"¡HASTA A LAS COCINERAS LES ENSEÑAREMOS
A DIRIGIR EL ESTADO!"
En su homilía de clausura del Octavario Mariano de Caacupé, pronunciada sábado 15 de diciembre de 2007, el Nuncio Apostólico, Mons. Antonini, cita dos veces al sociólogo y analista político alemán Heinz Dieterich Steffan, asesor gubernamental del Gobierno de Chávez en Venezuela.
En su obra Socialismo del Siglo XXI, Steffan explica la base teórica del Socialismo del siglo XXI, la cual encuentra su aplicación práctica más directa en el proceso revolucionario de Venezuela.
En una entrevista del 1 de septiembre de 2007, realizada por el diario "El Comercio" de Quito (Ecuador), Heinz Dieterich Steffan habla de la democracia participativa, que constituye el núcleo de su proyecto de socialismo del siglo XXI.
Cito un pasaje central de dicha entrevista:
-"Usted dice que, en esencia, el socialismo del siglo XXI es la capacidad de que la mayoría participe en las decisiones, ¿cómo se logra eso?
-Cuando se habla de la democracia participativa o del socialismo del Siglo XXI no hay recetas simplistas y lleva su tiempo. A más de hacer las cosas gradualmente, hay que entender la complejidad de cambiar la democracia política y la economía. Se necesitan condiciones y preparación de la gente.
-¿Quiere decir que la gente debe estar convencida de este tipo de socialismo?
-Necesitan conocer la propuesta. Eso tiene que realizarse en un debate democrático. No se pueden hacer las cosas por imposición, como en revoluciones pasadas.
-¿Cómo se practica esa democracia participativa? ¿Cómo se canaliza?
-Por ejemplo, a través del presupuesto participativo. La idea es que se debata sobre el uso de los recursos y en un plebiscito se vote por una propuesta. El tema es complejo, por eso es necesario que se den clases de economía. El mismo gobierno debe dar clases.
-¿Quién garantiza que no sea un adoctrinamiento?
-La instancia que imparte legítimamente la educación está bajo la responsabilidad legal y ética.
-¿Dónde se practica el socialismo del Siglo XXI?
-En este momento no hay una sociedad socialista. De hecho no ha existido en la época moderna. La URSS no tenía las condiciones objetivas. Para una planificación económica democrática se necesita de informática e Internet"[1].
No entro en el análisis de estos temas (socialismo del siglo XXI y democracia participativa), no siendo de mi competencia.
Observo solo un dato: Steffan habla de unas condiciones de necesidad, para una planificación económica democrática que conduzca al socialismo del siglo XXI.
Estas, para Steffan, son la informática y el Internet. Si estas condiciones faltan, faltan unas condiciones consideradas objetivas.
El 25 de agosto de 2007, Mons. Fernando Lugo, interviniendo en el Foro del Socialismo del Siglo XXI, en Ecuador, expuso su posición sobre el futuro del Paraguay, que lo ve candidato a las próximas elecciones presidenciales del 2008.
Una de las afirmaciones centrales del discurso de Mons. Lugo fu esta: "Estamos llegando a construir el socialismo del siglo XXI, un socialismo fresco y nuevo, no un pacto, legitimado, impulsando la democracia participativa, o sea la real democracia"[2].
En este discurso, se repite ocho veces la expresión "democracia participativa" y once veces la palabra "socialismo".
El problema que se plantea, entonces, es el "qué hacer" en un período de transición. Vuelven las viejas y siempre actuales preguntas que se hacían Marx y sobre todo Lenin.
El Paraguay, de cierto, no tiene un sistema de cultura informática de tal nivel, que permita el ingreso en este teorizado sistema de democracia participativa.
El índice de competitividad de la innovación para el 2007-2008, pone al Paraguay en el 130 lugar de 131 países examinados[3].
Estos datos sobre el retraso económico-cultural del país plantean el problema, sobre la posibilidad de instaurar un sistema político-económico-social que, históricamente, se ha demostrado que puede ser considerado válido en el proceso de redistribución de la riqueza, pero que ha fracasado y fracasa en lo de la acumulación de la riqueza misma.
Con agudo realismo, notaba Marx que "sin un capitalismo altamente desarrollado, la revolución proletaria no podría repartir sino miseria: en este estado de pobreza surgirían nuevos grupos privilegiados, nuevas luchas por lo indispensable y una creación nueva de una masa desprovista de todo. El desarrollo del capital es condición necesaria para que pueda surgir una sociedad nueva: una revolución verdadera no será posible si no se dan las condiciones económicas, que hay que buscar en el proceso histórico del capitalismo. La evolución misma del capitalismo, con su introducción de nuevas tecnologías, abre perspectivas nuevas al trabajo humano y así al hombre mismo"[4].
Una última curiosa observación: en su discurso en Ecuador, Mons. Lugo ha afirmado: "En serio digo que en el Paraguay, si soy presidente, voy a nombrar como ministra de Economía a una ama de casa porque ella es quien hace milagros con el dinero cada día, para que la comida nos alcance".

El gran poeta ruso Vladímir Majakovskij, en su celebérrima obra sobre Lenin, pone en boca al revolucionario ruso estas palabras: "¡Hasta a las cocineras les enseñaremos a dirigir el Estado!"[5].
Sabemos todos cómo ha fracasado la revolución leninista. Las cocineras no llegaron a gobernar y una nueva clase se apoderó del Estado y también de la olla de millones y millones de campesinos y obreros.
Parece que la única cosa que ha enseñado la historia trágica de la revolución rusa es que... no ha enseñado nada.
E. G.
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19/12/07
[1] http://www.mercosurnoticias.com/index2.php?option=com_content&do_pdf=1&id=767
[2] http://www.noticiasdelsur.com/nota.php?nota=2503
[3] http://www.gcr.weforum.org
[4] Cit. en J. Alfaro, De la cuestión del hombre a la cuestión de Dios, Ediciones Sígueme, Salamanca 1988, 170-171.
[5] V. Majakovskij, Lènin, Giulio Einaudi Editore, Torino 1967, 117.
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