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El mal de nuestro siglo es un problema del corazón


Pienso que no se ha valorado como se merecía la entrevista que el Presidente de la ComisiónEl profesor Luis Alfonso Resck exhibe uno de sus renoconocimientos Nacional de Derechos Humanos del Paraguay, el profesor Luis Alfonso Resck, concedió al periódico "ABC Color" el domingo 1 de febrero de 2009 (pág. 18).

La personalidad de Resck es una de las que se imponen por su coraje, libertad de juicio, fidelidad a su conciencia, amor al pueblo, desinterés personal y entrega a la palabra que proclama, sin ningún miedo de pagar en su propia carne y sangre el precio de lo que él cree.

Es incontable la cantidad de veces que fue apresado, encarcelado, torturado, exiliado.

Con un hombre como Alfonso Resck se puede estar de acuerdo o no. Pero, es imposible no respetarlo y, si se busca la verdad, no tener en cuenta sus juicios.

Personalmente, he tenido el gran honor de conocerlo desde los tiempos de la dictadura stronista, y siempre he apreciado en él su auténtico testimonio de amor a la Iglesia y a los pobres.

Yo mismo le dediqué un libro con estas sencillas palabras: "A Luis Alfonso Resck, hombre bueno y de fe profunda; gran defensor de los hombres oprimidos, explotados y crucificados, cuya amistad es para mí un don del Señor".

Los motivos de algo que no comprendí

En verdad, no he comprendido (y de esto ya hablé con el prof. Resck) su postura en favor de la candidatura presidencial del entonces Obispo emérito de San Pedro, Mons. Fernando Lugo. Lo que no compartí fueron, sobre todo, estos dos hechos:

1.           El dar su apoyo a una indebida invasión de campo, por parte del clero, en un ámbito propio de los laicos (las diferentes opciones políticas pertenecen a los laicos, bajo su responsabilidad).

2.           La ilusión de que un hombre, un solo hombre, pudiese solucionar problemas con su carisma y liderazgo, sin caer, antes o después, en el antiguo vicio del populismo, donde, entre líder (mejor sería decir caudillo) y pueblo, falta la mediación de todasEl profesor Luis Alfonso Resck aquellas estructuras intermedias que, en la realidad, hoy no existen.

El atajo es siempre una tentación que, a su debido tiempo, vamos a pagar todos, sin excluir a nadie.

Esta diferencia profunda de evaluación de un caso concreto, sin embargo, no ha modificado mínimamente la estima y la gran consideración que sigo teniendo por el prof. Luis Alfonso Resck.

Por eso, he leído con gran interés la entrevista concedida a "ABC Color".

La entrevista del prof. Resck

En ella hay una primera afirmación, que se refiere al Gobierno y al mismo Presidente Fernando Lugo.

Son palabras fuertes y contundentes, hechas por un hombre que fue uno de los máximos partidarios de esa candidatura.

Merece la pena transcribir el texto en cuestión, sin ningún comentario:

"20 años después del derrocamiento de Stroessner, ¿continúan los vestigios de la dictadura stronista?

Quedan oscuros resabios de ese ayer sombrío, que se perciben en los stronistas de hoy en día, que tiene al stronismo como una forma de ser e inclusive encontramos stronismo en el mismo Gobierno actual.

¿Por qué?

Por el autoritarismo que se percibe en el Gabinete y en el mismo titular del Ejecutivo. La discriminación, el clientelismo y el amiguismo subsisten como los mismos vicios del pasado, con los hombres escombros. El que no está alineado es alejado, destituido o excluido.

¿Cuáles hombres escombros?

Los que están alrededor de Lugo. Se olvidan de los principios y valores, de sus hermanos, anteponiendo su sed de poder y de bienes malhabidos. Cambian cuando pasan de la llanura al poder. El Presidente de la República ha cambiado. Era distinto cuando fue obispo, cuando redactamos la carta de compromiso de la Concertación. Él dijo que se inspiraba en la doctrina social de la Iglesia Católica, pero defraudó. Hoy, con él, vivimos un auténtico autoritarismo en nuestro país".

La segunda afirmación toca, para mí, el problema central, y esta voz de un laico tan destacado nos interpela a todos y, sobre todo, a los pastores de la Iglesia.

A la pregunta:

"¿Qué falta para consolidar entonces la democracia en Paraguay?",

el prof. Resck, sin vacilar, responde claramente:

"Un cambio en el hombre. El mal del siglo XX, según decía Benavente, era un problema del corazón".

El problema del corazón del hombre

Aquí nace la pregunta: ¿Por qué han nacido tantas confusiones?

Un cambio en el hombre - el problema del corazón - es lo que siempre ha enseñado el Magisterio de la Iglesia. ¿Se conoce este Magisterio en nuestro país? ¿Lo hemos logrado comunicar y enseñar o hemos fallado, en este campo, para hablar y dar juicios en lo que no nos pertenecía?

La Encíclica Redemptoris missio de Juan Pablo II no deja duda alguna cuando afirma: "En la Encíclica Sollicitudo rei socialis he afirmado que ‘la Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer al problema del subdesarrollo en cuanto tal', sino que ‘da su primera contribución a la solución del problema urgente del desarrollo cuando proclama la verdad sobre Cristo, sobre sí misma y sobre el hombre, aplicándola a una situación concreta'. La Conferencia de los Obispos latinoamericanos en Puebla afirmó que ‘el mejor servicio al hermano es la evangelización, que lo prepara a realizarse como hijo de Dios, lo libera de las injusticias y lo promueve integralmente'.Catecismo de la Iglesia Católica La misión de la Iglesia no es actuar directamente en el plano económico, técnico, político o contribuir materialmente al desarrollo, sino que consiste esencialmente en ofrecer a los pueblos no un ‘tener más', sino un ‘ser más', despertando las conciencias con el Evangelio. El desarrollo humano auténtico debe echar sus raíces en una evangelización cada vez más profunda" (Redemptoris missio, 58).

Pensando en él, con la profunda estima y amor del primer encuentro que tuve en su casa, le agradezco al prof. Resck por esta auténtica y verdadera vocación laical suya, y no puedo concluir sino transcribiendo estas palabras, tantas veces olvidadas, del Catecismo de la Iglesia Católica (n.º 907): los fieles laicos "tienen el derecho, y a veces incluso el deber, en razón de su propio conocimiento, competencia y prestigio, de manifestar a los pastores sagrados su opinión sobre aquello que pertenece al bien de la Iglesia y de manifestarla a los demás fieles, salvando siempre la integridad de la fe y de las costumbres y la reverencia hacia los pastores, habida cuenta de la utilidad común y de la dignidad de las personas".

Sería oportuno escuchar con humildad esta voz, que nos llega de uno de los laicos más destacados del Paraguay.

Emilio Grasso

20/02/09
 
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