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Vida de las misiones en África/35


La jornada mundial de la juventud

cumple 25 años (3)

Una pedagogía que inculturar


La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ), además de reunir a los jóvenes alrededor del Papa y de sus Pastores, ofrece también una formidable oportunidad de intercambio y de ahondamiento, entre los educadores, sobre los problemas y los contenidos de la pastoral juvenil, a través de los Foros de los jóvenes, que han llegado ya a su décima edición.

La Sección Jóvenes del Pontificio Consejo para los Laicos ha promovido muchas iniciativas, para mantener el vínculo necesario entre la JMJ y la pastoral ordinaria de los jóvenes. En una jornada de estudio, en 2003, después de haber analizado las adquisiciones de la pedagogía de la fe de la JMJ, el entonces Responsable de la Sección Jóvenes señalaba algunas líneas centrales para la pastoral juvenil, que permanecen actuales:

"Reuniría las prioridades pastorales fundamentales en cuatro grandes sectores complementarios, que deben ser considerados no como un itinerario impuesto, del cual los jóvenes tendrían que recorrer las etapas una después de otra, sino, más bien, como una casa con diferentes puertas de entrada. Su misión de educadores consiste en ayudar a los jóvenes a crecer en una vida profundamente enraizada en Cristo, estructurada por una sólida formación, animada por el amor a la Iglesia, comprometida con el mundo y orientada a la misión"[1].

Esta parrilla de lectura, que sintetiza bien los objetivos de las JMJ, permite una contextualización en las diferentes situaciones eclesiales y culturales, y una comparación con los rostros concretos de los jóvenes.

Crecer en una vida profundamente enraizada en Cristo, estructurada por una sólida formación

En el contexto del Camerún, donde actuamos, hemos experimentado la pertinencia de insistir en la primacía de la formación de los jóvenes, en el marco de una pastoral de la inteligencia y de la racionalidad del laicado. Para una vida enraizada en Cristo, después de la primera evangelización, hay necesidad de un ahondamiento en la fe.

Para los jóvenes, es particularmente necesario que las nociones catechéticas de base maduren en un conocimiento personal del Señor, y se transformen en inspiración de vida y de acción social.

Teniendo en cuenta el hecho de que familia y escuela están ausentes, a menudo, de los encuentros de formación humana y religiosa dirigidos a ellos, hay también la necesidad de acompañar a los jóvenes en el discernimiento evangélico de la cultura en la cual están sumergidos, caracterizada por una transición rápida, y muchas veces conflictual, de la tradición a la modernidad.

Llamar a los jóvenes a la primacía de la formación eclesial no es siempre fácil. Los jóvenes, a menudo, se reservan algunos espacios de participación en las actividades litúrgicas y recreativas, pero, no asumen funciones de responsabilidad. Frecuentemente son refractarios a los movimientos, que requieren compromisos constantes y de reflexión, y se conforman fácilmente con el fatalismo imperante, como reacción a su marginación social y eclesial.

La pedagogía mayéutica, profunda y al mismo tiempo cautivadora, de los Mensajes de la JMJ, que hace emerger las preguntas existenciales y religiosas de fondo, a través del ejemplo del diálogo evangélico entre el joven rico y Jesús, ha ayudado a los jóvenes a comprender, durante las jornadas de retiro de este año, que la juventud es el tiempo en que ellos están llamados a buscar el Rostro y la mirada de Cristo. Por medio de aquella página del Evangelio, actualizada en la Iglesia, es Jesús mismo el que llama a los jóvenes de todos los tiempos y de todos los lugares a un diálogo personal de amor; de esta manera, él invita a enraizar la observancia de los mandamientos, a través de los propios comportamientos, en la secuela más profunda de Cristo mismo, en la libertad y totalidad del propio corazón. Esto requiere que los jóvenes entren en el dinamismo de la fe, y pongan de nuevo profundamente en tela de juicio a sí mismos y el propio ambiente.

Una vida animada por el amor a la Iglesia, comprometida en el mundo

En nuestra presencia, más que decenal, en África, hemos enseñado a los jóvenes que "Creer es comprometerse". Más allá de las formas de agregación, que cambian, la fe que actúa en la caridad - en la formación cristiana, en el análisis de los problemas socio-culturales y en el compromiso por los más pobres y los pequeños - permanece un abordaje esencial en la formación juvenil. De lo contrario, la fe corre peligro de asumir expresiones enajenadoras, y los jóvenes se vuelven presa de derivas mágicas y de las sectas, muy difundidas en el Continente africano.

Por otra parte, las numerosas invitaciones de Juan Pablo II a construir la "civilización del amor", presentes en los Mensajes para la JMJ, expresaban esta exigencia, confirmada también por los discursos dirigidos a los jóvenes, durante sus viajes a África.

Benedicto XVI ha continuado en esta dirección, indicando a los jóvenes el amor a la Iglesia, como lugar donde se puede ejercer, en los gestos concretos y diarios, este compromiso de esperanza.

Una vida orientada a la misión

La insistencia de los Mensajes de la JMJ, sobre el conocimiento personal de Cristo y sobre la formación, desemboca en la invitación a la misión. En el surco, ya trazado por el Concilio y el Sínodo sobre los laicos, se insiste en la evangelización de los jóvenes hecha por los jóvenes mismos[2]. Algunos Mensajes para la JMJ fueron completamente consagrados al tema de la misión[3] y, al final de su pontificado, Juan Pablo II pidió todavía a los jóvenes que condujesen a sus coetáneos, a través de la amistad, a la Fuente del Amor: "Sentíos responsables de la evangelización de vuestros amigos y de todos vuestros coetáneos"[4]. Casi un testamento, recogido y propuesto de nuevo por Benedicto XVI, quien continuará, en los Mensajes sucesivos, insistiendo sobre la formación en el escucha de la Palabra de Dios, sobre el testimonio del amor y de la esperanza, y sobre la tarea confiada a los jóvenes mismos de la nueva evangelización de los coetáneos.

Benedicto XVI ha lanzado así el desafío a los jóvenes: "Construir la vida sobre Cristo, acogiendo con alegría la palabra y poniendo en práctica la doctrina: ¡he aquí, jóvenes del tercer milenio, cuál debe ser vuestro programa! Es urgente que surja una nueva generación de apóstoles enraizados en la palabra de Cristo, capaces de responder a los desafíos de nuestro tiempo y dispuestos a difundir el Evangelio por todas partes"[5].

La llamada de los jóvenes a la evangelización de los coetáneos representa, según nuestro parecer, la contribución más original de la JMJ y de sus Mensajes. Esta se encuentra todavía toda por explorar y promover, para que los jóvenes se vuelvan realmente "protagonistas de la evangelización y artífices de la renovación social"[6].

Antonietta Cipollini




[1] F. Kohn, La pastorale giovanile oggi: come rispondere alle attese della Chiesa e dei giovani?, en Pontificio Consiglio per i Laici, Giornata Mondiale della Gioventù: da Toronto a Colonia. Roma 10-13 aprile 2003, en www.vatican.va
[2] Cf. Apostolicam Actuositatem, 12; cf. Christifideles Laici, 46.
[3] Léanse, más en particular, los Mensajes con ocasión de la IV, VII, IX-X e XVII Jornada Mundial de la Juventud.
[4] Giovanni Paolo II, Messaggio per la XIX Giornata Mondiale della Gioventù (22 de febrero de 2004), en Insegnamenti di Giovanni Paolo II, XXVII/1, 244.
[5] Benedetto XVI, Messaggio per la XXI Giornata Mondiale della Gioventù (22 de febrero de 2006), en Insegnamenti di Benedetto XVI, II/1, 227.
[6] Cf. Christifideles Laici, 46.



09/09/2010

 
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