Vida de las misiones en África/24
SACERDOTES EN CAMERÚN
Los desafíos a la formación
En este año, que Benedicto XVI ha querido dedicar especialmente al sacerdocio, el Seminario Mayor de la Inmaculada Concepción de Yaoundé ha celebrado, el 7-8 de diciembre pasado, su 40 aniversario de
existencia.
Una solemne celebración
Una solemne celebración, precedida por un Simposio, ha marcado el acontecimiento, con la presencia del Nuncio Apostólico, Mons. Eliseo Antonio Ariotti, del Presidente de la Conferencia Episcopal Nacional, Mons. Victor Tonye Bakot, de Mons. Timothée Modibo, Presidente de la Asociación de las Conferencias Episcopales de los Países de África Central, y de muchos otros Obispos.
Mons. Jan Dumon, Secretario General de la Obra Pontificia de San Pedro Apóstol, ha representado, en esta ocasión, a la Congregación para la Evangelización de los Pueblos, asegurando la comunión con la Iglesia de Roma, según el mensaje que ha transmitido durante la celebración.
Ciertamente 40 años no son muchos para la vida de un Seminario, pero, para las jóvenes Iglesias del continente africano y para la Iglesia en Camerún representan una tradición no irrelevante, a mayor razón por el hecho de que en él han sido formados varios exponentes del episcopado nacional y de los Países cercanos.
Un momento privilegiado de la celebración ha sido representado por el Simposio, que ha permitido hacer memoria de la historia del Seminario y de su evolución en los años. Han intervenido, al respecto, los Rectores que se han subseguido en su dirección, algunos de los cuales ahora son Obispos, como Mons. Adalbert Ndzana, Obispo de Mbalmayo o Mons. Jean Mbarga, Obispo de Ebolowa.
Esta memoria ha hecho revivir, a partir de la fundación del Seminario, deseada por el entonces Arzobispo de Yaundé, Mons. Jean Zoa, los momentos de dificultad, de esperanza y el coraje de los primeros precursores.
Mons. Dumon ha intervenido en el Simposio para representar a la Iglesia de Roma, pero también con la experiencia directa de los problemas, habiendo ejercido por años, en la República Democrática del Congo,
la función de Rector del Seminario. Su intervención ha puesto el acento sobre la necesidad de la radicación eclesial de la formación de los sacerdotes en el continente africano, desarrollada de manera realista, pero también con una profunda mirada espiritual, sin descuidar de los desafíos culturales.
El Simposio ha centrado su atención sobre la formación de los candidatos al sacerdocio. Con respecto a esto, hubo una conferencia del Rev. Joseph Ndi Okalla, Prefecto para los estudios del mismo Seminario de la Inmaculada Concepción, que ha recorrido las etapas de su evolución histórica, desde el Vaticano II hasta el reciente Sínodo sobre la Iglesia en África.
Como única voz laical y femenina del Simposio, yo he dictado la secunda conferencia. El actual Rector del Seminario me ha querido confiar la tarea de exponer la dimensión eclesiológica y las implicaciones pastorales de la formación de los sacerdotes.
Los animadores de la mesa redonda han sido, en cambio, algunos Obispos, quienes han desarrollado unos aspectos específicos en la formación de los candidatos al sacerdocio, en particular, el aspecto espiritual, pastoral y social. A turno, han tomado la palabra Mons. Jean-Marie Benôit Bala, Obispo de Bafia, Mons. Jean Mbarga, Obispo de Ebolowa, Mons. Jean Bosco Ntep, Obispo de Edéa y Mons. Timothée Modibo (Gabón).
Los desafíos que afrontar
El segundo Sínodo sobre la Iglesia en África ha hecho notar el crecimiento de las vocaciones sacerdotales en el continente. El clero diocesano anota un aumento de vocaciones del 78%, en los últimos diez años. El Sínodo, sin embargo, no ha escondido sus fragilidades y límites, sobre todo a nivel formativo. Si el aumento de las vocaciones puede ser considerado un signo de creciente madurez de las jóvenes Iglesias, sin embargo, no falta ambigüedad con respecto a los jóvenes candidatos, que ven frecuentemente en el sacerdocio la sola posibilidad de una evolución de la propia situación personal y de una promoción social.
La formación de los sacerdotes es un problema delicado en toda la Iglesia universal, pero, en los países de África negra lo es mayormente, porque faltan la cultura y las raíces propias de un cristianismo milenario, y también porque muchos candidatos provienen de ambientes tocados por la evangelización desde hace poco tiempo.
El conflicto entre algunos valores culturales africanos y las exigencias de la vocación sacerdotal no es sin consecuencias. El ministerio de los sacerdotes, a menudo, está amenazado por obstáculos, como el apego a la familia de sangre, la aspiración a la descendencia natural y a la fecundidad biológica, como también por las numerosas prácticas pseudocristianas, fundadas en tradiciones y ritos locales, que corrompen la economía sacramental y la proyectan en un horizonte frecuentemente mágico y esencialmente pagano.
El problema de la formación de los candidatos al sacerdocio es fundamental. En efecto, es necesario formar a unos Pastores que no se limiten a ser administradores de lo "sagrado", sino que sean capaces de realizar la evolución de un cristianismo vivido, en África, casi exclusivamente en un espacio
sacramental, a un cristianismo abierto a todas las exigencias evangélicas y misioneras. Es decir, se necesita formar a Pastores capaces de acompañar a los fieles a través de los desafíos de las mutaciones profundas de las sociedades africanas, producidas por la crisis económica, las transformaciones sociales, los conflictos étnicos, la pobreza y los problemas de reconciliación, justicia y paz.
Una formación, por lo tanto, que permita a los futuros sacerdotes afrontar los interrogantes profundos de los hombres de este tiempo, teniendo presente que hay una fisonomía esencial del sacerdote, que debe ser salvaguardada y que nunca podrá cambiar. El sacerdote del mañana, en efecto, no menos que el de hoy, está llamado a imitar a Cristo. Como el Señor, él tiene que dedicarse esencialmente a "comunicar" a los demás la vida divina, cuando enseña, cuando anuncia la palabra, cuando dialoga, cuando administra la gracia de los sacramentos, cuando habla con los pobres, con los jóvenes, con los no creyentes, cuando trae el consuelo, la esperanza, la fe y la misericordia.
Silvia Recchi
01/02/2010