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Home arrow Vida de las misiones en África arrow Vida de las misiones en África (36). Fundamentos de la misión: vivir las cosas dichas
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Vida de las misiones en África/36


FUNDAMENTOS DE LA MISIÓN:

VIVIR LAS COSAS DICHAS

Visita del padre Emilio Grasso a Camerún, a la parroquia "Beata Anuarite"
de Obeck, en Mbalmayo
(13-17 de agosto de 2010)


En un clima de fiesta africana de colores, de balafons y de gritos tradicionales de gozo, Emilio ha sido acogido, después de seis años de ausencia, por la parroquia "Beata Anuarite" de Obeck, en Mbalmayo, durante su visita, que se ha llevado a cabo desde el 13 hasta el 17 de agosto pasado: un viaje que ha consolidado el vínculo de amistad entre la parroquia de Mbalmayo y la de Ypacaraí, en el Paraguay, donde Emilio vive y actúa.

Los encuentros han profundizado, ante todo, en las líneas fundamentales de nuestra presencia misionera en Camerún. Estas, acogidas y vividas por los fieles de Obeck, y pasadas por el crisol de la verificación del tiempo y de las dificultades de la misión, han abierto nuevas pistas de evangelización.

Esta visita ha sido caracterizada por la coherencia entre la Palabra acogida en el propio corazón y la pronunciada y proclamada. La palabra anunciada, en efecto, debe ser verificada y traducida continuamente en una transparencia de vida vivida.

"Vivir las cosas dichas", un aforismo antiguo y siempre nuevo, que encierra la tensión de toda la vida del cristiano, es un llamado fuerte a la misión que, antes de ser construcción e implantación de la Iglesia, obras de desarrollo, planos pastorales y concentración de multitudes, es realidad pobre y crucificada que nace en el corazón del hombre; esta se expresa, en primer lugar, en el testimonio de vida y se vuelve, luego, anuncio creíble.

La misión es, por esto, no solo proceso analógico de encarnación, de asunción de las realidades encontradas, sino llamada a la purificación y a la conversión. Convoca a una humanidad nueva, que renace a los pies de la Cruz.

Missio ad intra, la misión que nace en el interior del propio corazón, de la propia familia o Comunidad y de la Iglesia entera, y missio ad extra, anuncio profético al exterior, que sacude y crea realidades y estructuras nuevas, están profundamente ligadas; juntas, estas dos dimensiones edifican la misión o marcan su fracaso, si una de ellas se encuentra descuidada o traicionada.

Como novedad, la visita de Emilio ha abierto de par en par los horizontes de las dos parroquias de Ypacaraí y de Obeck hacia una dimensión católica. La misión ya no se realiza solo del Norte al Sur del mundo o viceversa, sino que es también misión Sur-Sur, que une a dos continentes, América Latina y África, en un puente de oración y de amistad, de intercambio y de comparación de experiencias, en una consolidación de las peculiaridades de cada realidad, y en la fecundación recíproca que deriva de la riqueza multiforme de la Iglesia.

Junto con ustedes, queridos lectores, revivimos algunos momentos entre los más significativos de esta visita, conscientes de que no podemos agotar la riqueza de las reflexiones hechas en los diversos niveles: entre amigos que vuelven a encontrarse, en contexto litúrgico, con los representantes de los grupos juveniles, en la Escuela de Formación para Laicos, con las cofradías y, en particular, con el grupo Cáritas de la parroquia. En el vivir las cosas dichas, también la compresión de estas reflexiones podrá crecer y ser lanzada de nuevo en una próxima visita, que el pueblo de Dios ya espera y prepara en la vida de cada día.

Vivir las cosas dichas

La iglesia de Obeck, recién ampliada y limpiada de nuevo, se ha presentado linda y revestida de fiesta por las palmeras entrelazadas con paciencia y adornadas con las flores.

Los trabajos de la iglesia y el arreglo en curso del tabernáculo testimoniaban un compromiso de los fieles, quienes siguen contribuyendo a los trabajos con sus generosas donaciones, a pesar de la pobreza y de la crisis económica. Ellos han así acogido, en la limpieza y la dignidad, a un amigo que los visitaba, considerado no solo el Fundador de la Comunidad, sino también de la parroquia, por sus numerosas tournées y sesiones de formación.

La acogida de las cofradías; los cantos en español y en italiano en su honor, que se alternaban con los ritmos africanos; el intercambio de regalos que simbolizan el puente de oración y de amistad con Ypacaraí, y tantas emociones de sorpresa y de gozo permanecerán por largo tiempo en la memoria de los fieles.

Nos detenemos sobre todo en la homilía de Emilio, porque ha "sacudido a los barrios y las conciencias", como ha comentado una colaboradora.

La fiesta de la Asunción de María, en efecto, ha permitido reflexionar, una vez más, sobre el hecho de que la evangelización distingue, pero no separa, la realidad del cuerpo de aquella del espíritu. La pastoral debe estar atenta al hombre concreto, a la dignidad del cuerpo, al cuidado y a la mejora del ambiente de vida. Una pastoral auténtica vuelve a llamar a la fidelidad evangélica a las pequeñas cosas concretas, para llegar, luego, a las más grandes, las espirituales.

María, subrayaba además Emilio, muestra la potencia de Dios, pero también su debilidad. Si el hombre no puede nada sin el Señor, Dios mismo no habría podido hacer nada sin el sí de María. Aún hoy, Él es impotente, sin la adhesión profunda de la libertad y de la responsabilidad de los hombres.

Un llamado fuerte ha sido lanzado, de esta manera, para que la religiosidad popular y la veneración mariana no sean vividas de forma alienante.

María -ha afirmado Emilio- no es la cuarta persona de la Trinidad; es una creatura, es hija del pueblo, de la tierra, pero, ahora ella es la Morada, la "ciudad de Dios", en la cual reside toda la belleza y la Gracia de Dios.

María indica un camino a todos nosotros. Estamos llamados a construir la ciudad del hombre a imagen de esta ciudad de Dios, a llegar adonde María ha llegado ya. Permanecemos en una actitud agónica, de combate, en la vida personal y social, mirando a María, quien indica el camino de la acogida de la Palabra del Señor en la propia vida.

El hombre está en su palabra

Estas reflexiones han impresionado profundamente a los cristianos más maduros de Obeck, quienes, en situaciones sociales y políticas de "democracia bloqueada", se interrogan constantemente sobre la manera de vivir su misión de "embajadores de Cristo en la sociedad", a ellos encomendada por el Segundo Sínodo para África. A través de sus comentarios, hemos notado cómo ellos han captado, en las palabras de Emilio, una indicación precisa de coherencia y de testimonio personal, para poder producir un cambio de mentalidad más ancho, que se vuelve social y político.

El hombre está en su palabra -ha insistido Emilio-, en la capacidad de vivir la palabra que está en el corazón, antes de que en los labios, en la coherencia propia de quien prefiere morir antes que traicionar al Amor.

La suya ha sido una invitación a formar la propia conciencia y a escuchar su voz; a desarrollar un trabajo de interioridad; a destruir el mal que está en el corazón del hombre y crea, por consiguiente, estructuras de injusticia y de sufrimiento.

Esta insistencia en la libertad, en la responsabilidad personal, en la acogida de la Palabra y en la fidelidad a la misma ha impresionado fuertemente a los fieles. En una cultura que privilegia los ritos de purificación; que tiene necesidad de encontrar "chivos expiatorios" de las culpas; que busca curaciones físicas y espirituales para superar la angustia de la presencia del mal, estas palabras has resonado como una victoria sobre el miedo y un llamado a la libertad evangélica.

El eco en los barrios ha durado por largo tiempo: "Ha venido a recordarnos que Dios no soporta la mentira, la corrupción de la palabra, la cobardía, el callar la palabra de verdad y de justicia. Como hombre de Dios, nos ha invitado a pronunciar pocas palabras, pero a vivirlas".

Dimensión misionera de la Iglesia

Vivir las cosas dichas -ha afirmado Emilio en su homilía- comporta la atención al pobre, una fe que actúa en la caridad, que vislumbra en el rostro del pobre el rostro mismo del Cristo, llama a vivir, en definitiva, las obras de misericordia.

La visita de María a Isabel ha recordado a todos, además, la dimensión exodial de la misión, que lleva a anunciar y alabar al Señor. La Iglesia, en efecto, es misionera por su naturaleza. Sin esta dimensión, ella caería en la rutina, se replegaría en sí misma y en la autocomplacencia.

Emilio ha subrayado, por lo tanto, la necesidad de consolidar el puente de oración y de amistad entre las dos parroquias de Ypacaraí y de Obeck, para que este permita escribir una página de historia de la Iglesia, en la cual hombres de diferentes continentes se aman, se alientan y caminan juntos hacia el Reino de Dios, donde María está ya presente.

Antonietta Cipollini


16/09/2010

 
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