SER testigos del amor de dios
SEGÚN EL propiO carisma
El retiro anual de las Hermanas de San José de Cluny, en Areguá
La búsqueda de la "voluntad divina" es el leitmotiv de las Constituciones de la Congregación de las Hermanas de San José de Cluny. La vida de la comunidad, guiada por la palabra de Dios, tiene este objetivo fundamental.
Para profundizar en este tema, las hermanas de la Provincia Paraguay-Argentina se han reunido en Areguá, desde el 9 hasta el 17 de enero, para el tradicional retiro anual.
Este año, la Madre Provincial de la Congregación ha invitado a Emilio a guiar el retiro, programando dos meditaciones al día y la celebración de la Eucaristía. El retiro se ha llevado a cabo en un clima de auténtico silencio y religiosa escucha.
Partiendo de algunos artículos de las Constituciones de la Congregación, Emilio ha desarrollado algunos aspectos de la vida religiosa, refiriéndose a diversos documentos del Magisterio de la Iglesia, y haciendo a menudo referencia a la sabiduría de los Padres, como Agustín, Gregorio Magno y Bernardo.
Ha subrayado frecuentemente, en el curso de las meditaciones, la íntima relación entre vida religiosa cristiana y vida trinitaria, de la cual la vida cristiana es un reflejo y hacia la cual tiende, para alcanzar su plenitud.
Como en la Trinidad, en la que todas las operaciones ad extra pertenecen a cada Persona, aunque en la plena distinción, sin separación, de lo que es propio de cada Persona, así en la vida religiosa el éxito o el fracaso de un miembro de la comunidad es el éxito o el fracaso de toda la comunidad.
Esto comporta una vida comunitaria construida sobre el amor, el respeto, la franqueza y la corrección fraternal, liberando una palabra de verdad, como amor auténtico y llamada a vivir fielmente el carisma, por el cual se ha entrado en la Congregación.
Frecuentemente, un falso respeto, el miedo de crear conflictos, la tendencia a vivir en la tranquilidad, llevan a los varios miembros de un Instituto a aceptar cualquier cosa que se haga, aunque no corresponda al carisma del Fundador o incluso se oponga a él. El vivir tranquilo ciertamente no ayuda a crear una comunión auténtica, y el testimonio que se da por cierto no es edificante.
La primera misión de cada religiosa empieza en el interior de la propia comunidad. No hay misión hacia los demás (ad extra), si primero no se construye la comunión en el interior (ad intra). Solo entonces se puede dar testimonio y el testimonio será auténtico, porque expresará realmente lo que se vive en la realidad comunitaria.
Es importante, pues, partir de la palabra de Dios, leída a la luz del carisma de los propios Fundadores, don del Espíritu Santo que ilumina un aspecto particular de la vida del Señor, viviendo el cual los religiosos realizan una exégesis viviente de la palabra de Dios. En efecto, es solo esta palabra, escuchada, rezada, meditada, contemplada y anunciada la que puede formar a la comunidad. Es solo la palabra de Dios la que nos hace descubrir la "voluntad divina", y nos ayuda a vivirla en la cotidianidad.
Procedemos de familias y Países diferentes, pero, nos reunimos juntos, porque cada uno ha contestado a la misma llamada, y quiere vivir la propia vocación en el interior de una determinada congregación.
Nuestras palabras, aunque lindas y edificantes, crean comunión solo como eco de la palabra de Dios.
De aquí, el discurso sobre la responsabilidad. La palabra "responsabilidad" tiene la misma raíz que la palabra "respuesta". Uno es responsable, cuando, frente a un problema, es capaz de dar una respuesta, y esta respuesta no es solo verbal, sino un compromiso concreto. Entonces se asume el problema con la inteligencia y la voluntad, llevando así a cumplimiento lo que es justo y verdadero.
Somos responsables frente a Dios cuando decimos nuestro "sí", cuando no dejamos caer su Palabra, sino que la escuchamos y la seguimos hasta donde nos lleve.
Al igual que María, quien, como ha afirmado el papa Pablo VI en el documento Marialis cultus, no ha sido en absoluto una mujer pasiva, sino que ha participado activamente, según su parte, del plan salvífico de Dios, en la escucha incondicional de su Palabra, cada religiosa está llamada a engendrar, hoy, al Hijo de Dios.
Emilio ha vuelto a llamar a todas las hermanas a descubrir de nuevo la dignidad de la propia vocación.
Las religiosas no pueden ser utilizadas como tapagujeros, sino que tienen que ser llamadas para actuar en una Diócesis o en una parroquia a fin de dar un testimonio específico, como anuncio del Evangelio vivido según la índole de la Congregación.
Refiriéndose al documento Mutuae relationes, Emilio ha subrayado que el testimonio de la comunidad religiosa es público, y se da para la edificación de la Iglesia local y universal.
Por tanto, es contraproducente y sin algún resultado positivo dar un testimonio diverso de lo que uno está llamado a rendir, en virtud de la elección que ha hecho.
Las religiosas no pueden aceptar desarrollar cualquier compromiso, sin condiciones, con el riesgo de perder las razones del porqué, un día, han elegido entrar en un determinado Instituto, sino que tienen que hacer oír la propia voz, como portadora de una realidad más profunda, la escatológica, que en parte ya viven y, sin embargo, hacia la plenitud de la cual tienden, para dar su contribución específica y profética, como participación al proyecto de Dios de salvar al mundo.
El retiro se ha concluido con la celebración de la Misa, en el día de la memoria de san Antonio Abad. Siguiendo las huellas de este gran padre del monaquismo cristiano, las Hermanas de San José de Cluny, fieles al propio carisma, han hecho un alto en Areguá para recuperar las fuerzas, en el silencio y en la oración, en el escucha de la palabra de Dios y en la lectura atenta de las propias Constituciones, para poder seguir cumpliendo la "voluntad divina", que, en la pobreza de ellas, constituye aquel tesoro precioso que han encontrado y seguirán buscando todavía.
Sandro Puliani
(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
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Las Hermanas de San José de Cluny son un instituto religioso femenino de derecho pontificio, fundado por Anne Marie Javouhey (1779-1851).
Después de una breve experiencia en el monasterio de las monjas trapenses de Sembrancher, en Suiza, Anne Marie Javouhey decidió dejar el claustro, y dio inicio a una congregación que agregar a la Tercera Orden Trapense.
En 1805 Javouhey se estableció en Chalon-sur-Saône, donde obtuvo el permiso de instituir a la "Sociedad de San José" (pensó en dedicar el naciente instituto al esposo de María, en honor a santa Teresa de Ávila, quien había puesto bajo su protección el primer monasterio que fundó): la Sociedad, finalizada al cuidado de los huérfanos, a la educación de los niños y a la instrucción de los pobres, habría debido comprender una rama masculina y una femenina, pero, Javouhey logró dar vida solo al sector femenino.
La congregación empezó en Chalon, el 12 de mayo de 1807.
En 1817, las hermanas empezaron a dedicarse también a la actividad misionera en las colonias francesas: la misma Fundadora, en 1822, llegó a Senegal y organizó escuelas y hospitales también en Gambia y en Sierra León; luego fue a Guyana, donde abrazó la causa de la redención de los esclavos de color (de donde la denominación de "madre de los negros"). Promovió también la formación del clero indígena.
La Fundadora ha sido beatificada por el papa Pío XII, el 15 de octubre de 1950.
Las Hermanas de San José de Cluny están presentes en todos los continentes, sobre todo en los Países en vías de desarrollo: se dedican a la instrucción, a la catequesis, a la animación espiritual, al servicio social y al cuidado de los enfermos.
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31/01/2011
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