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Para que la Iglesia recupere su misión de conciencia crítica
En un comentario publicado en "ABC Color" del 1.° de junio de 2008, Edwin Brítez pone un problema fundamental, concerniente al ejercicio del poder en el Paraguay, y a la transparencia de los actos de gobierno.
No entro en el sustrato ideológico del artículo en cuestión, porque exigiría un examen histórico-teológico, pero no es esto lo que, en la presente reflexión, quiero comentar.
Brítez toma, como punto de partida, la diferencia entre la Iglesia y el Estado, y también el ejercicio de la autoridad entre las dos sociedades.
Por cómo la describe Edwin Brítez, la Iglesia parece ser casi una sociedad secreta, donde a los comunes fieles les queda imposible hacer preguntas y, por eso, ellos tienen que acatar las decisiones sin ningún poder de "atreverse siquiera a preguntar, por ejemplo, en público, algo respecto a las finanzas de la parroquia, o intentar saber qué hacía un sacerdote en determinado lugar".
Como ya he dicho, repito que no entro en esta cuestión. De seguro, no comparto esta visión o praxis en la Iglesia.
Para mí, la gestión transparente, en el interior de nuestras comunidades, es la condición primera para poder decir, con credibilidad, una palabra al exterior.
No existe caridad sin la verdad, y solo la verdad nos hace libres.
Por eso, no podemos juzgar con parcialidad, justificando lo que hacemos nosotros, hombres de Iglesia, y utilizando otra medida para los demás.
¿Con transparencia o sin ella?
Ahora bien, por lo que escribe, Edwin Brítez considera a la Iglesia como una sociedad que gobierna sin transparencia, mientras que el gobierno de la República está obligado a la transparencia de los actos.
Repito otra vez: no entro, en esta sede, en una contestación al sustrato ideológico del pensamiento del comentarista.
Lo tomo como punto de partida para profundizar el problema, y seguir haciendo algunas preguntas, que no se pueden poner de costado.
1. Si esta es la visión de la Iglesia Católica (una Iglesia que gobierna sin transparencia, y Mons. Lugo sigue siendo Obispo de esta Iglesia), existen solo dos posibilidades:
a. El Gobierno de Mons. Lugo no podrá que caracterizarse por la falta de transparencia.
b. En Mons. Lugo se cumple una total conversión, desde hombre de gobierno de la Iglesia a hombre de gobierno del Estado.
Pero, en este secundo caso, él perdería la confianza de los que lo votaron, porque ningún partido de la oposición supo encontrar a un candidato creíble y, por eso, se pusieron todos - y esto, para los laicos, es una gran vergüenza - bajo la sotana de un Obispo, para ganar una elección política.
Justamente, Edwin Brítez ha escrito, a propósito, que "en su rol anterior de Obispo era suficiente ‘la palabra' para creer y confiar. En su nuevo rol, la confianza surgirá de la confrontación de sus palabras con sus actos, y aún así algunos - como la prensa independiente - seguirán desconfiando legítimamente de lo que puedan ver o escuchar. En otras palabras, el cambio de rol de Fernando Lugo será en este campo la diferencia que existe entre la confianza y la desconfianza. Su figura de miembro de la jerarquía eclesial invitaba a confiar; su figura actual de Presidente de la República invita a desconfiar".
2. Más allá de cualquier cuestión ideológica, existen tres hechos que se podían y se debían aclarar:
a. Las verdaderas motivaciones de la dimisión de Mons. Lugo, sin perder tiempo con las patrañas de la ancianidad de la madre o de las condiciones de salud.
b. La administración económico-financiera de la diócesis de San Pedro.
c. La transparencia de la gestión de los bienes personales, para un religioso. En efecto, ¿cómo puede ser que un religioso declare bienes personales por 650 millones de guaraníes?
Todo este trabajo se podía y se tenía que hacer antes que fuese presentada esta candidatura. Me pregunto: ¿Lo hicieron con coraje y honestidad, sin hacer "guerras sucias", los agentes de los medios de comunicación?
Problemas al acecho
A todo esto quiero añadir dos problemas fundamentales, que no podrán no estallar:
I. El del programa político. Este es un asunto ineludible. Hablar de lucha contra la corrupción o de gobierno de los honestos es pura demagogia, si esto no es acompañado por precisas decisiones políticas. Cuando el primer acto es el nombramiento, como futuro ministro, de un técnico experimentado, Dionisio Borda, que fue ya ministro en el comienzo del gobierno del Presidente Nicanor Duarte Frutos, se pone la cuestión de la relación entre gobierno político y gobierno técnico. ¿Quiénes tomarán las decisiones? ¿Los técnicos o los políticos? ¿Es a la política que le pertenece la búsqueda del punto más alto de la síntesis posible, en la realización de un programa, o esta pertenece a los técnicos, que son "hombres de todas las estaciones"?
II. Alrededor de un programa político, se construye una alianza entre partidos y fuerzas homogéneas.
El carisma personal o el hecho de una confianza, nacida porque se pertenecía a la gran institución de la Iglesia Católica, fácilmente, puede transformarse en una práctica de avocación de cualquier decisión, hasta el punto de dejar apartados a los que permitieron el éxito electoral. Como máximo, por pura cortesía, se los informan acerca de las decisiones tomadas[1]. Y puede ser que lo hagan las hermanas o los sobrinos[2].
Podría nacer la tentación populista, típica de tantos países de América Latina, de un gobierno del Presidente, que habla al pueblo directamente, sin ningún intermediario.
Con toda razón escribe Edwin Brítez: "No faltarán seguramente quienes intenten convencer a Lugo de que nada mejor que la propaganda para tener una buena imagen, en vez de contar con una metodología de transparencia gubernamental". Y no puede concluir que con estas palabras: "Ojalá que no reviva el famoso secreto de Estado".
Sería bueno que la Iglesia recuperase su misión de conciencia crítica. El tiempo del gobierno temporal, gracias a Dios, terminó definitivamente el 20 de septiembre de 1870.
¡Qué los Obispos hagan los Obispos y los laicos tengan el coraje de tomar su responsabilidad!
¡No se puede ser monaguillos por toda la vida!
Emilio Grasso
[1] Cf. Lugo dijo que solo por cortesía consulta para nombrar ministros, en "La Nación" (30 de mayo de 2008) 5; cf. Lugo dice que no tiene por qué consultar designaciones al PLRA, en "Última Hora" (30 de mayo de 2008) 8.
[2] Cf. Sueldazos a parientes de Lugo y Franco en la EBY, en "ABC Color" (6 de junio de 2008) 1, 12; cf. Lugo y Franco ya tienen parientes en Yacyretá, en "Última Hora" (6 de junio de 2008) 1, 7.
06/06/08
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