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POR QUÉ LOS OBISPOS DEL PARAGUAY PIDEN PERDÓN


Solo una lectura atenta y teológicamente motivada del Comunicado del Consejo Episcopal Permanente de la CEP, del 14 de abril de 2009, permite comprender la importancia de esteMons. Ignacio Gogorza documento, que no puede ser sino la primera respuesta a la "bofetada" que un miembro del Episcopado dio a la Iglesia paraguaya (utilizo las palabras del Obispo de Encarnación, Mons.
Ignacio Gogorza, cf. "ABC Color", 14 de abril de 2009, 3).

La primera y fundamental observación nace del pedido de "perdón por los pecados de los miembros de la Iglesia, tanto pastores como fieles". Esto quiere decir que toda la Iglesia, sin distinciones en su interior, se pone delante de Dios y pide perdón.

Solo después los Obispos han hecho la renovación del compromiso asumido en la ordenación episcopal y, de esta manera, han pedido a todos los sacerdotes llevar a la práctica las promesas confirmadas en la Misa Crismal.

Dirigiéndose al Dador de todos los dones, han pedido también "la gracia de una profunda purificación".

La Iglesia de los pobres

La importancia teológica de este documento se encuentra en el redescubrimiento de "la Iglesia de los pobres" en su sentido auténtico, que encontramos en el n.º 8 de la Lumen gentium, la Constitución dogmática del Concilio Vaticano II sobre la Iglesia. En ella se recuerda que el Fundador de la Iglesia se hizo pobre y sufriente, y que la Iglesia, "abrazando en su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesitada de purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación".

La Iglesia es verdaderamente "Iglesia de los pobres", porque tiene en su corazón y en su boca solo el escándalo y la locura de la cruz del Señor Jesús (cf. 1Cor 1, 22-25), un Dios que no ha buscado el poder para solucionar los problemas de los hombres, sino que ha renunciado a toda su riqueza hasta el punto de reducirse a nada (cf. Fil 2, 6-8).

Esta dimensión de auténtica pobreza la encontramos a continuación en el número citado de la Lumen gentium.

"La Iglesia continúa su peregrinación 'en medio de las persecuciones del mundo y de los consuelos de Dios', anunciando la cruz y la muerte del Señor hasta que vuelva (cf. 1Cor 11, 26). Se siente fortalecida con la fuerza del Señor resucitado para poder superar con paciencia y amor todos los sufrimientos y dificultades, tanto interiores como exteriores, y revelar en el mundo el misterio de Cristo, aunque bajo sombras, sin embargo, con fidelidad hasta que al final se manifieste a plena luz".

Todo el debate que se está llevando adelante últimamente sobre el "caso Lugo" se ha reducido a una falta contra la castidad. El problema existe. Pero, lo más grave y profundo es lo que concierne al pecado de volver a una concepción triunfalista de la Iglesia, donde se olvida y se borra la cruz del Mesías (cf. 1Cor 1, 17) y, en la búsqueda de los poderes de este mundo, se cree tener una solución que no nos es dada y no nos pertenece dar.

La purificación a la cual estamos llamados, gracias a la saludable bofetada que hemos recibido, es la purificación no solo de la codicia del hombre carnal, sino sobre todo de la arrogancia del éxito (cf. 1Jn 2, 16).

Si lo reducimos todo a un pecado carnal - ciertamente muy grave y escandaloso - de un miembro de nuestra Iglesia, comprobamos no haber sabido aprovechar los acontecimientos salidos a la luz en la Semana Santa de la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.

El Cristo y el Anticristo viven en el corazón de cada uno de nosotros. Nadie está llamado a juzgar a nadie, sino que todos debemos empezar pensando en nuestra conversión personal, enBreve relato sobre el Anticristo el cambio de nuestro corazón, en la purificación de nuestros actos.

Pero, es importante comprender dónde se encuentra el núcleo teológico del problema.

El teólogo ruso Solov'ëv puso de relieve los rasgos de este núcleo en el conocidísimo Breve relato sobre el Anticristo. La teóloga Michelina Tenace señala agudamente al respecto:

"Sustituir la conciencia del pecado con la conciencia de los problemas es, pues, un camino abierto hacia el ateísmo, como hace el Anticristo, que en el Relato es presentado como uno que tiene la solución para cada problema, mejor de como hace Dios: Dios salva amando, el Anticristo salva 'haciendo el bien'. ... Hacer desaparecer la dificultad es a menudo la ilusión de quien cree que la dificultad, y no la falta de amor, es la causa de su infelicidad".

Discípulos del Señor y no caciques

Me permito hacer una última anotación para que este pedido de perdón no caiga en el vacío, sino que adquiera la plenitud de su sentido.

En nuestro pedido de perdón, no solo tenemos que dirigirnos a Dios, sino que debemos tener el coraje evangélico de pedir perdón al pueblo, que ha tenido confianza en sus pastores.

Los caciques no saben reconocer sus errores y pedir perdón. Los discípulos del Señor, por el contrario, lo saben y deben arrodillarse delante del pueblo más pobre y humilde, que ha confiado en ellos.

La ex candidata presidencial del Partido Colorado, Blanca Ovelar, en una entrevista a "La Nación" del 19 de abril de 2009 (pág. 4), ha hecho esta contundente afirmación: "Creo que la Alianza ganó por la condición de obispo de la Iglesia Católica. ... El pa'i es una autoridad. Por su investidura de hombre consagrado tiene toda la credibilidad. Eso le dio fuerza al proyecto".Estela Ruiz Díaz

Y, en su análisis político, en "Última Hora" del 19 de abril de 2009 (pág. 14), Estela Ruiz Díaz ha escrito: "El capital político de Lugo se basaba en credibilidad que deviene de su lucha social como religioso".

Entre nosotros y Dios está también el pueblo; sobre todo están los más pobres, con quienes Jesucristo se ha identificado: sobre esto cada uno tendrá que rendir cuentas en el día del juicio final.

El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia es muy claro sobre este punto:

"El peso del pasado, que no se puede olvidar, puede ser aceptado solo en presencia de un perdón recíprocamente ofrecido y recibido: se trata de un recorrido largo y difícil, pero no imposible. El perdón recíproco no debe anular las exigencias de la justicia, ni mucho menos impedir el camino que conduce a la verdad: justicia y verdad representan, en cambio, los requisitos concretos de la reconciliación" (n.os 517-518).

Escuchemos, todos unidos, la conclusión de este fundamental documento del Consejo Episcopal Permanente de la CEP, y hagamos nuestra su conclusión, uniéndonos "a la Madre del Señor Jesús, la Santísima Virgen María, en su humilde deseo de poner en práctica, con fe y convicción, en nuestras vidas 'lo que Él nos diga', para seguir sus pasos, como sus discípulos misioneros, con renovada esperanza".

Emilio Grasso

24/04/09
 
 
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