Vida de las misiones en África/39
Mbalmayo, CamerÚn en miniatura
Al descubrimiento de nuestra ciudad
La ciudad de Mbalmayo está ubicada en la región del Centro de Camerún, a unos cuarenta kilómetros en el Sur de la capital, Yaundé. Nuestra Comunidad está presente aquí desde 1991, y en 1995 le ha sido encomendada, por el actual Obispo Mons. Adalbert Ndzana, la responsabilidad de la parroquia de Obeck, que comprende los barrios populares de la ciudad.
Grandeza y decadencia de una ciudad colonial
Es sobre todo su posición geográfica la que ha hecho del antiguo centro de la etnia Bene, llamado Vimli, del nombre de la gran roca negra, de los contornos redondeados, en las riberas del río Nyong, un verdadero punto de referencia para todos los habitantes del Sur del Camerún. Es en Mbalmayo (del nombre del jefe de la aldea, Mballa, hijo de Meyo) donde confluían, en efecto, las pistas que, desde el interior, se dirigían hacia la costa atlántica. Por este motivo, ya en los primeros años del siglo pasado, Mbalmayo representaba un importante puesto adelantado de la ocupación alemana. De esta época permanece un potente fortín, que todavía actualmente domina la ciudad y sirve como prisión.
La intensificación de la economía colonial, fundada en la producción y la exportación de cacao, café y madera preciada; el funcionamiento, desde 1927, de la red ferroviaria que unía directamente Mbalmayo al gran puerto comercial de Douala, y la explotación de las aguas del Nyong para el transporte de las mercancías, han contribuido, a partir de los años 30, al desarrollo de la ciudad. Numerosos exportadores, sobre todo griegos y libaneses, hasta entonces residentes en la costa, comenzaron a construir sus sucursales y a vivir en ellas establemente. Más tarde, comenzó cierta actividad industrial ligada a la transformación de la madera. En el mismo tiempo, la administración creaba aquí sus servicios cada vez más numerosos.
Es en los años 50 cuando tal movimiento de desarrollo alcanzó su cumbre. Este fue marcado por la realización de varias infraestructuras urbanas, que merecieron a la ciudad la denominación de Mbalmayo La coquette (La graciosa), y por una auténtica oleada de migraciones, también desde las regiones más lejanas del país. Mbalmayo se volvió así una ciudad multiétnica, un auténtico Camerún en miniatura. En este período, se empezaron a constituir los barrios populares, muy cerca del río Nyong, la única área dejada libre por los autóctonos, a causa de la presencia de pantanos y por el peligro de inundaciones.
De la vida de Mbalmayo en la época colonial, rica en intercambios, pero también cargada de dramas en todos los niveles, permanecen, como testimonio privilegiado, las novelas Ville cruelle (Ciudad cruel) de 1954 y Le pauvre Christ de Bomba (El pobre Cristo de Bomba) de 1956, del famoso escritor Alexandre Biyidi, originario de Mbalmayo, más conocido a través de los seudónimos Eza Boto y Mongo Beti. El éxito del primer libro contribuyó a atraer la atención de muchísima gente sobre Mbalmayo. Los crímenes feroces cometidos en la ciudad, precisamente en esos años, y las penas capitales públicas que siguieron hicieron de manera que el título de la novela, Ville cruelle, se transformase ya en la nueva denominación de Mbalmayo.
En agosto de 1961, con la creación de la Diócesis, la ciudad estuvo entusiasta y orgullosa de poder acoger, como su pastor, a Mons. Paul Etoga, el primer Obispo negro del África francófona. Los años 60, sin embargo, a causa de los efectos de la revolución de los transportes, que hicieron obsoletas las sucursales esparcidas por el territorio por las compañías de exportación, marcaron la gradual decadencia de Mbalmayo, que las sucesivas crisis económicas no harán sino acentuar.
Dando vueltas por la ciudad, se ven aún actualmente viejos almacenes y depósitos de cacao abandonados, calles del centro, inicialmente asfaltadas, en destrucción. El apodo con el cual un tiempo se llamaba, La graciosa, tiende cada vez más a ser olvidado. El de Ville cruelle, en cambio, parece mucho más resistente al desgaste de los años, sobre todo porque puntualmente evocado por los periodistas nacionales, cada vez que traen las noticias de crónica negra de nuestra ciudad.
Nuevos desafíos
Mbalmayo, de todas maneras, no se resigna a permanecer encerrada en el propio pasado, y quiere abrirse al futuro. En estos últimos años, gracias a la cooperación internacional, han sido iniciados varios proyectos, con vistas a la expansión y a la modernización del sector urbano y del fortalecimiento de las potencialidades turísticas, ligadas sobre todo al curso del río Nyong.
La ciudad permanece un fundamental nudo de comunicación y un centro administrativo importante. Algunos establecimientos de transformación de la madera, todavía en función, hacen de ella prácticamente el único centro industrial de la región. La ciudad, además, es el "acueducto" de la capital, Yaundé; en Mbalmayo, en efecto, está el centro de bombeo y de purificación de las aguas del río Nyong, que alimentan la capital.
Mbalmayo atrae a los jóvenes de las campañas del Centro-Sur, también gracias a la presencia de numerosas escuelas superiores: bachilleratos superiores francófonos y anglófonos, institutos técnicos y profesionales, además del único bachillerato superior artístico de Camerún. Se encuentra aquí, además, la escuela de los guardabosques, que atrae estudiantes también de los países limítrofes.
Esto hace de Mbalmayo una ciudad joven, con una singular concentración de profesores y funcionarios administrativos, de personas con un grado de enseñanza superior a la media de la población. A pesar de esto, su vida cultural permanece carente. Demasiadas veces, cultura es sinónimo de títulos de estudio y de exhibiciones de grupos folklóricos de danza. Esto no favorece el crecimiento social de las poblaciones, sobre todo de las más desfavorecidas, entre las cuales el analfabetismo de regreso está muy difundido.
Se comprende, por lo tanto, cómo el debate, el diálogo y la difusión de ideas se realicen con dificultad, y sean considerados, a menudo, con sospecha y desconfianza. La gestión del gobierno de la ciudad resiente la experiencia histórica de las sociedades tradicionales y de la colonización. La sociedad civil tiene dificultad para liberarse de la tutela de la administración, y las relaciones familiares y los vínculos de sangre resultan, muchas veces, prioritarios con respecto al interés general.
Las consecuencias más graves son el tribalismo y el clientelismo, la credulidad y las prácticas mágicas, que ocupan el lugar dejado libre por la razón y por la confianza en la posibilidad de conjugar al mismo tiempo unidad y diferencia, con vistas a la consolidación del bien común.
En el afrontar estos nuevos desafíos, la ciudad de Mbalmayo está llamada, actualmente, a tomar en consideración su pasado, y a no olvidar que su desarrollo no dependerá, sobre todo, de las ayudas materiales que logrará atraer, ni de las estructuras técnicas que será capaz de realizar. Un nuevo impulso para la vida de nuestra ciudad podrá nacer, más bien, de la formación de las conciencias, de la maduración de las mentalidades y de los comportamientos de sus ciudadanos, con vistas a la asunción de una más grande responsabilidad civil, social y de solidaridad étnica de todos sus componentes, que hacen de Mbalmayo un auténtico Camerún en miniatura.
Franco Paladini
28/09/2010
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