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Si las palabras contasen algo...
Las elecciones presidenciales del 20 de abril han ratificado el triunfo del candidato de la Alianza Patriótica para el Cambio, el Obispo emérito de San Pedro, Mons. Fernando Lugo.
Después de 61 años de gobierno del Partido Colorado, una alianza, cuyo referente principal es el Partido Liberal Radical Auténtico que nunca logró ganar una elección presidencial en todos estos años, ha alcanzado a derrocar al partido de gobierno.
Los problemas empezarán a nacer ahora. Más que por Lugo, el pueblo, en su gran mayoría, ha votado en contra del Partido Colorado y de sus referentes principales, entre ellos, el actual Presidente de la República, Nicanor Duarte Frutos. En estos meses, se ha enfatizado la palabra cambio; una palabra de sabor mágico, dentro de la cual cada uno ha puesto el país que sueña.
La falta de un pensamiento crítico
Karl Marx, muy poco conocido en el Paraguay (el solo citarlo, en los tiempos de la dictadura colorado-stronista, constituía un auténtico peligro para la vida), recordaba, en su obra La ideología alemana, que "las ideas de la clase dominante son las ideas dominantes en cada época; o, dicho en otros términos, la clase que ejerce el poder material dominante en la sociedad es, al mismo tiempo, su poder espiritual dominante".
No es esta la sede para entrar en una discusión de tipo filosófico, pero, sería importante comprender que la absoluta falta de un pensamiento crítico en la educación escolar, como ha sido señalado en estos días en diferentes encuestas publicadas en los periódicos (cf. "ABC Color", 19 de abril de 2008, 41), vuelve a proponer el problema planteado por Marx, o sea, si el país pide un auténtico cambio ideológico o solo una diferente redistribución de las fuentes del poder y de la riqueza.
En su editorial del 22 de abril, "Última Hora" escribe que "el Presidente electo tiene que tener la certeza de que no le será fácil gobernar". Y, entre otro, cita "los focos de ideas autoritarias subsistentes, la resistencia al cambio, las debilidades personales, el concepto de Gobierno como botín de guerra, las rivalidades y apetencias de los que le apoyan; la falta de pasión para trabajar en favor de la colectividad y la ausencia de creatividad para superar los escollos".
Del cambio del corazón al cambio cultural
De hecho, en este caso, el Obispo emérito no sería sino el nombre detrás del cual van a reposicionarse nuevos equilibrios de poder, sin un sustancial y auténtico cambio, que pasa por el cambio del corazón (los ojos del corazón), que luego produce un cambio cultural (los ojos de la inteligencia).
Domingo 20 de abril, hablando de los candidatos a las elecciones presidenciales, "La Nación" escribía que "lo más probable es que se dé algún ‘recauchutaje' para seguir otros cinco años más y no precisamente un ‘cambio' en el estricto sentido de la palabra". Y, hablando del candidato Fernando Lugo, escribía, en propósito: "Parece ser quien trae la ‘caja de sorpresas', pues se le vincula con ideas socialistas que si bien pudieran caer bien al sector popular, inquietan al empresariado. Sin embargo, es difícil definir cuál será finalmente su línea económica, pues está aliado con el Partido Liberal, que por filosofía riñe con los pensamientos de izquierda. Entonces, si Lugo gana, habrá que ver cómo compagina las ideas de los distintos sectores que le apoyan. Lo más probable es que tendrá que buscar algún punto de equilibrio, pues es la única forma de mantener la gobernabilidad". El artículo terminaba con estas observaciones, que me parecen bien fundadas y que dan razón al autor cuando afirma que todo este cambio sería apenas un "recauchutaje": "Además, cualquiera que sea el ganador, es más que difícil realizar cambios profundos en la economía del país, pues muchos de los ajustes pasan por el Congreso, por la Ley de Presupuesto, por los organismos financieros internacionales. Sin contar con el aval de estas instituciones, se hace muy difícil llevar adelante los proyectos. Esta situación, a la que ya estamos acostumbrados, permite pensar que ninguno de los candidatos implicará cambios muy radicales en la conducción económica y lo más probable es que se hará un poco más de lo mismo, quizás se mejoren algunas cosas y se empeoren otras. Pero, en general, el tan añorado ‘cambio' probablemente decepcione a muchos, pues cinco años es corto plazo para arreglar los innumerables problemas que aquejan al país. Quizá el cambio debiera empezar por cada uno de los paraguayos, de tal suerte que la suma de cada una de las partes nos permita llegar a algún resultado medianamente satisfactorio" (cf. L.C. IRALA, Apenas un "recauchutaje", en "La Nación", 20 de abril de 2008, 26).
Sin este cambio profundo del corazón de cada uno, todo vuelve al punto de partida. Los más pobres pedirán "ahora y enseguida" la realización del sueño prometido, y serán los primeros, por su legítima impaciencia, a pagar el precio de un cambio que "sería apenas un recauchutaje" y, en consecuencia, no modificará su condición de vida.
La vocación propia de los laicos
Por eso, la Iglesia, sin separarse del compromiso político o despreciarlo mínimamente, hace una precisa distinción entre el compromiso evangelizador y sacramental de los Obispos y sacerdotes y el compromiso político, que pertenece a los laicos.
Son ellos los que habrían debido derrocar a un partido en el poder desde hace 61 años, sin ampararse detrás de un Obispo. Porque, hasta ahora, aunque suspendido a divinis (cuestión del tipo "el sexo de los ángeles", que el pueblo poco entiende en sus implicancias), Mons. Lugo sigue siendo un Obispo de la Iglesia católica. Por eso, más allá de cualquier guerra sucia desencadenada contra él o de la repetición de ciertos cánones del Derecho Canónico, es considerado por el pueblo una voz nueva y creíble, frente a una clase política corrupta o desprestigiada. Es por eso por lo que un partido de secular tradición histórica, como el Partido Liberal Radical Auténtico, no ha encontrado a un exponente propio, para presentarlo como candidato a la Presidencia.
La corrupción ha empapado todos los sectores del país, sin ninguna exclusión. Sobre todo existe, muy difundida, una corrupción de la palabra; una corrupción cultural y, si no se quiere mentir, hay que reconocer también una corrupción del auténtico sentido de la fe.
El 20 de abril no ha sido solo el día de las elecciones presidenciales. Para nosotros los católicos (y aquí todos se declaran católicos-apostólicos-romanos..., pero, se vive tranquilos el self-service de la religión, en las estaciones de servicio de las parroquias y capillas, y, sobre todo el 8 de diciembre en la gran estación de servicio del Santuario de Caacupé...), este día ha sido también el día de la celebración del Quinto Domingo de Pascua.
Y la liturgia tendría que ser la fuente y la cumbre de toda la vida del cristiano; fuente y cumbre que da sentido (en la distinción, que no es separación) a todas las actividades de la vida cotidiana. Entre estas, para los laicos, la actividad política constituye la actividad principal, su vocación particular.
En la primera lectura del 20 de abril, los Apóstoles, y los Obispos, que en la Iglesia son los sucesores de los Apóstoles, han proclamado: "No es justo que descuidemos el ministerio de la Palabra de Dios para ocuparnos de servir las mesas. Es preferible, hermanos, que busquen entre ustedes a siete hombres de buena fama. ... De esa manera, podremos dedicarnos a la oración y al ministerio de la Palabra".
Cuando, para constituir una coalición electoral, un Obispo deja lo que es suyo, para ponerse allá donde se encuentra la vocación propia de los laicos, existe algo que no funciona en la sociedad y, hay que reconocerlo honestamente, tampoco en la Iglesia.
Cómo salir de esta situación no será fácil. Sobre todo en el futuro. Justamente, sobre este tema, el destacado canonista Mons. Velasio De Paolis planteó a la Agencia ANSA el problema: "¿Cómo dar la dispensa, que es una gracia, a uno que desobedeció en modo grave?" (cf. "Última Hora", 22 de abril de 2008, 12).
Contra cualquier triunfalismo
Las invasiones de campo constituyen un peligro y una fuente de confusión, que mañana pagaremos caro todos.
Si, para ganar las elecciones, necesita un religioso que es también Obispo (la Iglesia sigue diciendo que Mons. Lugo, aunque suspendido a divinis, es siempre un Obispo de la Iglesia católica), esto quiere decir que existe un laicado que falta de madurez.
La política pertenece a los laicos, bajo su responsabilidad. A los Obispos y sacerdotes, les pertenece el ministerio de la Palabra (Palabra de Dios en sentido de genitivo subjetivo, que quiere decir no una cualquier palabra nuestra, sino la Palabra que Dios pronuncia a través de nosotros), que nace de la oración; que es escucha del proyecto de Dios sobre su pueblo, y respuesta a Dios, presentándole el grito de sufrimiento y las necesidades del pueblo, según el deseo del corazón de Dios.
El problema principal, sobre el cual la Iglesia debe interrogarse es este, unido al hecho de que hemos cumplido una invasión de campo, porque fuimos incapaces de formar a laicos honestos y preparados, que asumiesen el compromiso político como su tarea principal.
Cualquier triunfalismo no puede esconder este hecho, determinante para el futuro de la Iglesia en el Paraguay:
Son preguntas fundamentales, que se presentan a la conciencia de los laicos católicos y a la de los Obispos.
Para encontrarnos en la verdad y en la libertad
El pueblo paraguayo, visto con los ojos de Dios, no merece ser tratado como un pueblo incapaz de tomar, en los campos de su pertenencia, sus decisiones.
La verdad nos hace libres. Puede llegar con un cierto retraso, pero, por medio de ella, y solo por medio de ella, llegamos a ser libres.
No descuidar la oración y la predicación de la Palabra de Dios, por ocuparnos de servir las mesas, es la verdad que nos hará libres.
Hacer lo que es justo - como hemos leído en los Hechos de los Apóstoles, domingo 20 de abril - es la fuente y la cumbre de la vida cristiana. Es, también, la fuente y la cumbre de la distinción entre fe y política. Y esta verdad nos hará libres de todo gobierno corrupto, mentiroso, dictatorial y enemigo de los más pobres con los cuales Cristo Jesús se ha identificado.
Dejemos que cada uno viva su vocación, libremente elegida y libremente aceptada.
Encontrémonos en la verdad y en la libertad.
No existe, de ninguna manera, el problema de no reconocer, como Presidente de la República del Paraguay, al hombre que los ciudadanos han elegido libremente. No existe una cuestión entre Iglesia y Estado.
Pero sí existe una cuestión, una profunda cuestión eclesial, espiritual, sobre la concepción teológica de la vida religiosa, del sacerdocio y del Obispo. Y todo esto no puede reducirse a una sencilla cuestión de interpretación del Código de Derecho Canónico. También el Código tiene sus fuentes en la Escritura, en la Tradición y en la interpretación del Magisterio de la Iglesia.
No hablo de la conciencia de nadie y no la juzgo. Cada uno está llamado a formar y seguir la suya, con toda libertad.
Presento solo problemas objetivos. Y, entre estos, los que más me preocupan son: el problema de la fidelidad a una palabra dicha, el del respeto de la vocación de los laicos y la cuestión de la laicidad del Estado. Esta laicidad exige una precisa distinción de funciones que, lo digo con dolor, ha faltado el 20 de abril.
Emilio Grasso
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22/04/08
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