La insoportable levedad del ser
Por el bien del País y para que se distinga, claramente y de modo definitivo, entre el cargo de Presidente de la República y las obligaciones del ministerio episcopal y del estado clerical, Su Santidad Benedicto XVI ha concedido a Mons. Fernando Lugo, Obispo emérito de San Pedro, la pérdida del estado clerical.
En este momento, pienso que no estaría mal recordar las palabras pronunciadas el 17 de abril de 1994 por Mons. Lugo, puesto de pie ante el Obispo ordenante principal, quien lo interrogó:
"La antigua regla de los Santos Padres establece que quien ha sido elegido para el Orden Episcopal sea, ante el pueblo, previamente examinado sobre su fe y sobre su futuro ministerio.
Por tanto, querido hermano: ¿Quieres consagrarte, hasta la muerte, al ministerio episcopal que hemos heredado de los Apóstoles, y que por la imposición de nuestras manos te va a ser confiado con la gracia del Espíritu Santo?
El elegido responde:
Sí, quiero.
El Obispo ordenante principal:
¿Quieres anunciar con fidelidad y constancia el Evangelio de Jesucristo?
El elegido:
- Sí, quiero.
El Obispo ordenante principal:
¿Quieres conservar íntegro y puro el depósito de la fe, tal como fue recibido de los Apóstoles y conservado en la Iglesia y en todo lugar?
El elegido:
- Sí, quiero.
El Obispo ordenante principal:
¿Quieres edificar la Iglesia, Cuerpo de Cristo, y permanecer en su unidad con el Orden de los Obispos, bajo la autoridad del sucesor de Pedro?
El elegido:
- Sí, quiero.
El Obispo ordenante principal:
¿Quieres obedecer fielmente al sucesor de Pedro?
El elegido:
- Sí, quiero.
El Obispo ordenante principal:
Con amor de padre, ayudado de tus presbíteros y diáconos, ¿quieres cuidar del pueblo santo de Dios y dirigirlo por el camino de la salvación?
El elegido:
- Sí, quiero.
El Obispo ordenante principal:
Con los pobres, con los inmigrantes, con todos los necesitados ¿quieres ser siempre bondadoso y comprensivo?
El elegido:
- Sí, quiero.
El Obispo ordenante principal:
Como buen pastor, ¿quieres buscar las ovejas dispersas y conducirlas al aprisco del Señor?
El elegido:
- Sí, quiero.
El Obispo ordenante principal:
¿Quieres rogar continuamente a Dios todopoderoso por el pueblo santo y cumplir de manera irreprochable las funciones del sumo sacerdocio?
El elegido:
- Sí, quiero, con la ayuda de Dios.
El Obispo ordenante principal:
Dios, que comenzó en ti la obra buena, él mismo la lleve a término".
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El Sumo Pontífice ha exhortado "al Señor Fernando Armindo Lugo Méndez a ser fiel a la fe católica en la que fue bautizado y a llevar una vida coherente con el Evangelio".
El 15 de agosto de 2008, el Señor Fernando Armindo Lugo Méndez estará llamado ante el Congreso a tomar posesión de sus cargos, prestando el juramento o la promesa de cumplir con fidelidad y patriotismo sus funciones constitucionales (cf. art. 232 de la Constitución de la República del Paraguay).
En aquel día, las palabras de la promesa, pronunciadas el 17 de abril de 1994, no podrán ser olvidadas.
A las palabras del Obispo ordenante principal: "¿Quieres, querido hermano, consagrarte, hasta la muerte, al ministerio episcopal que hemos heredado de los Apóstoles, y que por la imposición de nuestras manos te va a ser confiado con la gracia del Espíritu Santo?", Mons. Lugo respondió: "Sí, quiero".
Vivimos en el tiempo del posmoderno, del pensamiento débil, de "La insoportable levedad del ser", como diría Milan Kundera.
Esperamos, para el bien del Paraguay, al cual Benedicto XVI ha demostrado tanto amor, que este nuevo juramento no constituya, para citar una vez más otra obra de Milan Kundera, la segunda parte de "Los testamentos traicionados".
Emilio Grasso
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