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LA MATANZA SILENCIOSA E IMPUNE DE LA

CIRCULACIÓN VIAL EN EL PARAGUAY


 

Publicamos el discurso pronunciado por el P. Emilio con ocasión de la clausura del Proyecto "Semana de la Seguridad Vial", en el marco del Plan Nacional de Seguridad Vial, que tiene como objetivo disminuir los impactos negativos de mortalidad y pérdidas económicas ocasionados por los accidentes de tránsito.

El encuentro, organizado por las supervisoras de Apoyo Técnico Pedagógico y Administrativo, con la participación de las instituciones educativas de Ypacaraí y el apoyo de la misma Municipalidad, se ha realizado el 9 de octubre de 2009 en el Polideportivo Municipal de Ypacaraí.

 

 

Con gran evidencia el periódico "Última Hora" de miércoles 7 de octubre de 2009 trae la siguiente noticia: "Un monto de US$ 100 millones (aproximadamente G. 500 mil millones) le cuesta cada año al Estado laEl P. Emilio atención médica de personas involucradas en accidentes de tránsito en todo el país, según lo expresó el ingeniero Manuel Guzmán, secretario del Consejo Nacional de Seguridad Vial (CNSV), luego de un taller que se realizó en el marco de la semana de la Seguridad Vial, que va del 2 al 9 de octubre. Esta cifra es igual a lo que gasta la cartera de Obras Públicas en el mantenimiento y reparación de rutas. También es similar al presupuesto de la Universidad Nacional de Asunción (UNA). Con esta suma se podrían construir 13 mil viviendas populares o 6.250 aulas, pero se gastan en cubrir daños de accidentes que son totalmente prevenibles, insistió Guzmán" (cf. págs. 1, 16).

El tema del tráfico y de la polución provocada por el humo negro, y el hecho de que son muchísimos los colectivos que llevan inscripciones de tipo religioso, son señales típicas de la separación entre fe y vida; de la incapacidad de traducir el contenido de la fe en la cotidianidad de los comportamientos.

Sobre el problema del tráfico automovilístico, el Concilio Vaticano II intervino con una breve alusión en la Constitución pastoral Gaudium et spes.

El tema fue puesto dentro del cuadro de referencia de la superación de una ética individualista.

Leemos en el texto conciliar: "Hay quienes estiman poco algunas normas de vida social, por ejemplo ... el código de la circulación, sin darse cuenta de que con semejante negligencia ponen en peligro su vida y la de otros" (Gaudium et spes, 30).

La polución ambiental

Desde hace mucho tiempo los medios de comunicación insisten, sin ser oídos, en hacer presentes las condiciones de progresiva imposibilidad de vivir que padecen los ciudadanos.

"El humo negro - se puede leer en una nota publicada en Viva Paraguay - de vehículos diesel se ha convertido en el veneno más consumido por la ciudadanía, de manera silenciosa e impune. Este gas oscuro está constituido por partículas que, debido a su tamaño, llegan a las regiones más profundas del pulmón, afectando las vías respiratorias; incluso puede producir cáncer. La falta de control riguroso y continuo de las autoridades municipales - que no aplican las leyes respectivas - son los responsables directos de la circulación de este tipo de vehículos que ponen en riesgo la salud de la población".

El transporte puede tener también relevantes efectos de tipo psicosocial, que comprenden: estrés, agresividad, depresión y los efectos psicológicos postraumáticos causados por accidentes.

El segundo mandamiento prohíbe abusar del nombre de Dios

Viajando por las principales vías de comunicación, se asiste cada día a la repetición monótona de actitudes casi idénticas.

De repente, se te adelanta por la derecha un colectivo, sin ninguna señal que indique la acción de adelantarse. Además, mientras te corta el paso, vuela desde una ventanilla una botella de plástico, como si nada fuese.

Luego, el chofer acelera y tú, si la botella no te ha golpeado, alcanzas apenas a leer la inscripción que aparece en la parte trasera del vehículo: "Con Cristo serás feliz".

¡Una simpática invitación a la felicidad, incluso cuando la botella te golpea y patinas provocando un accidente!

Si, por la noche, al viajar por una calle poco iluminada, no tienes el debido cuidado, corres el riesgo de ir a aplastarte contra un camión con remolque, parado en medio del carril de la izquierda y con las luces apagadas. Pero, ¿para qué se necesitan las luces que indican su presencia? Para nada. Es más que suficiente la inscripción trasera: "Jesús es mi luz y mi salvación".

Los semáforos son siempre un gran problema. Algunas veces, están escondidos por algún árbol; otras, sus luces son muy débiles. Es siempre un juego de azar pensar que estén allí para protegerte, dándote el tiempo para saber de qué color es la luz que emiten. Ocurre en ocasiones que da la casualidad de que te dan luz verde en ambos cruces.

El problema es que, muchas veces, detrás de un semáforo está al acecho alguien, que debería permanecer allí para tutelar la vida del que viaja. Justamente te hacen parar a cada rato. Este control es una cosa buena. Y si has cometido una infracción, es justo que esta se señale y se castigue adecuadamente según las leyes del país.

Lo que no es justo es que con una frase mágica, "podemos solucionar el problema", se ponen de acuerdo y así la falta cometida queda impune. De repente, el acta de la infracción cometida se volatiliza, y aparecen algunos billetes, llamados dinero.

Sin embargo, si observas bien, ya no te asombras mucho al leer en la parte trasera de uno de los vehículos parados la inscripción: "Jesús: Única Alternativa".

En los lugares donde hay un semáforo, muchos pasan tranquilamente con la luz roja. Los colectivos siempre corren y se adelantan a otros competidores, en la búsqueda de más pasajeros, en cualquier punto de la calle. Más corres, más ganas.

Quien no está acostumbrado a todo esto, puede tener miedo. Además, los colectivos viajan siempre con las puertas abiertas, de par en par, frenando y volviendo a partir de manera repentina y brusca.

¿Será, quizás, por eso por lo que encuentras inscripciones del tipo: "Con Jesús no teman"?

Si luego encuentras un camión que circula a paso de caracol por el carril de adelantamiento, no hay que bocinar, hacer señales con las luces o agitarse demasiado, en espera de que el chofer de aquel camión cambie de carril.

No lo cambiará y no podrá cambiarlo. El hecho es simple y lo explica bien la inscripción que se encuentra en su camión: "El cambio es Cristo".

En un cruce, puedes encontrar a alguien que se detiene, aparentemente indeciso sobre lo que debe hacer: ¿Doblo a la derecha o a la mano izquierda? ¿O bien, sigo derecho?

En este caso, lo único que debes hacer es esperar. Puede ser que estos banales problemas no le pertenezcan y pasen inadvertidos si tenemos fe. En una parte de su vehículo, en efecto, está escrito: "Decídete por Jesús".

Por la calle, parece que derecha, izquierda o seguir derecho sean problemas que se ponen solo los pobres hombres sin fe.

"Decídete por Jesús" y lo demás desaparece.

Amar a los jóvenes sin engañarlos

Algo que impresiona es ver cómo los jóvenes siguen siendo convocados y movilizados para muchos temas, los grandes ideales y las grandes utopías, sobre los que luego, en concreto, no pueden hacer nada.

El partir de los "grandes problemas", buscando para cada uno de ellos una solución universal, puede convertirse en una tentación a la inercia, sobre la base de la impresión de que, en todo caso, nada pueda ser realizado.

Es importante educar al pueblo, y en particular a los jóvenes, para un amor concreto, hecho de fidelidad, a veces atormentada, no satisfactoria y escondida, a las pequeñas cosas. Será esta fidelidad al fragmento lo que nos permitirá, luego, ser creíbles en la proclamación explícita del único nombre que salva.

Solo entonces, tendrá sentido y fundamento proclamar públicamente y sin vergüenza a "Jesucristo, el Único Salvador".

Pero, para hacerlo, sean fieles a las pequeñas cosas, empezando por las normas del Código de tránsito, y respeten el segundo mandamiento que prohíbe abusar del nombre de Dios.


P. Emilio GRASSO
Cura Párroco de la
Parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí



09/10/09

 
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