                                                   E. G.


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22/02/08



 
 
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