Vida de las misiones en África/29
MARÍA MADRE DE LA ESPERANZA
La Gruta Mariana del Centro Redemptor hominis de Mbalmayo
Las mujeres de las cofradías de nuestra parroquia de Obeck llegan a nuestro Centro a primeras horas de la mañana, con sus utensilios de trabajo y su rosario en el fondo del kaaba, el ancho y multicolor traje tradicional. Han recorrido ya un largo trecho de camino a pie, para llegar de sus barrios. Pasarán una mañana, dividida en momentos de trabajo, de reflexión y oración, alrededor de nuestra gruta dedicada a María, Madre de la Esperanza.
Comienzan embelleciendo la gruta con las flores y limpiando sus alrededores, siempre amenazados por una floresta lozana. Las mujeres, trabajadoras como abejas, se organizan rápidamente y, en un par de horas, hacen la gruta más hermosa y acogedora. Luego, rezan el rosario, espaciado por los cantos. En los tiempos litúrgicos festivos, el gozo las hace danzar frente a la imagen de la Virgen.
Luego, se reúnen en una pequeña sala o en la Capilla de nuestro Centro, donde las acojo para profundizar con ellas en un tema o en un pasaje del Evangelio.
Es un momento, para mí, siempre lindo, porque me empuja a ir a lo esencial en el compartir el Evangelio, para crear un acuerdo con estas personas de diversa formación y condición, simples y concretas. El camino que lleva mejor el anuncio del Señor a su corazón es, a menudo, María. Con estas mujeres, en particular con las de los grupos marianos de oración, recientemente hemos buscado profundizar en la presencia esencial de María en el Evangelio. Más en particular, me he detenido con ellas sobre el episodio de la boda de Caná (cf. Jn 2, 1-12). Así hemos desarrollado la manera toda especial de evangelizar de María. Ella interpela a su Hijo porque los comensales ya no tienen vino. Y si Jesús le recuerda que aquel no es el momento de hacerse conocer, María no se desanima. En el corazón de la fiesta de la humanidad, ella dirige la mirada de los hombres hacia Cristo: "Hagan lo que él les diga" (Jn 2, 5).
María está convencida de que en aquel "signo" que dará, su Hijo podrá manifestarse y ser, en el mundo, el que engendra gozo pleno. Aquel gozo que, sin su presencia, permanece un simple gozo humano, destinado a acabar como el vino de las bodas. Reflexionando sobre la actitud de María, hemos subrayado que nuestra oración y acción deben ser siempre cristocéntricas.
María y la mujer africana
Otro episodio que ha atraído la atención de las mujeres es la presencia de María en la Pasión de Jesús. Ellas se hallan fácilmente con la pobre hija del pueblo, que ha recibido el don de llevar en su seno a la Vida y de regalarla al mundo. Al mismo tiempo, María representa sobre todo a la mujer que ha vencido y superado todo dolor y sufrimiento, en la fidelidad a su Hijo y Señor.
La mujer africana, acostumbrada a llevar a menudo el peso mayor de la familia, en el trabajo, en la educación de los hijos, en las dificultades de todo tipo, mira y ama a esta mujer fuerte, que sabe cruzar la noche de la Pasión y guardar la fe, aun cuando el mundo está colgado en un silencio terrible, porque Jesús, su Hijo y su Señor, ya no está en la tierra y no ha resucitado todavía. Es precisamente entonces cuando María dice su sí más difícil, el de la perseverancia y de la aceptación sin reservas.
Por eso, las mujeres de las cofradías de nuestra parroquia de Obeck aman a María. Se capta esto a través de su asentir con la mirada, cuando yo hablo de esto, y, sobre todo, cuando un catequista retoma brevemente el tema tratado para las mamans más ancianas. María es la "mujer" que sabe atravesar el sufrimiento y el dolor. Ella es, pues, el modelo de su vida y el coraje en su sufrimiento.
Nuestra gruta, María Madre de la Esperanza, quiere recordar precisamente esta sensibilidad y sufrimiento. Debajo de la imagen de madera de la Virgen, de los rasgos africanos, tallada por un artista local, hemos escrito un pasaje de la Constitución dogmática Lumen gentium. Este recuerda que María brilla ante el pueblo de Dios en camino, del cual forma parte, y esta pertenencia suya la pone como signo seguro de esperanza y consuelo (cf. Lumen gentium, 68).
Oración y compromiso eclesial
La decena de cofradías de oración de nuestra parroquia participa, junto con los demás grupos, litúrgicos y apostólicos, de los diversos compromisos de la vida parroquial. Esto para que la oración sea fuente y meta de la acción y no un aspecto separado de la vida cristiana y de sus problemas. Cada grupo de oración comparte, por ejemplo, el empeño a favor de los más pobres, haciéndose cargo de la asistencia de un enfermo de la Cáritas.
Es necesario insistir también sobre la formación en la Escuela para laicos, ante todo para los responsables de tales grupos, a fin de que estén efectivamente en condiciones de guiar bien a los fieles, hacia los comunes objetivos establecidos en el plan pastoral de la parroquia. Frecuentemente repetimos a los miembros que cada grupo tiene un "carisma", que recuerda a todos un aspecto particular de la vida espiritual y del empeño que emana del Evangelio; pero somos cristianos junto con los demás y compartimos sus empeños, a nivel del centro de la parroquia y de las Comunidades Eclesiales Vivientes. La riqueza de la diversidad se tiene que armonizar en la comunión.
Una formación de largo respiro es importante, para estas formas asociativas eclesiales, que expresan una imprescindible sensibilidad africana, que no vive la fe de manera individualista, sino que tiende, en todas las situaciones, a crear algunas formas de solidaridad espiritual y concreta. También el Segundo Sínodo Africano ha reconocido que las mujeres y sus organizaciones católicas son la columna vertebral de la Iglesia y una gran fuerza en su apostolado (cf. Mensaje al pueblo de Dios, 25).
Nuestro Centro, además de desarrollar una regular y más intensa formación de los jóvenes, acoge de buena gana, pues, en nuestra gruta mariana y anima a los varios grupos de la parroquia. Esto no solo por la función eclesial que ellos desarrollan, sino sobre todo porque estos momentos refuerzan los vínculos del compartir gratuito del Evangelio y forman parte, en su especificidad, de un camino de formación y de evangelización más amplio.
Antonietta Cipollini
06/05/2010
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