Vida de las misiones en África/32
la jornada mundial de la juventud
cumple 25 años (2)
Significado eclesial
Recorriendo la historia de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), hemos subrayado que esta ha nacido de un acuerdo profundo entre Juan Pablo II y los jóvenes. Ahora queremos profundizar en tal relación Papa-jóvenes, que ha hecho reflexionar a muchos observadores de diferente extracción. Esto nos permitirá comprender mejor el valor del testimonio personal del Pontífice, y el significado y la actualidad eclesial de la JMJ.
Juan Pablo II y la JMJ: presencia y palabra
La salida crítica de ciertos medios de comunicación de masas, según los cuales los jóvenes amaban al "cantante" de la JMJ (el "personaje" Juan Pablo II), pero no la "canción" (el contenido que él proponía), se ha demostrado superficial y no correspondiente a la realidad de la JMJ. Esta, en efecto, con un "personaje" muy diferente y más reservado mediáticamente, como es Benedicto XVI, aún hoy, sigue representando un acontecimiento de masa que vuelve a llamar a los jóvenes de todo el mundo. Estos saben adaptarse y, junto con el actual Papa, han descubierto de nuevo, por ejemplo, el silencio de la Adoración Eucarística.
De todas maneras, en una auténtica comunicación cristiana, no se puede separar a la persona de su mensaje. Es el testimonio de la vida coherente y crucificada de Juan Pablo II, también cuando la enfermedad le impedía hablar, el que ha formado a una entera generación de jóvenes, y ha suscitado numerosas vocaciones y firmes compromisos cristianos.
El Papa tenía ciertamente un carisma y una capacidad mediática extraordinarios: presencia y palabra de Juan Pablo II eran un todo uno, en la JMJ.
Con su propuesta a los jóvenes, a pesar de los rasgos a veces austeros, sabía llegar al corazón de sus preocupaciones. Él no insistía en valores genéricos. Las cuestiones decisivas no concernían tanto al qué hacer, sino al hacia Quién ir y a Quién confiar la propia vida. Él subrayaba que el cristianismo es sobre todo una Persona, Belleza que atrae, el Señor de la propia concreta existencia humana.
Al pedido, que un día le hicieron, de definir a los jóvenes, Juan Pablo II respondió significativamente: "Preguntas y guitarras"[1].
Las cuestiones fundamentales que ponía, entendidas como hipótesis educativas de base para hacer descubrir que la vida es vocación, y una gran confianza en los jóvenes, considerados como protagonistas en la evangelización de sus coetáneos con la comunicación del gozo de la fe, han imprimido una coherencia particular en sus discursos y representan todavía la herencia principal de sus encuentros.
Juan Pablo II se presentaba, pues, a los jóvenes como modelo, dejándonos esta admonición: es a través del testimonio como el joven es conquistado, en el respeto profundo de su libertad, no solo por lo que el evangelizador comunica, sino por lo que él vive de su mensaje.
Significado eclesial y ambivalencia de la JMJ
El significado de la JMJ ha sido estudiado y profundizado en varias ocasiones. De particular interés fue el seminario de estudios de 1996, en Czestochowa, para el cual Juan Pablo II escribió una carta, que permanece una referencia fundamental. En ella, el Papa subrayaba la importancia de la nueva evangelización de los jóvenes y la experiencia de la comunión entre diferentes países, vivida en estas jornadas: "Por este motivo los jóvenes son invitados periódicamente a hacerse peregrinos por los caminos del mundo. En ellos la Iglesia se ve a sí misma y su misión entre los hijos de los hombres; con ellos acoge los desafíos del futuro, consciente de que toda la humanidad necesita una renovada juventud del espíritu. Esta peregrinación del pueblo joven construye puentes de fraternidad y de esperanza entre los continentes, los pueblos y las culturas. Es un camino siempre en movimiento. Como la vida. Como la juventud"[2].
Los dos movimientos de la convocación y de la misión, como sístole y diástole del corazón universal de la Iglesia, expresan este diálogo entre particularidad y universalidad, que caracteriza, en general, el ministerio de Pedro. Juan Pablo II ha vivido este diálogo de manera particular en los encuentros juveniles y en todos sus viajes, que se han vuelto un verdadero lugar teológico, por él considerados como una peregrinación al santuario viviente del pueblo de Dios.
Considerada como momento de pausa para volver a centrarse en el Cristo, para anunciarlo luego al mundo, la JMJ, como ha sido subrayado por el Papa en la misma carta, no puede estar desvinculada de una pastoral juvenil y global de la Iglesia local.
Este acontecimiento, "Tendiendo a suscitar una mayor acción apostólica entre los jóvenes, no quiere aislarlos del resto de la comunidad, sino hacerlos protagonistas de un apostolado que contagie a las otras edades y situaciones de vida en el ámbito de la nueva ‘evangelización'"[3].
La JMJ expresa un tiempo fuerte de experiencia espiritual y eclesial, de toma de conciencia de la identidad del cristiano y de la misión a esa asociada. Los organizadores subrayan, sin embargo, que lo que cuenta no es solo el acontecimiento en sí mismo, sino la preparación y la continuación del mismo. La floración de sitios web especializados en la JMJ testimonian, en este sentido, la sensibilidad y la necesidad de subsidios a la preparación y al ahondamiento en tales jornadas.
En efecto, algunos estudios de sociología religiosa han puesto en evidencia la ambivalencia de la dimensión poliédrica de la JMJ. La participación en estos encuentros extraordinarios puede producir el así llamado "efecto Tabor", con la consecuente dificultad para comprometerse y traducir en lo cotidiano, más difícil y menos "festivo", lo que ha sido aprendido durante el acontecimiento, con el peligro de alimentarse solo de estos momentos.
Es necesario, pues, articular bien la participación en la JMJ con la pastoral juvenil ordinaria. La propuesta kerigmática, sacramental y catequética de la fe, desarrollada durante la JMJ, debe ser íntimamente unida a la dimensión misionera en el propio contexto cotidiano de vida.
La transmisión de la fe, en contacto también con lugares que testimonian la milenaria historia de la Iglesia, y la comunicación misionera de los jóvenes a sus coetáneos son las dos líneas fuertes de la pedagogía de la JMJ. Estas permanecen la herencia que nos ha dejado Juan Pablo II, junto con su testimonio de vida, e indican todavía el programa de estas jornadas de encuentro juvenil, las cuales, para dar frutos, requieren que permanezcan articuladas con la pastoral de las diferentes Iglesias locales e inculturadas en sus contenidos.
Antonietta Cipollini
[1] Cf. E. Grasso, Il messaggio della musica giovanile nell'interpretazione di Giovanni Paolo II. Il corpo donato come principio d'inculturazione, en www.missionerh.it/Riflessioni/Il-messaggio-della-musica-giovanile-nell-interpretazione-di-Giovanni-Paolo-II.html
[2] Juan Pablo II, Carta al Cardenal Eduardo Francisco Pironio, con motivo del Seminario de estudio sobre las Jornadas Mundiales de la Juventud (8 de mayo de 1996) 2, en www.vatican.va
[3] Juan Pablo II, Carta al Cardenal Eduardo Francisco Pironio..., 3.
07/08/2010
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