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Vida de las misiones en África/26
 

Lee "El sínodo acaba y no acaba". Para una primera recepción del Sínodo Africano/1


ÁFRICA: ¡LEVÁNTATE Y CAMINA!

PARA UNA PRIMERA RECEPCIÓN DEL SÍNODO AFRICANO/2


Al reanudar la Escuela de formación para laicos en Obeck, que prevé algunos cursos de formación teológica de base, y otros de especialización sobre temas de evangelización, en contexto urbano y de pastoral de la familia, hemos querido proponer también un ahondamiento en los trabajos de la Segunda Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para África. Es oportuna, en efecto, una recepción teológico-pastoral, para continuar con los fieles la reflexión realizada en la fase de preparación.

Como primera aproximación, hemos hecho juntos la lectura del Mensaje al Pueblo de Dios[1] de los Obispos, buscando captar su núcleo espiritual fundamental. Luego, hemos mostrado la continuidad de los trabajos sinodales, en las varias etapas, y también la convergencia de las líneas pastorales en acto en nuestra parroquia con las principales orientaciones sinodales, poniendo en luz nuevos aspectos y subrayados importantes, que indican un camino.

Nuestro destino está en nuestras manos

La imagen evangélica propuesta por el Segundo Sínodo Africano de 1994 era el hombre robado, dejado medio muerto a los bordes del camino, descrito en la parábola del Buen Samaritano. El Samaritano es Cristo mismo, el cual, movido por entrañas de misericordia, unido a su Iglesia, cura y sana a África, representada por el hombre herido física y espiritualmente.

El Segundo Sínodo Africano nos ofrece otra analogía evangélica, para invitar a África a una actitud más responsable y activa, a no ser ya como un hombre imposibilitado de hacer cualquier cosa, sino a hacerse como aquel "paralítico" que, habiendo tenido fe en el Señor, ha sido sanado en día de sábado, y ha vuelto a encontrar plenamente la fuerza de ponerse de pie y caminar (cf. Jn 5, 1-9).

La Iglesia, en efecto, no pide a África que resuelva hoy todos los problemas que tiene, tanto menos de hacerlo a solas, sino que se sacuda y comience a afrontarlos; que se levante y camine; que se libere de la parálisis de la incertidumbre y del fatalismo frente al atolladero histórico del Continente, y es por esto por lo que le dice: "África, ¡levántate!" (cf. Mensaje, nn.° 34-42).

El mensaje, en efecto, une al análisis racional y cruel acerca de los males internos y externos al Continente, la llamada a la esperanza. Las injusticias sufridas en la historia no pueden ser un pretexto para la parálisis. La Iglesia, con la luz del Evangelio, acompaña en su camino a África, de la cual se ponen en evidencia también los signos de reanudación y esperanza. Los Obispos, en fin, animan con fuerza al pueblo de Dios: "Nuestro destino está todavía en nuestras manos" (Mensaje, n.° 42).

Laicos: embajadores de Cristo en la sociedad

La Iglesia, en un fuerte aflato universal del Sínodo, es definida "única familia de Dios esparcida por el mundo" (Mensaje, n.° 11); por eso, es fuertemente lanzada de nuevo la concertación teológica y pastoral a nivel continental y universal.

En la Iglesia, fraternidad más allá de las etnias, cada persona es importante. Aunque dirigiéndose a todos, los Obispos atribuyen una función particular a los laicos, que son llamados "embajadores de Cristo" (Mensaje, n.° 8), en la obra de reconciliación de los hombres con Dios y entre sí, y de reconstrucción de África. Ellos está llamados a impregnar de la fe cada aspecto de la propia vida y a ser, ellos primeros, "sal de la tierra y luz del mundo" (cf. Mt 5, 13.14).

Si los laicos son los embajadores de Cristo, tienen necesidad de una profunda formación permanente, para afrontar los desafíos de la sociedad. Por esto, se insiste en la formación de las conciencias y la conversión de los corazones, para juntar la dimensión intelectual con la espiritual. Esta insistencia religiosa, para interpretar bien la perspectiva sinodal, no tiene que ser puesta en sombra por la insistencia ética de empeño social.

El mensaje menciona varios elementos pastorales experimentados por nuestros fieles de Obeck, como la importancia de una sana gestión financiera, las Comisiones Justicia y Paz, el micro-crédito y, sobre todo, las Comunidades Eclesiales Vivientes, como lugar de comunión y evangelización de la familia en profundidad.

Pero, no ha pasado inadvertido a nuestros fieles la novedad de la insistencia en la vocación a la santidad del laicado en la vida pública; una santidad dotada de un carisma de lucha y movilización de todos los hombres de buena voluntad, para combatir los males que afligen al Continente.

Esta vocación a la santidad exige que se sepa ir contracorriente en ambientes generalmente corruptos, para dar un testimonio de vida cristiana. El debate en la sala de nuestra Escuela de formación para laicos, a la cual se han inscrito también personas que provienen de otras parroquias de la ciudad, se ha vuelto, entonces, apasionado acerca de los varios problemas eclesiales y sociales, que ellos encuentran para ser cristianos coherentes.

Nuestros fieles han notado también el tono valiente del entero itinerario sinodal, que ha denunciado y afirmado la necesidad de la conversión y de la transparencia también en el interior de la Iglesia, para poder anunciar creíblemente los valores evangélicos a la sociedad.

En espera de la Exhortación apostólica postsinodal

Nos hemos despedido con el compromiso de un ahondamiento ulterior en las varias intervenciones sinodales, en espera de la Exhortación apostólica del Papa.

Es importante haber acogido, mientras tanto, la llamada al coraje del testimonio y a una reanudación de la evangelización.

Por eso, hemos terminado el primer encuentro con la vibrante invitación a la esperanza, retomada por el Papa mismo: "'¡Coraje, levántate!...'. Así en este día el Señor de la vida y de la esperanza se dirige a la Iglesia y a las poblaciones africanas, al término de estas semanas de reflexión sinodal. Levántate, Iglesia en África, familia de Dios, porque te llama el Padre celeste, a quien tus antepasados invocaban como Creador, antes de conocer su proximidad misericordiosa, que se ha revelado en su Hijo unigénito. Emprende el camino de una nueva evangelización con el coraje que procede del Espíritu Santo"[2].

Antonietta Cipollini



[1] Cf. II Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos, Mensaje al Pueblo de Dios (23 de octubre de 2009), en www.vatican.va (de ahora en adelante Mensaje)
[2] Benedicto XVI, Homilía. Celebración Eucarística para la Conclusión de la II Asamblea Especial para África del Sínodo de los Obispos (25 de octubre de 2009), en www.vatican.va


22/02/2010

 
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