MONS. LUGO Y CERRO PORTEÑO
Si, sobre la base del art. 235 de la Constitución de la República del Paraguay, que inhabilita a los ministros de cualquier religión o culto a ser candidatos a los cargos de Presidente o Vicepresidente de la República, Mons. Fernando Lugo pueda presentarse o no como candidato presidencial es una cuestión sobre la que, por supuesto, no soy yo quien debe expresar un juicio.
Pero, me ha llamado la atención una declaración de Mons. Lugo, publicada por el periódico “La Nación” (7 de marzo de 2007, p. 6).
Traigo de vuelta el razonamiento de Mons. Lugo, interesante en mi opinión, porque expresa un extraño concepto de “libertad”, sobre el cual sería necesario volver.
Así refiere “La Nación”, con respecto a una afirmación de Mons. Lugo: “‘Si yo ya no quiero ser de Cerro Porteño, ¿le vamos a preguntar a Cerro Porteño si yo sigo siendo o no?’, ironizó el dimitente al sostener que es a la persona -en este caso él- a quien se debe consultar ‘si quiere ser o no ser (ministro religioso)’”.
Esta declaración me ha despertado la curiosidad.
Una vez más en “La Nación” (6 de enero de 2007, p. 21), la Iglesia había sido presentada de la misma manera que un club futbolístico cualquiera, por ejemplo Cerro Porteño, al cual se puede renunciar.
Puesto que ya también por Mons. Lugo la Iglesia es considerada como una sociedad deportiva, me ha parecido un poco extraño que un posible futuro Presidente de la República haya incurrido en una comparación, con la que, como suele decirse, se ha “tirado piedras contra el propio tejado”.
Se da el caso, en efecto, de que, como fue para Philippe Mexès con la Roma, también y exactamente Cerro Porteño haya tenido un problema parecido.
El arquero de Cerro Porteño, Diego Barreto, ha sido condenado a pagar una multa de 1,7 millones de Euro al Real Valladolid, y a cuatro meses de suspensión, por haber incurrido en una “resolución unilateral del contrato”.
En efecto, existe, también para un club deportivo, un decreto que regula las cláusulas de rescisión del contrato entre sociedad y jugadores.
Sería absurda, en efecto, una concepción de la libertad por la que, una mañana uno se despierta y ya no está vinculado a ningún pacto libremente suscrito.
Sería el fin de todo tipo de sociedad y humana relación.
No digo que sería oportuno conocer un poco de derecho, sobre todo para quien entra en la vida política como posible futuro Presidente de la República. Esto, quizás sea preguntar demasiado.
Bastaría con conocer un poco la historia de Diego Barreto y de Cerro Porteño. En tal caso, se haría otro ejemplo, si fuera posible.
E. G.
11/03/07
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