testata
  Home   La Comunidad   Centro de Estudios   Contacto   Contribución   Italiano   Nederlands   Français  
Home arrow Artículos (Paraguay) arrow Él hizo como el Señor le había mandado
Menu principal
Home
Quiénes somos
Dónde obramos
Nuestras misiones
Escríbenos
Archivo Últimas Noticias
Actividades
Parroquia de Ypacaraí
Centro de Estudios
Publicaciones
Presentación de las Publicaciones
Vida de la misión de Tacuatí
Artículos (Paraguay)
Profundizaciones
Entrevistas
Vida de las misiones en África
Conocer la vida consagrada
Comprender el Derecho Canónico
Apuntes de Espiritualidad
Misionología para todos
Focus Bélgica/Holanda
Testigos desde el norte de Europa
Galería de Imágenes
Temas relacionados
Utilidades
Enlaces
Busca en el sitio
Mapa del sitio

Los artículos publicados
en este sitio se pueden
reproducir solo integralmente

y citando la fuente
www.missionerh.it.

bannerrh7.jpg

| Stampa |


 

ÉL HIZO COMO EL SEÑOR LE HABÍA MANDADO

En ocasión de la festividad de San José


En un momento muy difícil para la Iglesia y para el país entero, me parece interesante volver aMons. Juan Bautista Gavilán la homilía que el Obispo de Coronel Oviedo, Mons. Juan Bautista Gavilán, pronunció durante la Misa en honor de San José, el 19 de marzo de 2007 ("ABC Color", 20 de marzo de 2007, pág. 40).

El tema central desarrollado durante la homilía fue el de la fidelidad.

Mons. Gavilán "pidió a los católicos que sean fieles como lo fue en su vida San José y cuestionó el desenvolvimiento infiel que reina actualmente en la sociedad paraguaya. ... Es una necesidad imperiosa para el país, para las familias, para los políticos y para la sociedad paraguaya recuperar la fidelidad y ser fiel como lo fue San José con Dios".

Me parece que el tema tocado por Mons. Gavilán es uno de los que aún hoy mayormente afectan a la sociedad y a la Iglesia en el Paraguay. Hay que añadir que este tema está también en el centro de todas las sociedades modernas y posmodernas.

Cuestión bíblico-teológica

Bíblicamente, la fidelidad, atributo mayor de Dios (cf. Ex 34, 6), se asocia con frecuencia a su bondad paternal para con el pueblo de la alianza. Estos dos atributos complementarios indican que la alianza es un don gratuito y, a la vez, un vínculo, cuya solidez resiste a la prueba de los siglos ("Tu fidelidad permanece para siempre...", Sal 119, 90).

Al Dios fiel, el hombre responde con la piedad filial que le debe a Él.

En este sentido San José, al igual que María, se presenta para nosotros como el modelo de la fidelidad y por eso de la justicia.

Escribe, a propósito, Juan Pablo II en la Exhortación apostólica Redemptoris custos (n.º 17):El ángel habla a S. José "Durante su vida, que fue una peregrinación en la fe, José, al igual que María, permaneció fiel a la llamada de Dios hasta el final. La vida de ella fue el cumplimiento hasta sus últimas consecuencias de aquel primer 'fiat' pronunciado en el momento de la anunciación, mientras que José en el momento de su 'anunciación' no pronunció palabra alguna. Simplemente él 'hizo como el ángel del Señor le había mandado' (Mt 1, 24). Y este primer 'hizo' es el comienzo del 'camino de José'. A lo largo de este camino, los Evangelios no citan ninguna palabra dicha por él. Pero el silencio de José posee una especial elocuencia: gracias a este silencio se puede leer plenamente la verdad contenida en el juicio que de él da el Evangelio: el 'justo' (Mt 1, 19). Hace falta saber leer esta verdad, porque ella contiene uno de los testimonios más importantes acerca del hombre y de su vocación. En el transcurso de las generaciones la Iglesia lee, de modo siempre atento y consciente, dicho testimonio, casi como si sacase del tesoro de esta figura insigne 'lo nuevo y lo viejo' (Mt 13, 52)".

La prueba de la verdad de esta afirmación evangélica es la fidelidad de José en observar los preceptos de la alianza.

Es la fidelidad la que, en el Nuevo Testamento, caracteriza a los que están movidos por el Espíritu Santo (cf. Gal 5, 22); es la fidelidad la que domina en las relaciones con los demás y es garantía de buen gobierno en las cosas mayores: "¡Muy bien - dijo Jesús - siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades" (Lc 19, 17).

La Iglesia subraya el valor de la fidelidad en un rito complementario, que concluye laAnillo episcopal celebración de la ordenación de un Obispo.

Según la doctrina conciliar, "en la persona de los Obispos, el Señor Jesucristo está presente en medio de los fieles" (Lumen gentium, 21).

Y, para que el pueblo reconozca en los Obispos al mismo Jesús, el "Fiel y Veraz que juzga y combate con justicia" (Ap 19, 11), justo, porque fiel y veraz, al Obispo, en el día de su ordenación, se le pone un anillo en el dedo, como señal de su fidelidad a la Iglesia (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1574).

El pensamiento filosófico moderno

En el pensamiento moderno, como subraya acertadamente Mons. Gavilán, se ha perdido inclusive la misma noción de fidelidad.

Para Jean-Paul Sartre, no hay ninguna esencia a la que el hombre le haya de ser fiel; por lo tanto, no tiene sentido la fidelidad a una esencia: el hombre se hace en su existencia; no hay nada predefinido; todo está por hacer.

Aunque las fuentes de su pensamiento filosófico-político sean otras (Foucault, Derrida, Deleuze, Schmitt...), la visión de la libertad "como ontología del devenir que no cae en lasOrtega y Gasset trampas de cosas fijas e inmutables, en sustancias petrificadas", constituye el núcleo del pensamiento de Benjamín Arditi, precursor del pensamiento posmoderno en el Paraguay[1].

La cuestión de la fidelidad, por lo tanto, concierne a una visión antropológica. Ciertamente no es una cuestión jurídica, sino filosófica.

Ortega y Gasset añoraba en cierto modo las relaciones sociales que se basaban en la fidelidad.

"La sociedad moderna - escribe Ortega y Gasset - está fundada en el contrato. La fidelidad, su nombre lo indica, es la confianza erigida en norma. El contrato, en cambio, es la cínica declaración de que desconfiamos del prójimo al tratar con él, y le ligamos a nosotros en virtud de un objeto material - el papel del contrato"[2].

No es esta la sede de un análisis profundizado, que pertenece a los especialistas de otras disciplinas.

Lo que es cierto es que el contrato, fuese solo por la fuerza coactiva de la ley que obliga a la observancia de las normas libremente aceptadas, exige una forma de fidelidad, cuya inobservancia está sancionada.

Por eso, cuando ya no existe la fidelidad, aun en su forma secularizada, tampoco existe la observancia del contrato, y los contratos se desgarran, se olvidan y se cambian unilateralmente, según los intereses personales o las inspiraciones del momento.

Si uno no tiene ningún poder y vive aislado, es problema de su conciencia.Dictadura

El drama, que se vuelve tragedia, acontece cuando la afirmación de una libertad absoluta, que rompe con la fidelidad o con el contrato, llega a conquistar el poder.

Entonces, la historia lo enseña, la libertad del individuo, no substanciada por la fidelidad o por las normas del contrato, llega a ser dictadura.

Dictadura que, en nombre del pueblo y por amor a él, toma siempre, como primera medida en favor del pueblo, la de quitarle la libertad para educarlo en la libertad.

Emilio Grasso



[1] Cf. M. Rivarola, Pensadores y corrientes políticas en el Paraguay, en B.G. de Bosio - E. Devés-Valdés (compiladores), Pensamiento paraguayo del siglo XX, Intercontinental Editora, Asunción 2006, 252-259.
[2] j. Ortega y Gasset, El espectador, Salvat-Alianza, Madrid 1969, 125.


13/03/09

 
< Prec.   Pros. >
Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis. Realidad eclesial fundada en Roma por el P. Emilio Grasso a finales de los años 60
web agency