Proponemos una reflexión sobre María,
en la Solemnidad de María Santísima Madre de Dios
MARÍA: HIJA, ESPOSA Y MADRE DE LA PALABRA
La Iglesia ha proclamado Madre de Dios a la Virgen María, porque Jesucristo es, al mismo tiempo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Es muy importante subrayar que María, antes de ser Madre, es Esposa de la Palabra, del Verbo. En efecto, ella entregó todo su ser a la Palabra de Dios, donándose completamente como la esposa a su esposo.
Pero, para ser esposa, antes tuvo que conocer y escuchar esta Palabra, como una hija devota, dando su vientre y sus entrañas a la Palabra, para que ésta pudiese tomar carne y sangre en su cuerpo.
María es una jovencita pobre y humilde. La pobreza de María es auténtica pobreza de corazón. Ella no opone nada a lo que recibe del anuncio del ángel: en su vacío interior, se pone a la escucha del enviado de Dios como verdadera hija de la Palabra. Se nutre de la Palabra, se llena de ella y se deja formar por la misma, meditándola en su corazón.
Ella vive insertada en la tradición religiosa de su pueblo y conoce la promesa de salvación dirigida a Israel. Con plena libertad y conciencia, María decide compartir el proyecto de Dios sobre su vida y la vida de los hombres con su sí al anuncio del ángelÞ. El suyo es un consentimiento nupcial de entrega libre, que lo abarca todo. La categoría de esposa es la categoría del amor, de la libertad: una mujer, en efecto, es madre si antes es esposa, si entrega al esposo, en una relación de reciprocidad, no solo su cuerpo, sino también su corazón y su interioridad. María recibe a Dios y vive de Él; encuentra en Él su paz, su gozo, su vida. Ella es el espejo en el cual se refleja solamente la belleza de Dios, la capacidad que acoge todo su don. María es el eslabón que une el hombre a Dios: sin la libertad de esta mujer, no habríamos podido tener a Jesús, la Palabra hecha carne, y tampoco a la Iglesia. En el amor nupcial tenemos un intercambio de naturaleza entre el esposo y la esposa. Del mismo modo, en la relación de
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Þ EN LA MENTE Y EN EL VIENTRE
"Ven conmigo a reflexionar sobre este nacimiento en el que [Dios] se anonadó a sí mismo tomando la naturaleza del siervo... ¿Dónde? En la Virgen María... Un ángel trae el anuncio, la Virgen escucha, cree y concibe: la fe en la mente y a Cristo en el vientre.
La Virgen concibió, creyendo en Aquel al que concibió creyendo. En efecto, cuando le fue prometido el Hijo, ella preguntó cómo habría sucedido eso... El ángel le contestó: 'El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que nacerá de ti será santo y llamado Hijo de Dios'. Y después de decir así el ángel, ella, llena de fe y concibiendo a Cristo antes en la mente que en el vientre, contestó: ‘Heme aquí...'. María creyó y en ella se realizó lo que creyó. Nosotros también creemos, para que lo que se realizó pueda servir a nosotros también".
(AGUSTÍN, Sermones 196, 1; 215, 4)
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la Virgen con la Palabra, en su amor nupcial, tenemos la plenitud del intercambio entre la naturaleza de Dios y la del hombre. El Verbo de Dios comunica a María la naturaleza divina, y María da al Verbo la naturaleza humana. Por eso, en María y con María, tenemos la posibilidad de la divinización de cada hombre; cada uno de nosotros está llamado a transformarse, como ella, en carne de Dios. Siendo Hija y Esposa de la Palabra, María puede volverse Madre de la Palabra, o sea, de Jesús, verdadero Hijo de Dios.
María, acostumbrada a guardar fielmente las palabras de Dios en su corazón (cf. Lc 2, 19.51), fue glorificada por su Hijo mismo, Jesús, cuando, hablando de su madre, este reveló el sentido profundo de su maternidad: "¡Felices, pues, los que escuchan la palabra de Dios y la observan!" (Lc 11, 28).
María, antes de ser madre en su vientre, es madre en su menteÞ, en su memoria, inteligencia, voluntad, libertad y responsabilidad. Es la Madre que comparte, en su corazón, los pensamientos de Dios, sus criterios de amor al hombre, su designio de salvación. Por eso, ella es también la Madre de la Iglesia, o sea, de todos los fieles en los cuales continúa concibiendo a Cristo.
E. Grasso, Fe y Escucha. El arte de escuchar, Centro de Estudios Redemptor hominis (Cuadernos de Pastoral 12), San Lorenzo (Paraguay) 2005, 15-19.
31/12/2011
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