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Vida de las misiones en África/38


¿CULPABLES O VÍCTIMAS DE LA POBREZA?

"Proceso" a la corrupción en la escuela


Se puede llamar motivación, gombo, agua, cerveza, taxi, carburante... Modos diferentes para indicar, en Camerún, la corrupción. Una verdadera calamidad social.

La prensa del País ironiza amargamente sobre el hecho de que Camerún, desde 1997 hasta hoy, haya sido nada menos que dos veces "campeón del mundo" en materia de corrupción, según la clasificación de los Países con el más alto índice perceptible de corrupción, que la organización Trasparency International publica cada año.

El camino de la facilidad

En todos los niveles del Estado, los funcionarios se muestran corruptibles. Por otra parte, basta pensar en el sistema en vigencia en la administración pública, según el cual, para ser trasladados o simplemente para obtener un puesto, se requieren las credenciales de un "garante" que confirme las competencias y la moralidad del candidato. El garante se transforma, luego, en un "padrino", que espera de su protegido la expresión de un agradecimiento, no solo verbal.

Para intentar desarraigar esta calamidad, ha sido creada por el Gobierno, en 1998, una Comisión Nacional de Lucha contra la Corrupción (CONAC). Es conocida, además, la "operación gavilán" (opération epérvier), nombre dato por los medios de comunicación de masas a una vasta operación judicial, en el cuadro de la lucha contra la corrupción en el País, lanzada en 2004 bajo la presión internacional.

La Iglesia católica en Camerún ha denunciado, en varias ocasiones, el fenómeno de la corrupción. Los Obispos han puesto en emergencia el hecho de que los niños crecen, cada vez más, en un clima generalizado de corrupción, que falsifica profundamente su conciencia desde la infancia, insinuando la ilusión de que el éxito no se consigue con el estudio, el trabajo y, de cualquier modo, con el empeño, sino con el engaño y el robo.

La corrupción en el ambiente escolar

El ambiente escolar no escapa del flagelo, con todo lo que esto comporta: falsificación de las notas, compra de diplomas y del resultado en los concursos, venta de las pruebas de examen, etc.

A menudo, son los padres quienes introducen a sus hijos en el mundo de la facilidad y de la falsificación. Es exactamente esta aceptación colectiva de la inmoralidad la que hace la diferencia entre la corrupción y un simple fraude, condenado por la sociedad y normalmente practicado a escondidas.

La corrupción en el ambiente escolar no atañe solo a los profesores; los alumnos se encuentran en buena posición entre los corruptores. Muchas veces, son ellos los que proponen la "coima", para conocer por adelantado los textos de examen, para modificar las notas recibidas y falsificar los resultados.

El proceso simulado

En el contexto de esta problemática, hemos organizado, con unos cuarenta jóvenes de Mbalmayo, un "proceso simulado". Una "simulación" que ha permitido desarrollar, bajo forma de un proceso, un debate sobre un delito colectivamente tolerado, en este caso, la corrupción. Los jóvenes se han comprometido, han tenido la posibilidad de alinearse, de exponer su juicio, de absolver o condenar.

En el proceso, el acusado era un profesor universitario, quien, conocido por cierta integridad, acaba por "ceder" a la corrupción, en el momento en que necesita dinero para pagar una intervención quirúrgica delCéline y el profesor hijo.

Es así como Céline, la estudiante implicada en el caso, ha contado que, después de sufrir dos notas de suspenso en el examen de licencia universitaria, no podía permitirse una tercera. Sus padres son pobres; han hecho enormes sacrificios para hacerla estudiar. Ya había logrado negociar las notas, allá donde era necesario, con una "coima". En la materia enseñada por el profesor acusado, necesitaba "un solo punto" para convalidar el examen, pero no había logrado obtenerlo. Por suerte, los acontecimientos habían jugado en su favor: la enfermedad del hijo y la necesidad de "liquidez" para una intervención quirúrgica, habían persuadido al profesor a aceptar la componenda.

Un insignificante hecho de corrupción, con las justificaciones correspondientes. ¿Cómo juzgan al acusado? ¿Es culpable? ¿Está justificado por las circunstancias? ¿Cómo juzgan a Céline?

En esta "simulación", en la cual he desarrollado la parte del Presidente del Tribunal, he invitado a los jóvenes a intervenir y a tomar una postura, antes de dar la palabra a los abogados de la acusación y de la defensa y, por últimos, a los miembros del Jurado.

Los jóvenes han intervenido vivazmente; han expresado su juicio. Para muchos, el acusado merecía toda la compresión; el motivo que lo ha llevado a aceptar la corrupción es incluso admirable. Céline, la estudiante, en cambio, debía ser sancionada, porque habría debido comprometerse más para aprobar los exámenes; pero, algunos han considerado que también ella tenía unas circunstancias atenuantes, puesto que, en el fondo, su intención era la de evitar un dolor a sus padres pobres.

Varios jóvenes han expresado una condena sin atenuantes con respecto al profesor, quien habría podido "legalmente" pedir un préstamo o buscar otras formas de solidaridad existentes, para afrontar su problema. Con su actuar, en cambio, no ha hecho sino reforzar la práctica perversa de la corrupción.

El profesor, por lo tanto, para algunos, es culpable. Para otros, en cambio, es solo la víctima de una situación de necesidad.

Corrupción y pobreza

En el debate, el aspecto más resaltante ha sido el vínculo que los jóvenes han establecido entre la corrupción y las precariedades de la vida, entre corrupción y pobreza. La pobreza acaba por aparecer como una justificación de la corrupción, su "legitimación" de hecho.

Muchos han sostenido la coincidencia entre las dos batallas, la lucha contra la pobreza y aquella contraSara, en su arenga la corrupción. La corrupción es considerada como una consecuencia del fracaso de las políticas de desarrollo; la lucha contra la corrupción es, en el fondo, una lucha contra la pobreza, ambas producidas por la misma estructura social.

Ha sido esta la tesis fundamental sostenida, en su arenga, por Sara, quien ha jugado, con hábil elocuencia, la función de abogado de la defensa, y ha suscitado gran entusiasmo entre el público. "Pero, ¿de qué corrupción se habla? -ha preguntado Sara-. El profesor y la estudiante se han unido en un pacto fraternal de solidaridad. Se han ayudado recíprocamente por amor al hijo, el primero, y por amor a los padres, la secunda".

El estado de necesidad, según la tesis de la defensa, siempre crea una dependencia, que se transforma en una limitación de la autonomía individual, también en quienes son personas íntegras. ("El acusado ¿no es, tal vez, un buen católico? ¿No va, tal vez, regularmente a Misa? ¿No lee incluso la Biblia?").

Un largo camino para formar las conciencias

Sin duda, la requisitoria de la defensa hace temblar los fundamentos antropológicos de la visión cristiana del hombre, de su libertad, de la dignidad inherente a cada persona humana, no subordinada mecánicamente a las necesidades de la vida. Aun en una situación de necesidad, uno se puede negar a volverse cómplice de un sistema corrupto, y se pueden buscar otras soluciones para afrontar los problemas. Es esta la tesis sostenida por Eric, abogado de la acusación, quien ha tratado, no sin fatigarse, de convencer al público juvenil que la corrupción es el camino de la facilidad, del desprecio de las leyes y del bien común; es causa de la disgregación social. Y es más inaceptable aún en un profesor, que tiene el deber de formar la conciencia de sus alumnos.

"En Camerún, somos materialmente pobres, porque nos hemos vuelto humanamente pobres -ha sostenido Eric-, porque no nos encomendamos a las fuerzas de la inteligencia y de la responsabilidad para solucionar nuestros problemas".

La corrupción se transforma, entonces, en el atajo mediante el cual los jóvenes se ilusionan con construir su porvenir. La pobreza se alimenta de la corrupción, y la corrupción sigue engendrando la pobreza, en un círculo vicioso perverso que estrangula al País.

Al final del debate, por supuesto hemos dado la palabra a los miembros del Jurado, quienes se han apartado, para discutir y decidir. A su regreso, el silencio ha sido total. "El acusado es juzgado culpable de corrupción -ha sentenciado el Presidente-, y es condenado a cinco años de prisión, avec sursis [con la condicional]. Se pide el encausamiento por corrupción, con respecto a la estudiante Céline".

Muchos jóvenes han aplaudido; otros, en cambio, se han quedado desilusionados y han pedido un recurso de apelación.

Silvia Recchi

23/09/2010

 
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