PARA SER CATEQUISTA,
SIN MIEDO DE PROCLAMAR LA VERDAD
Encuentro con los catequistas de Atyrá
Por invitación del cura párroco, padre Danilo Bissaco, en un clima fraterno de atenta escucha, Emilio ha encontrado a los catequistas de Atyrá, en su hermosa iglesia parroquial.
Se han venido aclarando algunos puntos fundamentales sobre la naturaleza de la catequesis, que nunca es un monólogo del catequista –quien no habla para complacerse a sí mismo–, sino un diálogo en el cual Dios y el muchacho se revelan recíprocamente. En este sentido, el catequista debe desaparecer, para que Dios pueda hablar con las personas. Aquí podemos ver lo que parecería una paradoja: por un lado, es cierto que el contenido de la catequesis no es la palabra del catequista, sino la palabra de Dios. Es Dios quien salva, no el catequista. Sin embargo, por otro lado, Dios no puede hablar con los muchachos de un determinado pueblo, si el catequista no le presta su boca y toda su persona. La colaboración entre Dios y el hombre es, en analogía con el misterio de la Encarnación, donde se unen en Cristo Jesús la naturaleza divina y la humana, una exigencia de nuestra fe, uno de los aspectos fundamentales de toda actividad en la Iglesia.
La iniciativa de la salvación siempre viene de Dios. “En el principio era la Palabra”, afirma el primer versículo del Evangelio según san Juan, porque es Dios quien crea y es Él quien, revelándose, interroga al hombre, para que desvele su corazón y pueda convertirse. Sin embargo, el Dios Todopoderoso que llama y da sentido a la esperanza y al sueño de cada hombre, a la chispa de belleza que Dios mismo ha puesto en su corazón, se ha hecho débil y pobre como un niño recién nacido, que no puede vivir si no recibe el cuidado de sus padres. Esta debilitad y pobreza radical han querido tener necesidad de nosotros.
Dios en manos de los hombres
Esto nos ayuda a purificar también aquellas formas de religiosidad popular, en las cuales se pide a la Virgen o a los santos solo que hagan milagros. Hay que descubrir de nuevo la categoría del Dios pobre y débil del pesebre, porque en esta imagen vemos que no es el hombre quien pide auxilio a Dios, sino lo contrario exacto: es Dios quien, poniéndose en nuestras manos, lo pide a nosotros para vivir. Es un cambio fuerte de nuestra mentalidad. El Niño recién nacido nos dice: “Soy pequeño, no puedo hablar, ni caminar; no logro escuchar el grito de los hombres, no puedo defenderlos; te necesito. ¿Quieres prestarme tu boca, tus pies, tus oídos, tu garganta para que pueda proclamar la Buena Nueva?”. Cada uno de nosotros está llamado a contestar a esta pregunta. Si, en nuestra libertad, decimos que sí, Dios puede vivir en medio de un pueblo, pero, la“respuesta” exige de nosotros una gran “responsabilidad”, porque ser catequistas, lectores, agentes de pastoral es un compromiso serio, que requiere puntualidad, fidelidad, perseverancia.
Para prestar su persona a Dios, el catequista no empieza por hablar, sino por escuchar la palabra de Dios, para morir a sí mismo y hacer que el Señor viva en él, como dice san Pablo: “He sido crucificado con Cristo, y ahora no vivo yo, es Cristo quien vive en mí” (Gal 2, 19-20).
Por esto, el problema fundamental de la catequesis es el catequista, no el contenido, el libro, el material, los instrumentos, la didáctica, que son cosas secundarias. Si, en toda libertad, el catequista ha contestado que sí a Dios, y sabe llevar adelante con responsabilidad y fidelidad su tarea, puede educar a los niños a vivir en la libertad, a decir que sí a Dios y que no al pecado, a obedecer al bien y a desobedecer al mal. Puede educarlos a la fidelidad a la palabra dicha.
El servicio de la verdad
Como catequistas trabajamos al servicio de Dios, pero al mismo tiempo de los muchachos, no en el sentido de que nos acomodamos a todos sus caprichos, sino que les proporcionamos el servicio de la verdad. El catequista no habla para recibir aplausos, sino para trasmitir la palabra de Dios, y no debe tener miedo de corregir a los niños para que crezcan en el amor a Dios. La catequesis tiene que aterrizar en lo concreto, y si enseñamos que Cristo es la verdad hecha carne, debemos hablar también de pequeñas verdades que trasforman la vida, cambian hábitos equivocados, también si esto cuesta y molesta, sobre todo allá donde la“costumbre” ha sustituido la verdad.

Por ejemplo, una de las primeras cosas que en la catequesis se tienen que enseñar es la puntualidad, porque la “costumbre” de llegar tarde es una falta de respeto a los demás; quien entre en un aula mientras alguien ya está hablando, causa distracción. En la catequesis, se habla de muchas cosas concretas, como tener un horario para cada cosa, ser ordenados, saber dominar nuestro cuerpo, porque la palabra de Dios cambia nuestra forma de vivir; por ejemplo, aprender cómo y cuánto se come es la consecuencia de la afirmación de san Pablo quien dice que el vientre no es nuestro Dios (cfr. Fil 3, 19).
Si una muchacha llega al encuentro de catequesis mal vestida, buscando mostrar su cuerpo, quiere decir que se está preparando para vender su dignidad al primero que se le presente, y que muy pronto tendrá relaciones con alguien que no tomará en cuenta a su persona, sino solo algunas partes de su cuerpo, reduciéndola a un juguete. En la catequesis, con prudencia y sin ofender, no se puede evitar de hablar del tema del cuerpo, templo de Dios, con ejemplos muy concretos, porque hay que salvar la vida de esta muchacha y de los hijos que pueden nacer de sus relaciones desordenadas y sin amor; niños que tendrán por siempre una herida en su corazón. Callarse, en estas situaciones, significa cometer un crimen, es condenar a todo un grupo de personas. En este caso, como en muchos otros, no se trata de decir: “¡No debes hacer esto!”, sino de dar las motivaciones profundas de la visión cristiana de la sexualidad, que no reduce, sino que valoriza, un aspecto que abarca toda la persona y no solo una parte de ella. Se tiene que explicar qué es la dignidad de la mujer y que ella es sagrada, es carne de Dios, y que nadie tiene el derecho de ver su cuerpo si no se compromete a amarlo, junto con toda su persona, por toda la vida en un compromiso público frente a Dios y a la Iglesia. No somos pedacitos de carne, sino hijos de Dios, llamados a lograr una satisfaccióndivina, no una pasajera que nos deja vacíos.
También los misterios de la fe no deben ser explicados solo con discursos teóricos, sino mostrando sus implicaciones concretas. Por ejemplo, ¿qué significado tiene la vida de la Virgen María para una joven de hoy?
Un auténtico catequista sabe rezar por sus niños, sabe sufrir para que ellos tengan una vida feliz. Dios nos pide cuenta de ellos, y, para que aprendan, ellos no deben solo escuchar, sino sobre todo mirar. Deben ser educados a ver cosas diferentes, porque solo si ven, por ejemplo, la limpieza entienden qué es esta; solo si el catequista es puntual, aprenden la puntualidad. En este sentido, una catequista no puede enseñar la dignidad del cuerpo, si por su vanidad se presenta toda pintada. Ella habla, pero se ve enseguida que no vive, que no cree en lo que dice. Si los catequistas no son coherentes, formarán a personas hipócritas, capaces solo de mentir. Y si los agentes de pastoral son incoherentes, ¿cómo puede la Iglesia pedir coherencia a otras Instituciones? La Iglesia no puede ser el lugar de la mentira.
¡Un mujeriego no puede ser catequista y hablar de la sacralidad del matrimonio y de la fidelidad! Sin embargo, una madre soltera que haya comprendido sus equivocaciones y cambiado su conducta de vida puede ser una catequista muy buena, para explicar y prevenir estos problemas en los jóvenes.
Conocer a Dios y a los hombres
Es importante que los catequistas unan el conocimiento de la palabra de Dios, que tienen que leer y profundizar, al estudio de la realidad, del contexto donde actúan. Atyrá, por ejemplo, es la ciudad más limpia del Paraguay (véase artículo en este sitio web), pero, puede tener otros problemas, por eso, es importante conocer a los niños en su ambiente, en sus hogares. Esto sirve también para no pedir cosas que no tienen sentido en una determinada situación. Hoy en día, por ejemplo, estamos entrando, por lo que atañe a la educación sexual, en una “ideología de género”, por la cual el sexo ya no dependería de la naturaleza sino de la cultura. Es un cambio antropológico fuerte que necesita cristianos preparados.
Otro aspecto para una buena catequesis es no imponer las cosas, no usar el argumento del autoritarismo, que aplasta, no educa a la libertad y fomenta solo odio e incomprensiones, sino ofrecer siempre las explicaciones religiosas y también las motivaciones lógicas, históricas o científicas, cuando se da el caso, de las verdades que se enuncian. ¿Por qué, por ejemplo, la ronda del tereré con la misma bombilla es un hábito que se tendría que evitar? Porque está comprobado que es un medio de transmisión de boca en boca de enfermedades contagiosas. Por eso, es imprescindible una “pastoral de la inteligencia”.
Es importante también unir firmeza y decisión a dulzura, paciencia y misericordia. Tenemos que amar a Dios, pero, también a los niños; tener fe en Dios, pero, también en la inteligencia y la capacidad de amar de los niños, es decir, estar convencidos deque si una persona entiende la verdad, esta le gustará, porque cada hombre tiene en su corazón el deseo de ser feliz y el único que hace feliz al hombre es Dios, quien es la verdad. La verdad hace libres. Por eso, para concluir, no debemos tener miedo de proclamar la verdad, porque es la libertad y la felicitad de los hombres.
(A cargo de Mariangela Mammi)
| Mariangela Mammi pertenece a la Comunidad Redemptor hominis y ha conseguido la licenciatura en Misionología (suma cum laude) en la Pontificia Universidad Gregoriana, con una tesis que lleva por título: La autofinanciación gradual de las Iglesias en África. Fundamentos teológico-pastorales y experiencias concretas para una autofinanciación en la comunión eclesial. Ha publicado varios artículos de misionología y espiritualidad, y el libro Luces de esperanza. Testigos de la aventura de la fe, Editora Misionera Italiana, Bolonia 2011. Actualmente trabaja en el Paraguay, en la parroquia de Ypacaraí (Diócesis de San Lorenzo) y en el Centro de Estudios Redemptor hominis. |
01/02/2012
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