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Volver al arte del razonamiento
En "Última Hora" de domingo 28 de diciembre de 2008, pág. 5, apareció un artículo donde textualmente se escribía: "El sacerdote jesuita José Luis Caravias calificó de desubicado a monseñor Rogelio Livieres Plano, titular de la diócesis de Ciudad del Este, por su ‘enfoque desmedido' acerca de la Teología de la Liberación. Este último había manifestado en una entrevista a 'Última Hora' que existe un desorden doctrinal y una falta de coherencia dentro de la Iglesia Católica. En una entrevista con radio Uno, el padre Caravias, quien está al frente de la casa de retiro Santos Mártires de Limpio, se refirió al enfoque de la Teología de la Liberación de la que habla monseñor Livieres Plano. 'Creo que Livieres va por un camino apartado de los demás, pienso que es un desubicado. Me parece una tontera tan grande porque hoy en día no existe la Teología de la Liberación'[1], indicó el sacerdote jesuita. Dijo que no existe una Teología de la Liberación y que no se puede responder a todos los problemas del mundo porque actualmente todo está muy globalizado y hay que aprender a lidiar con diferentes conceptos y puntos de vista dentro la Iglesia Católica. Caravias fue un poco más allá en sus calificaciones e incluso dijo que Livieres Plano 'es un poco necio y demente porque tiene una visión errada en sus conceptos y ve fantasmas donde no los hay'".
Desde hace mucho tiempo he señalado que hablar de Teología de la Liberación en general es algo impreciso. Existen diferentes enfoques sobre el tema y sería más correcto hacer en este campo, como en otros, algunas distinciones adecuadas y oportunas.
Ya escribí que, en mayo de 1996, el Card. Ratzinger volvió de nuevo sobre el tema de la Teología de la Liberación, que él sometía a juicio crítico por los siguientes motivos: "La Teología de la Liberación deducía que esta situación, que no debe perdurar, solo puede ser vencida mediante un cambio radical de las estructuras de este mundo, que son estructuras de pecado, estructuras de mal. Si el pecado ejerce su poder sobre las estructuras, y el empobrecimiento está programado de antemano por ellas, entonces su derrocamiento no puede producirse mediante conversiones individuales, sino mediante la lucha contra las estructuras de la injusticia. Pero esta lucha, como se ha dicho, debería ser una lucha política, ya que las estructuras se consolidan y se conservan mediante la política. De este modo, la redención se convertía en un proceso político, para el que la filosofía marxista proporcionaba las orientaciones esenciales. Se transformaba en una tarea que los hombres mismos podían, e incluso debían, tomar en sus manos, y, al mismo tiempo, en una esperanza totalmente práctica: la fe, de teoría, pasaba a convertirse en praxis, en concreta acción redentora en el proceso de liberación".
Entre singular y plural
A propósito de esto, escribí esta nota: "Considero que sería más correcto hablar de Teologías de la Liberación en lugar de Teología de la Liberación. En efecto, bajo un solo nombre han entrado varias expresiones teológicas, que dependen de diferentes teólogos, escuelas de pensamiento, comunidades eclesiales. Juan Pablo II mismo, escribiendo al episcopado de Brasil, afirmaba: 'En la medida en que se compromete a buscar aquellas respuestas justas - llenas de comprensión por una rica experiencia de la Iglesia en este país, tanto eficaces y constructivas cuanto es posible y, al mismo tiempo, adecuadas y coherentes con las enseñanzas del Evangelio, de la Tradición viva y del perenne magisterio de la Iglesia - estamos convencidos que la Teología de la Liberación no solo es oportuna, sino útil y necesaria. Ella debe constituir una nueva etapa - en estrecha colaboración con las precedentes - de aquella reflexión teológica empezada por la Tradición apostólica y continuada por los grandes Padres y Doctores, por el magisterio ordinario y extraordinario y, en la época más reciente, por el rico patrimonio de la doctrina social de la Iglesia. ... Para desarrollar esta función es más que necesaria una acción sabia y valiente de los pastores, o sea de los Obispos. Dios les ayude a vigilar sin cesar, para que la correcta y necesaria Teología de la Liberación se desarrolle en Brasil y en América Latina, de forma homogénea y no heterogénea con respecto a la teología de todos los tiempos, en plena fidelidad a la doctrina de la Iglesia, atenta a un amor preferencial no excluyente ni exclusivo hacia los pobres'" (toda la documentación en E. Grasso, Firmeza y decisión. Fe y política en la perspectiva de los excluidos de la sociedad, Centro de Estudios Redemptor hominis, San Lorenzo 2007, 29-30).
Por eso la anotación del P. José Luis Caravias, quien escribe "que no existe la Teología de la Liberación", me parece correcta.
En "ABC Color" del 31 de enero de 2009, pág. 6, se lee: "‘Bienaventurada sea la persecución' sufrida por los teólogos de la Liberación y por él mismo, dijo Lugo, quien confesó que gracias a ese movimiento religioso tuvo 'el olfato necesario para tomar el camino' que le indicaba su 'conciencia'. La Teología de la Liberación 'salvó mi fe y me salvó de acabar convertido en un burócrata de los santos oficios', apuntó Lugo. Dijo que esa corriente ‘retira las cenizas inservibles para animar el fuego verdadero de la fe', que 'como Dios, está siempre junto a los más pobres', apuntó".
Como se puede leer, el Presidente Fernando Lugo habla de la Teología de la Liberación usando la forma singular, sin distinciones, precisando también que quien lo introdujo en la Teología de la Liberación fue el teólogo brasileño Leonardo Boff, reconocido por el mismo Presidente Fernando Lugo como su "padre espiritual".
Ahora, la cuestión que se plantea, más allá del compartir o menos un determinado pensamiento teológico, es si se pueda definir a un Obispo (Mons. Livieres), quien está en buena compañía del entonces Card. Ratzinger y del Presidente de la República del Paraguay (quien habla conociendo bien la cuestión puesta), "un poco necio, demente y desubicado", solo porque utiliza el singular y no el plural - como a mí personalmente me parece más preciso - hablando en general de Teología de la Liberación y no de Teologías de la Liberación.
En asuntos tan importantes y fundamentales, donde están cuestionadas la vida y la muerte, y también la fe católica de tantos hombres, con una opción preferencial por los pobres, pienso que serviría ser un poco menos hincha de un equipo o de otro, y volver al arte del razonamiento, de la distinción y del recíproco respeto.
Algo del cual soy deudor de los padres jesuitas, quienes me lo enseñaron en los estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana, el Alma Mater Studiorum.
Emilio Grasso
[1] Las negritas son mías y no del autor de la afirmación.
06/02/09
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