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EL ANILLO DE LA FIDELIDAD
 

Mons. Juan Bautista Gavilán
“ABC Color” del 20 de marzo de 2007 (pág. 40) pone de relieve la homilía del Obispo de Coronel Oviedo, Mons. Juan Bautista Gavilán, pronunciada durante la Misa en honor de San José.

El tema central desarrollado durante la homilía fue el de la fidelidad.

Mons. Gavilán “pidió a los católicos que sean fieles como lo fue en su vida San José y cuestionó el desenvolvimiento infiel que reina actualmente en la sociedad paraguaya. […] Es una necesidad imperiosa para el país, para las familias, para los políticos y para la sociedad paraguaya recuperar la fidelidad y ser fiel como lo fue San José con Dios”.

FidelidadMe parece que el tema tocado por Mons. Gavilán es uno de los que hoy mayormente afectan a la sociedad y a la Iglesia en el Paraguay. Hay que añadir que este tema está también en el centro de todas las sociedades modernas y posmodernas.

Bíblicamente, la fidelidad, atributo mayor de Dios (cf. Ex 34, 6), se asocia con frecuencia a su bondad paternal para con el pueblo de la alianza. Estos dos atributos complementarios indican que la alianza es un don gratuito y, a la vez, un vínculo, cuya solidez resiste a la prueba de los siglos (“Tu fidelidad permanece para siempre…”, Sal 119, 90).

Al Dios fiel, el hombre responde con la piedad filial que debe a Él.

La prueba de su verdad será su fidelidad en observar los preceptos de la alianza.

Es la fidelidad la que, en el Nuevo Testamento, caracteriza a los que están movidos por el Espíritu Santo (cf. Gal 5, 22); es la fidelidad la que domina en las relaciones con los demás y es garantía de buen gobierno en las cosas mayores: “¡Muy bien – dijo Jesús – siervo bueno!; ya que has sido fiel en lo mínimo, toma el gobierno de diez ciudades” (Lc 19, 17).

Anillo de la fidelidadLa Iglesia subraya el valor de la fidelidad en un rito complementario, que concluye la celebración de la ordenación de un Obispo.

Según la doctrina conciliar, “en la persona de los Obispos, el Señor Jesucristo está presente en medio de los fieles” (Lumen gentium, 21).

Y, para que el pueblo reconozca en los Obispos al mismo Jesús, el “Fiel y Veraz que juzga y combate con justicia” (Ap 19, 11), justo, porque fiel y veraz, al Obispo, en el día de su ordenación, se le pone un anillo en el dedo, como señal de su fidelidad a la Iglesia (cf. Catecismo de la Iglesia Católica, 1574).

En el pensamiento moderno, como subraya acertadamente Mons. Gavilán, se ha perdido inclusive la misma noción de fidelidad.
Jean-Paul Sartre
Para Jean-Paul Sartre, no hay ninguna esencia a la que el hombre le haya que ser fiel; por lo tanto no tiene sentido la fidelidad a una esencia: el hombre se hace en su existencia; no hay nada predefinido, todo está por hacer.

Aunque las fuentes de su pensamiento filosófico-político sean otras (Foucault, Derrida, Deleuze, Schmitt…), la visión de la libertad “como ontología del devenir que no cae en las trampas de cosas fijas e inmutables, en sustancias petrificadas”, constituye el núcleo del pensamiento de Benjamín Arditi, precursor del pensamiento posmoderno en el Paraguay [cf. M. RIVAROLA, Pensadores y corrientes políticas en el Paraguay, en B.G. DE BOSIO - E. DEVÉS-VALDÉS (compiladores), Pensamiento paraguayo del siglo XX, Intercontinental Editora, Asunción 2006, 252-259].

La cuestión de la fidelidad, por lo tanto, concierne a una visión antropológica. Ciertamente no es una cuestión jurídica, sino filosófica.

Ortega y Gasset añoraba en cierto modo las relaciones sociales que se basaban en la fidelidad.

“La sociedad moderna – escribe Ortega y Gasset – está fundada en el contrato. José Ortega Y GassetLa fidelidad, su nombre lo indica, es la confianza erigida en norma. El contrato, en cambio, es la cínica declaración de que desconfiamos del prójimo al tratar con él, y le ligamos a nosotros en virtud de un objeto material – el papel del contrato –” (J. ORTEGA Y GASSET, El espectador, Salvat-Alianza, Madrid 1969, 125).

No es esta la sede de un análisis profundizada, que pertenece a los especialistas de otras disciplinas.

Lo que es cierto es que el contrato, fuese solo por la fuerza coactiva de la ley que obliga a la observancia de las normas libremente aceptadas, exige una forma de fidelidad, cuya inobservancia está sancionada.

Por eso, cuando ya no existe la fidelidad, aun en su forma secularizada, tampoco existe la observancia del contrato, y los contratos se desgarran, se olvidan y se cambian unilateralmente, según los intereses personales o las inspiraciones del momento.

Si uno no tiene ningún poder y vive aislado, es problema de su conciencia.
El drama, que se vuelve tragedia, acontece cuando la afirmación de una libertad absoluta, que rompe con la fidelidad o con el contrato, llega a conquistar el poder.

Entonces, la historia lo enseña, la libertad del individuo, no substanciada por la fidelidad o por las normas del contrato, llega a ser dictadura.

Dictadura que, en nombre del pueblo y por amor a él, toma siempre, como primera medida en favor del pueblo, la de quitarle la libertad para educarlo a la libertad.


                                                                                                        E. G.



22/03/07 
 
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