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Candidatura de un Obispo refleja debilidad de la Iglesia[1]


Para nosotros los cristianos, el fundamento bíblico de la actividad política se encuentra, entre otros, en tres pasajes de la Sagrada Escritura:

  1. Después de la creación, en la alianza cósmico-universal (alianza con Noé), Dios da al hombre el mandamiento de poblar y dominar la tierra (cf. Gén 9, 7). Trátase de un servicio a la vida en el respeto a los demás.
  2. Dios pregunta a Caín: "¿Dónde está tu hermano?". La respuesta de Caín: "No lo sé. ¿Soy acaso el guardián de mi hermano?" (Gén 4, 9), no justifica a Caín sino que lo acusa. Bíblicamente, cada uno, a partir de los más fuertes, es responsable de su vida y de la vida de sus hermanos, empezando por los más débiles y desfavorecidos.
  3. En el Evangelio según Mateo, en la narración del juicio final (cf. Mt 25, 31-46), Cristo Jesús se identifica con todos los necesitados y, por consiguiente, todo lo que habremos hecho (o no hecho) a uno de los más pequeños es a Jesús mismo que lo habremos hecho (o no hecho).

El Evangelio es una pregunta

Fundamentalmente, el Evangelio es una pregunta (que, en la práctica, se desarrolla en una serie de preguntas), no una respuesta. La respuesta pertenece al hombre, que ha sido creado a imagen y semejanza de Dios y, por eso, es un ser dotado de memoria (la pregunta de Dios tiene que estar siempre presente en él), de inteligencia (no existen respuestas prefabricadas, sino que se necesita todo el esfuerzo y el trabajo de la inteligencia, para que el hombre esté en condición de dar las respuestas apropiadas, en situaciones diferentes) y de voluntad (el hombre no es un títere en las manos de nadie y tampoco de Dios mismo, sino que es un ser dotado de la iniciativa y del dominio de sus actos y, por eso, es libre y responsable, cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1730-1738).

A estas preguntas el hombre está llamado a dar respuestas personales y comunitarias
.

La política pertenece a los laicos

La política, en su sentido más alto y noble, es la respuesta a estas preguntas, para que cada hombre pueda vivir la plenitud de la vida, en todos sus aspectos.

Entre pregunta y respuesta no hay separación, sino sí una clara distinción, sin confusión, mezcla o reducción de una realidad a la otra.

Esta misma distinción - que no es separación - existe también entre los Obispos (y los sacerdotes) y los laicos.

A los Obispos, en unión con el Romano Pontífice, les pertenece la misión de enseñar, santificar y gobernar al pueblo de Dios, siendo modelos de la grey del Señor (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 874-896).

"Los laicos - al contrario - tienen como vocación propia el buscar el Reino de Dios ocupándose de las realidades temporales y ordenándolas según Dios... La iniciativa de los cristianos laicos es particularmente necesaria cuando se trata de descubrir o de idear los medios para que las exigencias de la doctrina y de la vida cristianas impregnen las realidades sociales, políticas y económicas" (Catecismo de la Iglesia Católica, 898-899).

Esta distinción está sólidamente fundada en el Magisterio de la Iglesia, donde, en las diversas vocaciones, todos estamos unidos en la única vocación universal a la santidad, en el respeto de la identidad propia de cada uno, sin complejos de superioridad o de inferioridad.

Tener que volver a subrayar estos puntos tan claros es bastante triste. Que un Obispo deje el ministerio episcopal, para presentarse como cabecilla de un partido político, demuestra toda la debilidad de la Iglesia (Obispos y laicos) en el Paraguay.Revista de la diócesis de Ciudad del Este (Paraguay)

No se puede olvidar, en efecto, que los Obispos no han comprendido la gravedad de la cuestión, y ha sido providencial la intervención de la Santa Sede.

Ellos no han sabido dar, hasta hoy, las razones espirituales y teológicas de esta invasión de campo que, de hecho, ha puesto a los laicos en una posición de declarada incapacidad de tomar sus responsabilidades.

Para mí, tiene más de una razón el Obispo de Ciudad del Este, Mons. Rogelio Livieres Plano, cuando habla de la "cuestión Lugo" como de "un puñal clavado en el cuerpo de la Iglesia".

Sobre esto, la Iglesia en el Paraguay está llamada a una reflexión, que, sin duda, será purificadora, pero costará muy caro en el futuro.

                                                                                                      Emilio Grasso

[1] Artículo publicado por la revista de la diócesis de Ciudad del Este (Paraguay), "En Comunión" n. 2 (2008) 16-18.

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06/06/08
 
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