EN DEFENSA DE LOS POBRES
La homilía del Nuncio Apostólico en el Domingo de Ramos
El día 5 de abril de 2009, en el Santuario de Caacupé, el Nuncio Apostólico en el Paraguay, Mons. Orlando Antonini, ha pronunciado una homilía que ha tenido vasta resonancia en los medios de comunicación y en la opinión pública.
No cabe duda que las palabras de Mons. Antonini van más allá de lo que se suele considerar una "homilía de circunstancia". A pesar de que el Nuncio no se alejó de una interpretación de los textos bíblicos de la liturgia del día, me parece que la forma y más todavía el contenido eran propios de una lección magistral en la inauguración de un Congreso Teológico.
Por eso, tanto el estilo como el tema presentados exigen una atención y un bagaje teológico-cultural, que no se encuentran en la mayoría de los fieles presentes el Domingo de Ramos en nuestras parroquias y, en particular, en el Santuario de Caacupé.
Hecha esta observación, según mi parecer, esta homilía tiene un valor fundamental, del cual la Iglesia en el Paraguay no podrá prescindir en su acción pastoral, no solo por la autoridad de quien la ha pronunciado, sino sobre todo por la fuerza de la argumentación presentada.
La reducción de esta homilía a una intervención pro o contra el Presidente Lugo o en favor o contra la "Teología de la Liberación" es despistadora, como lo es la misma lectura política y no teológica del texto, que no permiten la comprensión y profundización en el mismo.
Haciendo así se instrumentalizan las palabras del Nuncio que - lo repito - no son comprensibles fuera de una lógica de fe.
Para mí - ya lo he dicho -, esta homilía pertenece más bien al género de una lección magistral, pero, al mismo tiempo, es una solemne profesión de fe que ofrece el servicio de confirmar a todos los hermanos en la común y única fe.
Y, en esto, el Representante de Pedro presta una ayuda a la Iglesia en el Paraguay.
Me permito presentar algunas breves anotaciones y referencias, que pueden facilitar la lectura de esta homilía.
1. La relación entre amor y cruz: esta relación aparecerá aún más clara en la lectura del Evangelio según san Juan, que se hace el Viernes Santo, todo estructurado alrededor del tema de la Hora. Y en la Hora de Jesús, que llega a ser la nuestra, por el don del Espíritu, coinciden la Cruz, el Amor y la Gloria.
No existe amor sin sacrificio y pasión hasta la muerte. Esto vale para Jesús, el Dios hecho carne, pero es también la ley de los discípulos del Señor.
Sin Cruz no hay Amor. Ningún atajo es posible para llegar a la plenitud de la libertad.
2. La relación entre Jesús y los pobres, significada en el gesto de "la mujer que, en opinión de Judas, 'despilfarra' perfume para ungir a Jesús en lugar de distribuir el dinero a los pobres".
Para comprender en su profundidad las palabras de Mons. Antonini, sería necesario volver al discurso inaugural de Benedicto XVI en Aparecida. El Santo Padre aporta una clarificación fundamental al uso difundido del método "ver-juzgar-actuar", tan divulgado y actual en América Latina, y pone algunas preguntas sustanciales: "¿Qué es esta ‘realidad'? - se pregunta el Papa - ¿Qué es lo real? ¿Son ‘realidad' solo los bienes materiales, los problemas sociales, económicos y políticos? Aquí está precisamente el gran error de las tendencias dominantes en el último siglo, error destructivo, como demuestran los resultados tanto de los sistemas marxistas como incluso de los capitalistas. Falsifican el concepto de realidad con la amputación de la realidad fundante y por esto decisiva, que es Dios. Quien excluye a Dios de su horizonte falsifica el concepto de ‘realidad' y, en consecuencia, solo puede terminar en caminos equivocados y con recetas destructivas. La primera afirmación fundamental es, pues, la siguiente: Solo quien reconoce a Dios, conoce la realidad y puede responder a ella de modo adecuado y realmente humano. La verdad de esta tesis resulta evidente ante el fracaso de todos los sistemas que ponen a Dios entre paréntesis".
Por eso, no se conoce la "realidad", si no se conoce a Dios. Afirmando esto, la opción preferencial por los pobres no solo no desaparece, sino que encuentra un fundamento más firme, y los pobres no se ven reducidos a masa de maniobra, manipulados según los intereses contingentes de uno u otro que los utiliza para llegar al poder y los abandona después de haberlo conquistado.
La historia de las grandes tragedias de los últimos siglos, en todo el mundo, ha empezado siempre en nombre de la liberación de los oprimidos y de la instauración de un reino de libertad, igualdad y fraternidad.
El desconocimiento de la historia o la reducción de la historia a mito, produce siempre nuevas tragedias.
3. Es importante que Mons. Antonini hable de "la falta de una cierta Teología de la Liberación".
Para mí, y esto ya lo escribí, no es correcto hablar tout court (sin matizar) de Teología de la Liberación.
El texto de Juan Pablo II, citado por el Nuncio Apostólico, me parece sumamente significativo. Sobre todo allá donde el Papa afirma que "la Teología de la Liberación no solo es oportuna, sino útil y necesaria".
Esto quiere decir que siempre se debe trabajar haciendo distinciones y explicaciones terminológicas, y teniendo en cuenta el uso histórico y contextualizado de una determinada expresión.
Es verdad que, en el uso actual, por "Teología de la Liberación" se entiende, hoy, un cierto pensamiento dominante. Pero es verdad, también, que esto no es el único en el interior de la Teología de la Liberación (por eso, yo preferiría hablar al plural de Teologías de la Liberación).
A propósito, Mons. Antonini ha citado a Clodovis Boff (hermano de Leonardo Boff).
Clodovis Boff - considerado uno de los teólogos más destacados en Brasil y muy conocido en todo el mundo -, en un artículo publicado en el otoño 2007 en la "Revista Eclesiástica Brasileira" (dirigida desde 1972 hasta 1986 por su hermano Leonardo), habla sobre "el error de principio". El error fatal, para Clodovis Boff, consiste en colocar al pobre como primer principio operativo de la teología, substituyéndolo a Dios. "El principio-Cristo incluye siempre al pobre, sin que el principio-pobre incluya necesariamente a Cristo. ... La fuente original de la teología no es otra que la fe en Cristo".
4. Si se lee atentamente, se constata que la homilía de Mons. Antonini ha salvaguardado, como lo han hecho Juan Pablo II, Benedicto XVI y Aparecida, el compromiso y la opción preferencial por los pobres, y ha puesto en claro qué es y lo que no es la teología.
"Cristo, encontrado y seguido, - concluye Mons. Antonini - es el principio determinante de todo lo demás".
5. La lectura de esta homilía me ha traído a la mente las palabras del entonces Card. Ratzinger, con ocasión de la despedida del teólogo J.-B. Metz de su cátedra de la Universidad de Münster.
Dijo en aquella ocasión el Card. Ratzinger: "Metz ha pronunciado cosas que no se esperaban. Metz en el pasado nos había enseñado el antropocentrismo - el verdadero acontecimiento del cristianismo habría sido el giro antropológico, la secularización, el descubrimiento del estado secular del mundo. Después nos ha enseñado la teología política - el carácter político de la fe; más tarde la 'memoria peligrosa'; finalmente la teología narrativa. Después de haber recorrido este camino largo y difícil, nos dice hoy: El verdadero problema de nuestro tiempo es la 'Crisis de Dios', la ausencia de Dios, camuflada por una religiosidad vacía. La teología debe volver a ser realmente teo-logía, un hablar de Dios y con Dios. Metz tiene razón: El 'unum necessarium' (único necesario) para el hombre es Dios. Todo cambia, si hay Dios o no hay Dios. Desgraciadamente, también nosotros los cristianos vivimos a veces como si Dios no existiese ('si Deus non daretur'). Vivimos según el cliché: No hay Dios y si lo hay, no interesa. Por este motivo, la evangelización, antes que nada, tiene que hablar de Dios, anunciar al único Dios verdadero: al Creador - al Santificador - al Juez".
Me permito esperar que, desde las cátedras de las Catedrales, se escuche hablar del "único necesario para el hombre", y que se deje a quienes tienen la competencia para hacerlo la tarea de hablar de todo lo que no pertenece a nuestra misión.
Emilio Grasso
13/04/09
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