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Vida de las misiones en África/28



COMO SI HUBIESE PRESENCIADO EL SÍNODO

Entrevista a Honoré Tongo, miembro de la parroquia de Obeck (Camerún)


 

Honoré Tongo es profesor de español, en uno de los Liceos de la ciudadHonoré y su familia de Mbalmayo. Miembro de la parroquia de Obeck, es particularmente activo, con su esposa Angèle, en la "Comisión Jóvenes". Hemos tenido con él un intercambio de ideas sobre los trabajos de la reciente Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para África (Segundo Sínodo para África), que, con mucho gusto, compartimos con nuestros lectores.

 


Ø  En estos dos últimos años, la parroquia de Obeck ha progresado al compás del Segundo Sínodo para África con la respuesta al cuestionario inicial, el estudio del "Documento de trabajo" y la actualización de las prioridades pastorales, a partir del "Mensaje final". ¿Personalmente, como has vivido este camino eclesial? 

Todas las iniciativas vinculadas con el Sínodo, organizadas por la parroquia de Obeck, me han enriquecido mucho en el ahondamiento en el conocimiento de la vida de la Iglesia y de su funcionamiento. Es casi como si hubiese presenciado yo mismo el Sínodo.

Me he podido dar cuenta de la brecha que existe entre las reflexiones hechas y la realidad concreta. Es más que nunca urgente la acción de difusión de las enseñanzas de la Iglesia, en particular de su doctrina social a fin de que los católicos estén impregnados de ella. Entre los fieles, en efecto, hay una gran sed de conocimiento, a la cual los pastores tienen el deber de responder.

Ciertamente, en nuestra parroquia hemos actualizado nuestros programas; sin embargo, creo que hay un ulterior paso que cumplir. Más allá de las actividades, es necesario adherir profundamente a las adquisiciones teológicas y pastorales del último Sínodo, a fin de que nos volvamos "sal de la tierra... luz del mundo".

Es en este sentido en el que acojo la insistencia de los documentos sobre el tema de la conversión. Esto me lleva a interrogarme personalmente sobre la coherencia entre la Palabra escuchada y la vida vivida.

Para mí, uno de los puntos sobre los cuales precisa insistir es la búsqueda de la verdad. Debemos ser capaces de vivir y de decir lo que pensamos. ¡Cuántas veces, en cambio, para excusar nuestros silencios, nuestra falta de coraje, teniendo en cuenta también el contexto difícil con el cual estamos confrontados, decimos: "Aquí donde vivimos, en África, es difícil hablar de ciertas cosas!" ¡Demasiadas veces, omitimos el "servicio de la verdad", que está en la base de todo desarrollo! Si considero la vida de nuestros grupos eclesiales, por ejemplo, se insiste tanto en el hecho de que la verdad es constructiva y que no debe "herir", que, al final, la decimos difícilmente, reduciendo el Evangelio a un código de buenas maneras.

También el impulso misionero es un aspecto que me ha interpelado. Nosotros, los fieles católicos, debemos tomar conciencia de la necesidad de abrirnos a los demás, de ir hacia ellos para discutir sobre los problemas cotidianos y proponer algunas iniciativas concretas, con vistas al mejoramiento de nuestras familias, de nuestros barrios. Esto contribuiría a reforzar nuestras convicciones, para ya no ser simples "funcionarios del culto", que viven la propia fe sin ponerse nunca en tela de juicio, sin compromisos concretos que realizar.

Ø  ¿Cuáles son, según tu parecer, las iniciativas parroquiales que, más que otras, responden a esta llamada a la coherencia, que has percibido del Sínodo?

El acompañamiento de los jóvenes, a pesar de su gran movilidad, es muy importante; nuestros jóvenes, entre sí, tienen el coraje de expresarse abiertamente y de modo claro sobre los problemas de la sociedad y de la Iglesia. Su sed de verdad es seguramente más grande que en los adultos. En parroquia he sido testigo de muchos casos de reconciliación por parte de los jóvenes, a partir del compromiso a favor de la verdad. En todo caso, hay necesidad del ahondamiento en su formación no solo espiritual, sino también intelectual.

También las iniciativas del grupo Cáritas toman en consideración las orientaciones del Sínodo. En efecto, este grupo está animado por la preocupación constante de conjugar caridad y verdad al servicio de la evangelización. Con respecto a la comisión "Justicia y Paz", esta contribuye a la maduración de las mentalidades a través de la Escuela de Formación para Laicos, pero debería comprometerse más en el empeño social. Justo recientemente, algunos de sus miembros han tomado contacto con las autoridades administrativas, para seguir de cerca la evolución de los trabajos de reestructuración, actualmente en curso, de la red vial de Obeck.

Las Comunidades Eclesiales Vivientes, en fin, constituyen una real oportunidad de evangelización. De todos modos, hay necesidad de un trabajo constante de acompañamiento, a fin de que la "Iglesia, familia de Dios", no quede una linda idea, sino que se transforme en una realidad en grado de incidir en la vida concreta.

Ø  Y acerca del tema de la familia, ¿cómo reaccionas a las intervenciones del Sínodo?

Me he alegrado de la exhortación a favor de la familia. Es una realidad que está en el centro de nuestra cultura; defenderla significa salvaguardar toda la sociedad. Precisamente por eso, los Padres sinodales han insistido, con toda razón, en la amenaza constituida por la calamidad del aborto. Es un problema real también en nuestra ciudad, donde la trivialización de esta práctica ha alcanzado un nivel inimaginable.

Estoy convencido, sin embargo, de que la amenaza más grave para nuestras familias son las prácticas mágicas. Cuando se experimenta un fracaso en la propia vida, en lugar de entender dónde se ha "tropezado", se busca enseguida hallar el chivo expiatorio y ver si se tienen problemas con alguien, que habría podido provocar nuestro fracaso. Y así las familias se destrozan, los jóvenes huyen de las aldeas, y el miedo y la desconfianza se instalan por todas partes.

Me he sentido feliz, por eso, al constatar que en sus "Propuestas" finales, los Padres sinodales han evocado explícitamente este problema, exhortando a los Obispos a poner a punto algunos programas pastorales, fundados en la racionalidad y la reconciliación. Esto es necesario para que la Iglesia contribuya a hacer entrar plenamente a África en la modernidad.

Ø  Tu análisis tan claro y real de la situación, ¿te impide acoger la invitación a la esperanza, presentada por el Sínodo a África?

Absolutamente no. Gracias al Sínodo, he aprendido a mirar de frente los problemas de la sociedad y de la Iglesia, y a asumirlos como desafíos ofrecidos a mi capacidad de conversión personal.

Es solo a esta condición como podremos construir a nuestras familias y comunidades eclesiales sobre la Roca que es Cristo, contribuyendo también al progreso de nuestra sociedad.

(a cargo de Franco Paladini)


15/04/2010

 
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