Vida de las misiones en África/27
LEE "El Sínodo acaba y no acaba" y "¡África: levántate y camina!"
Palabras Y SILENCIOS DEL SEGUNDO SÍNODO AFRICANO
En conversación con el teólogo camerunés
Eloi Messi Metogo
Para una primera recepciÓn del sínodo Africano/3
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Hemos encontrado al padre Eloi Messi Metogo en Yaoundé, en la Universidad Católica, donde es profesor permanente de la Facultad de Teología desde 1995. El padre Eloi ha nacido en 1952 y es dominico.
Su empeño de producción teológica y de enseñanza lo ha caracterizado por su reflexión crítica y abierta sobre la modernidad. Forma parte de la redacción de la revista teológica internacional Concilium, y su obra más original es "Dieu peut-il mourir en Afrique?", Karthala/UCAC, Paris/Yaoundé 1997, sobre el problema de la secularización en África. Ha publicado numerosos artículos científicos y, recientemente, también sobre los trabajos de la Segunda Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para África (Segundo Sínodo Africano), que se ha llevado a cabo en Roma, en el mes de octubre de 2009.
Él nos ha acogido con gran disponibilidad, y hemos hecho una interesante conversación, de la que les proponemos algunos pasajes importantes.
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Ø ¿Puede darnos una primera valoración teológica de los trabajos del Segundo Sínodo Africano? ¿Cuáles son sus nuevas adquisiciones o los ahondamientos, por ejemplo, sobre el tema de la "Iglesia Familia de Dios"?
El tema escogido para el Segundo Sínodo Africano - "La Iglesia en África al servicio de la reconciliación, de la justicia y de la paz" - es, por sí mismo, un ahondamiento importante con respecto al primer Sínodo para África y a la Exhortación postsinodal "Ecclesia in Africa", que fue criticada por haber afrontado muchos temas de manera demasiado general.
Acerca del reciente Sínodo, he apreciado mucho los análisis de la situación actual en África, realizadas sobre todo por el Instrumentum laboris.
Ha sido afirmado con coraje que los males que minan a la sociedad en África (tribalismo, acuerdos políticos secretos con personas no recomendables, etc.) se encuentran también en el interior de la Iglesia. Se ha subrayado, así, la importancia de la credibilidad en el interior de la Iglesia, para un anuncio eficaz en la sociedad.
La tramitación sinodal ha profundizado en el tema de la "Iglesia Familia de Dios", en conexión con la realidad de las Comunidades Eclesiales Vivientes. Las CEV, como es notorio, son las estructuras eclesiales de base, donde las familias cristianas, reunidas en comunidades de barrio o de pueblo, viven su fe en la cotidianidad. En el Sínodo se ha indicado, con claridad, que es en las CEV en donde se puede vivir esta dimensión de Iglesia Familia y ejercer sobre todo la diaconía, el servicio a los pobres y a los marginados.
Hay que señalar que, desgraciadamente, se hacen pocos esfuerzos para animar el nacimiento de estas CEV. Esto a causa de una visión clerical todavía imperante, que no promueve a la Iglesia comunión y la responsabilidad de los laicos, y del notable empeño de formación que las CEV exigen.
En efecto, estas comunidades nacen y se desarrollan alrededor de la palabra de Dios y de la Eucaristía, y promueven la reconciliación, la justicia y la paz, aspectos fundamentales de la vida cristiana, que tienen necesidad de una catequesis profundizada. Además, hay que tener en cuenta, también, el difundido fundamentalismo bíblico y cierta "obsesión por el culto" de nuestros cristianos. A menudo, los cristianos no se comprometen en el ámbito social, y no tienen clara la exigencia de prolongar en la vida el acto de donación de Cristo a los hombres, y en particular a los pobres, que es la Eucaristía.
Es necesario, en fin, hacer descubrir de nuevo a los cristianos el aspecto comunitario del sacramento de la reconciliación, para hacerles percibir las consecuencias "estructurales" del pecado, en las situaciones que se viven actualmente en África. Me parece, a tal propósito, que las Proposiciones finales de los Obispos han sido titubeantes, con respecto al Instrumentum laboris, sobre la celebración comunitaria sacramental de la reconciliación. Esto, creo, al fin de salvaguardar la dimensión individual del sacramento, ciertamente para los pecados graves, sobre todo en culturas en las que la afirmación de la libertad personal frente al grupo está débil.
Ø Los observadores de este Sínodo Africano han relevado que la problemática de la inculturación ha sido puesto en la sombra. Los Obispos, en el ámbito de la reflexión sobre reconciliación, justicia y paz, han expresado una preocupación más apremiante por la evangelización de la cultura, y han puesto el acento sobre la necesidad de la purificación de elementos y prácticas tradicionales inquietantes, como la brujería, y ciertos ritos que ofenden profundamente la dignidad de la persona.
¿Cuáles son, más en general, según usted, los desafíos principales del postsínodo, en la relación Evangelio-cultura, en el contexto de modernidad y mundialización en África, y en particular en Camerún?
Teniendo presente sobre todo las Proposiciones de los Obispos, se puede notar el regreso a un concepto más limitado de la cultura, con respecto a aquel más ancho e histórico, del Instrumentum laboris del Sínodo. Las Proposiciones, en efecto, consideran sobre todo los valores tradicionales de civilización, descuidando las dimensiones sociales, económicas y políticas. Por eso, espero que la exhortación postsinodal tenga en cuenta toda la tramitación sinodal y una visión más amplia y dinámica de la cultura africana.
Pongo algunos ejemplos. Las Proposiciones insisten en el respeto de los ancianos, típico de las culturas tradicionales africanas, pero se olvida de hacer notar cuánto este valor ha sido instrumentalizado, en el trascurso del tiempo, por hombres políticos corruptos y por dignatarios de los partidos únicos, que no quieren tener sucesores. Se habla mucho también del valor de la vida, sin decir que, actualmente, está amenazado hasta tal punto que se dejan en putrefacción los cadáveres en medio de la calle: fenómeno que se comienza a constatar en Camerún.
Quiero decir que es necesario ubicar los famosos valores culturales africanos en el actual contexto social, en el cual estos ya no juegan la misma función, porque se percibe fuertemente el impacto irreversible de la modernidad y de la mundialización. El Evangelio, por lo tanto, tiene que entrar en diálogo con las culturas africanas actuales, que no se reducen a los valores de civilización, sino que implican también la economía y la política.
Ø Durante un reciente coloquio de los misiólogos en Yaoundé, en preparación al Sínodo Africano, usted había afirmado que una finalidad de la misión es la de "hacer nacer un poco de humanidad, de hacer sensible la ternura de Dios en el mundo de hoy; un Dios que se ha hecho carne en nuestra historia humana"[1]. En esta perspectiva, ¿cuáles son los desafíos principales de la misión en Camerún, para hacer sensible esta ternura de Dios y más cercano a Jesucristo al pueblo de Dios, sumergido en miles sufrimientos?
Hay que reconocer que la Iglesia se compromete ya mucho a luchar contra los innumerables sufrimientos de África, en el campo sanitario, del desarrollo integral y de la reconciliación.
El Sínodo ha animado, a nivel nacional y continental, las comisiones Justicia y Paz, que desarrollan ya este ministerio para el pueblo de Dios en muchas parroquias.
También por lo que refiere a la intervención caritativa, se ha deseado la constitución de una Cáritas a nivel continental, para intervenir de modo más eficaz, al fin de aliviar el sufrimiento de los pobres y los enfermos.
Querría poner el acento, sin embargo, sobre la función prioritaria de la Iglesia, que es la denuncia y la formación. Esta es la dirección indicada por "Ecclesia in Africa", que había insistido en la formación, con vistas al testimonio y a la inculturación.
Actualmente, se debe animar la formación del laicado, para promover un estilo de vida auténticamente cristiana en la sociedad. Se trata de la formación de la conciencia cívica en todos los niveles. Por eso, el Sínodo ha propuesto también la institución de Facultades de Ciencias Políticas en las Universidades Católicas.
Me parece muy interesante la propuesta de promover la formación humana, intelectual y espiritual de quienes trabajan en el sector público, con un acompañamiento y algunas capellanías especializadas. Creo, sin embargo, que la prioridad es la formación teológica del laicado en general. En tal sentido, la Facultad de Teología de la Universidad Católica en Yaoundé, ya desde hace dos años, desarrolla algunos cursos vespertinos de teología para laicos.
En fin, hay el inmenso campo de la ética familiar, que requiere un ahondamiento teológico y jurídico. En campo pastoral, existen situaciones de gran sufrimiento familiar, que necesitan un acompañamiento, la comunicación de la verdad cristiana, pero también la manifestación misericordiosa del consuelo y de la ternura de Dios.
(A cargo de Antonietta Cipollini)
[1] Cf. E. Messi Metogo, Religions, christianisme et modernité: quelle mission pour le second synode?, en J. Ndi Okalla (sous la direction de), Le deuxième synode africain face aux défis socio-économiques et éthiques du continent. Documents de travail, Editions Karthala, Paris 2009, 37.
20/03/2010
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