Vida consagrada en África/14
HACE BRILLAR LA LUZ
La celebración de la Jornada de la Vida Consagrada
Este año, la Iglesia de Mbalmayo (Camerún) ha querido celebrar con una solemnidad particular la Jornada de la Vida Consagrada. El Padre Armand Fessi, Vicario Episcopal para los consagrados, en esta ocasión, ha querido reunir a los miembros de los varios Institutos de la Diócesis, para subrayar su significado.
Es así como el Centro del noviciado de los Padres Espiritanos ha hospedado a casi sesenta personas, pertenecientes a las varias comunidades religiosas de la Diócesis.
El acontecimiento se ha desarrollado bajo el signo de la liturgia de la Presentación de Jesús en el templo, elegida por Juan Pablo II para celebrar la Jornada anual de la Vida Consagrada, como icono significativo de la donación total de sí, para las mujeres y los varones, quienes han hecho profesión de los consejos evangélicos.
Discernir la novedad
Una liturgia que hace memoria del episodio evangélico, en el cual se revela, escondido detrás de la pobreza de los signos, el misterio del Hijo de Dios. En efecto, están muchas personas alrededor de María y José, mientras ofrecen humildemente a Jesús en el templo, siguiendo la tradición del pueblo, pero, solo dos ancianos guiados por el Espíritu, Simeón y Ana, están en condiciones de descubrir la gran novedad, detrás de la apariencia de gestos ordinarios.
Como ha subrayado Benedicto XVI, en su homilía del 2 de febrero pasado, durante las Vísperas celebradas con los religiosos y las religiosas, Simeón y Ana ven, por fin, a la Luz venida para iluminar al mundo; su mirada profética es la única capaz de captarla y de abrirse al futuro, anunciando al Mesías esperado.
Es exactamente esta misión profética ‒ que, de por sí, es propia de todos los cristianos, de la cual, sin embargo, la vida consagrada reivindica una apropiación especial‒, la que los miembros de las comunidades religiosas están llamados a asegurar. La profesión de los consejos evangélicos pone a las personas consagradas como signo profético para el mundo; ellas hacen una experiencia singular de la luz que emana del Cristo, y su misión es la de irradiarla entre los hombres (cf. Vita consecrata, 15).
En esta jornada, los religiosos de la Diócesis de Mbalmayo han querido evocar esta dimensión profética con una reflexión de Silvia Recchi, la cual ha recordado el significado de la profecía y sus exigencias en la vida personal y comunitaria de los miembros de los Institutos.
La vida consagrada, en la Iglesia, precisamente en cuanto "signo" escatológico, prefiguración de la realidad del Reino de Dios, debe garantizar este testimonio profético, que permite discernir y juzgar las realidades presentes.
El testimonio de una conciencia iluminada
La reflexión introductora ha evidenciado, con abundancia de ejemplos, que la identidad de las personas consagradas no se manifiesta, actuando principalmente como grandes constructores de estructuras o como organizadores de obras aunque importantes, sino asegurando de modo prioritario una presencia profética, mediante una conciencia iluminada e iluminante en el interior de la Iglesia. Sin esta identidad, los miembros de los Institutos dejarían de ser un "signo" carismático del Reino de Dios.
Es necesario admitir que la tentación constante de las comunidades religiosas, sobre todo en los contextos de gran pobreza de África, es la de asegurar algunos servicios. Esto hace fácilmente deslizar a los miembros de los Institutos del campo de la profecía, entendida como el ejercicio de una función crítica a la luz del misterio de la redención, al de los ministerios, de la actividad, ciertamente útiles, que, sin embargo, a veces, hacen olvidar que la propia misión es la de anunciar al Único necesario, y las exigencias radicales del Reino.
La dimensión ministerial, por otra parte, en detrimento de una presencia más "profética", es la más solicitada por los Obispos, a fin de poder tapar los numerosos "agujeros" presentes en la organización de sus Diócesis. Esta recibe, frecuentemente, una mayor atención de parte de las mismas comunidades religiosas, que, de este modo, se sienten apreciadas y al amparo de las incomprensiones, de los conflictos y de las tensiones típicas de la vida de los "profetas", destinados a anunciar a los unos y a los otros lo que los oídos no siempre quieren escuchar.
Esto no significa, naturalmente, que la misión profética, íntimamente ligada a la propia identidad carismática, que los miembros de los Institutos de vida consagrada deben garantizar en la Iglesia, los transforme en espectadores inertes frente a las necesidades de sus contemporáneos; al contrario, la fidelidad a su identidad les da la luz para interpretar más profundamente tales necesidades, y para darles respuestas más auténticas.
Consagración sin rescate
A la reflexión introductora ha seguido la celebración solemne de la Misa, precedida del rito de la luz. El Obispo de Mbalmayo, ya que no podía estar presente, ha enviado a un delegado particularmente calificado, en la persona del reverendo Philippe Alain Mbarga, Rector del Seminario Mayor de Nkolbisson, en Yaoundé, quien ha presidido la celebración eucarística.
El Rector Mbarga, en su homilía, mediante una profunda exegesis de la Palabra de Dios, ha querido expresar, sobre todo, el significado de la Presentación de Jesús en el templo, según el Evangelio de Lucas, donde se subraya de modo especial la consagración irreversible de Cristo, ofrecimiento a Dios sin ningún "rescate". De aquí el sentido de la irreversibilidad de la consagración religiosa, que exige fidelidad y coherencia, como ofrecimiento total e incondicional de la propia vida, sin "rescate", a Dios
Después de la celebración litúrgica, algunos intercambios fraternales han concluido una jornada particularmente evocadora de la identidad de la vida consagrada y de sus exigencias.
La Redacción
(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
03/04/2011
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