En el periódico "Última Hora" de jueves 1 de abril de 2010 (pág. 3), aparece una entrevista al Ministro del
la Secretaría de Acción Social, Pablino Cáceres, que ejerció el ministerio sacerdotal, como miembro de la Congregación del Santísimo Redentor, por veinte años.
De toda la entrevista analizo solo esta frase: "El cristiano que tiene una fe y una creencia no puede contentarse con expresiones devocionales externas, sino que debe tener una conducta, un compromiso con la realidad". Justo antes de esta declaración, el periodista escribe: "Desde su óptica aún es muy fuerte entre los católicos aquella catequesis que enseña a amar a Dios, pero no lleva a un compromiso con el hermano".
Ya en 1999, en Oración y Justicia: dos elementos claves para la construcción del Reino de Dios, que es el n.º 2 de la colección "Cuadernos de Pastoral", había tratado este tema, como compendio de una serie de charlas dictadas en diferentes ocasiones.
En este "Cuaderno de Pastoral" afirmaba:
"La lucha por la justicia pertenece a la evangelización: no se puede evangelizar sin luchar por la justicia. Lo que cuenta es el rostro de Dios, y nuestro Dios se ha hecho hombre, se ha hecho carne, se ha hecho sangre. El camino de la Iglesia es el camino del hombre y cada uno tiene que descubrir que su vida tiene un valor infinito.
Ha escrito Juan Pablo II en su primera encíclica:
'La Iglesia no puede abandonar al hombre, cuya 'suerte', es decir, la elección, la llamada, el nacimiento y la muerte, la salvación o la perdición, están tan estrecha e indisolublemente unidas a Cristo. ... El hombre en la plena verdad de su existencia, de su ser personal y a la vez de su ser comunitario y social..., este hombre es el primer camino que la Iglesia debe recorrer en el cumplimiento de su misión, él es el camino primero y fundamental de la Iglesia, camino trazado por Cristo mismo, vía que inmutablemente conduce a través del misterio de la Encarnación y de la Redención' (Redemptor hominis, 14).
La vida del más pequeño, del más pobre campesino es la vida misma de Dios. Dios se ha unido a cada hombre. Por eso, una verdadera lucha por la justicia no se puede hacer sin la contemplación del rostro de Dios, sin la fuerza del Evangelio, sin una lucha y un combate en el interior de nosotros, sin el cambio de nuestro corazón, porque de otra manera los oprimidos de hoy pueden llegar a ser los opresores de mañana. Estamos llamados a construir, sobre esta tierra, el comienzo del Reino de Dios, que es reino de paz, de amor y de justicia".
Y poco después añadía:
"Para escuchar a Dios que habla, sirve un corazón puro, pobre, sencillo, porque no se puede servir a dos dueños, y donde está el corazón allí está toda nuestra vida. La verdadera oración es la oración del corazón, una oración de fe. Acá está la diferencia entre una oración de fe y una oración de magia. En la fe el hombre acepta la voluntad de Dios, pide que todo se haga según su voluntad. Es la oración de Jesús: 'Que se haga tu voluntad' (Mt 26, 42).
La oración de magia, que muchas veces nosotros hacemos, es lo contrario: el hombre con sus palabras, con sus acciones piensa poder comprar a Dios, poder llegar a ser dueño de Dios, de manera que Dios tendría que hacer todo lo que el hombre quiere. En toda la Sagrada Escritura encontramos esta lucha entre los hombres que se dedican a la verdadera oración y los hombres de la oración mágica. Muchas veces, son los hombres con las manos sucias de sangre los que piensan poder comprar a Dios. Los hombres poderosos, ricos, que no respetan la justicia, piensan poder comprar a Dios, como, muchas veces, compran al hombre. El hombre, varón/mujer, es imagen de Dios, del Dios viviente, y no se puede comprar con el dinero, con el poder, con la corrupción. El hombre y la mujer no son un pedazo de carne que yo pueda comprar en el mercado. Por eso, como no se puede comprar al hombre, imagen de Dios, menos todavía se puede comprar a Dios con nuestra oración, con nuestra ofrenda.
La oración verdadera, pues, exige una vida verdadera, comprometida en la lucha por la justicia, por la paz, por la defensa de los derechos humanos, de los derechos del hombre, de la mujer. Una vida contra la corrupción, contra la opresión de los más pobres. El pobre y la oración están en estrecha relación entre ellos".
En todo esto concuerdo con las afirmaciones del Ministro Pablino Cáceres.
A mi parecer, la diferencia está en el "error de principio".
Clodovis Boff - considerado uno de los teólogos más destacados en Brasil y muy conocido en todo el mundo -, en un artículo publicado en otoño de 2007 en la "Revista Eclesiástica Brasileña" (dirigida desde 1972 hasta 1986 por su hermano Leonardo), habla sobre "el error de principio". El error fatal, para Clodovis Boff, consiste en colocar al pobre como primer principio operativo de la teología, sustituyéndolo
a Dios. "El principio-Cristo incluye siempre al pobre, sin que el principio-pobre incluya necesariamente a Cristo. ... La fuente original de la teología no es otra que la fe en Cristo".
Quiero concluir con algunas palabras del entonces Card. Ratzinger, con ocasión de la despedida del teólogo J.-B. Metz de su cátedra en la Universidad de Münster.
Dijo en aquella ocasión el Card. Ratzinger:
"Metz ha pronunciado cosas que no se esperaban. Metz en el pasado nos había enseñado el antropocentrismo - el verdadero acontecimiento del cristianismo habría sido el giro antropológico, la secularización, el descubrimiento del estado secular del mundo. Después nos ha enseñado la teología política - el carácter político de la fe; más tarde la 'memoria peligrosa'; finalmente la teología narrativa. Después de haber recorrido este camino largo y difícil, nos dice hoy: El verdadero problema de nuestro tiempo es la 'Crisis de Dios', la ausencia de Dios, camuflada por una religiosidad vacía. La teología debe volver a ser realmente teo-logía, un hablar de Dios y con Dios. Metz tiene razón: El 'unum necessarium' (único necesario) para el hombre es Dios. Todo cambia, si hay Dios o no hay Dios. Desgraciadamente, también nosotros los cristianos vivimos a veces como si Dios no existiese ('si Deus non daretur'). Vivimos según el cliché: No hay Dios y, si lo hay, no interesa. Por este motivo, la evangelización, antes que nada, tiene que hablar de Dios, anunciar al único Dios verdadero: al Creador - al Santificador - al Juez".
Donde mi postura se diferencia radicalmente de la de Pablino Cáceres, es en la concepción de la política y de la diferencia entre el sacerdocio de los fieles y el de los ministros ordenados.
Mi temor es el de una confusión entre diferentes misiones; diferencia que lleva consigo una clericalización (de derecha o de izquierda, para mí, es lo mismo) de la política, con una consecuente subvaloración de los laicos, reducidos a "eternos monaguillos" en el furgón de cola del nuevo dominio clerical (el eterno: "Pa'íma he'i" - "el Sacerdote ya lo dijo"-, que deja a los laicos en un permanente estadio de infantilismo, frustración, inferioridad, con respecto a la omnipotencia totalizadora del clero).
Aquí está la diferencia con el pensamiento del Señor Ministro Pablino Cáceres. ¡Pero no es una pequeña diferencia!
Emilio Grasso