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Vida de las misiones en África/46


IGLESIA DOMÉSTICA

"Acompañar a las familias", en la parroquia de Obeck


La parroquia "Beata Anwarite" de Mbalmayo, en Camerún, ha celebrado, con buena participación, la fiesta de la Sagrada Familia. Son numerosos, en efecto, los núcleos familiares de la parroquia de Obeck, ubicada en el barrio popular de la ciudad, que tienen una devoción particular a la Familia de Nazaret.

Estas familias, generalmente, son las de los obreros de los establecimientos de transformación de la madera de la ciudad, y de los numerosos artesanos y comerciantes que pueblan nuestro barrio. Hay también cierto número de profesores y empleados estatales. Por la mayor parte, se trata de familias nucleares, que alojan, según los casos, uno o más parientes procedentes del campo para los tratamientos médicos, la escuela o la búsqueda del trabajo.

Muy pocas son originarias de la ciudad de Mbalmayo; numerosas vienen de casi todas las regiones de Camerún; por esto, no es raro sentir llamar con el nombre de "Naciones Unidas" el barrio multiétnico de Obeck. Otra denominación de la zona, en la que está ubicada nuestra parroquia, es la de "barrio místico", por la presencia de diversos "curanderos" tradicionales y de nuevos movimientos religiosos; estos últimos se han instalado allí para responder, sobre todo, a la necesidad de la población de protección, de trabajo y de éxito fácil.

En tal contexto de dispersión, las familias tienden a perder los valores "tradicionales", sin lograr dominar, por otra parte, los ligados a la modernidad. Las relaciones entre las generaciones se han modificado de una manera tal que ya no favorece, como en el pasado, la transmisión natural de la sabiduría y de los conocimientos antiguos. La calidad de las relaciones familiares está profundamente mellada por esto. Los jóvenes, sin claras raíces y hechos más frágiles, frecuentemente sin trabajo, buscan remedios a su mal de vivir, refugiándose en los paraísos efímeros y artificiales, propuestos por la red internet o el próspero mercado de lo sagrado.

Para acompañar a los fieles en el afrontar estos graves desafíos, la parroquia de Obeck está comprometida, de varias maneras, a sostener a las familias en su camino de fe. Este año, en particular, la fiesta de la Sagrada Familia ha marcado el coronamiento de un programa de actividades pastorales, que ha implicado casi a todas las realidades parroquiales.

Un lugar para recibir y dar afecto

La liturgia de la Sagrada Familia, celebrada el día siguiente de la Navidad, ha permitido poner en luz la vocación de la familia como comunidad de vida y de amor.

Nuestro Señor no ha nacido en un palacio y tampoco en una catedral; han sido la acogida y el amor de María y de José los elementos que han hecho posible el nacimiento del Hijo de Dios. Lo ha recordado el Santo Padre en el Ángelus del 26 de diciembre pasado: "No importan las comodidades exteriores: Jesús nació en un establo y como primera cuna tuvo un pesebre, pero el amor de María y de José le hizo sentir la ternura y la belleza de ser amados. Esto es lo que necesitan los niños: el amor del padre y de la madre". Si el hospital es el lugar donde uno se cura, la escuela, donde se aprende, la Iglesia, donde se reza, la fábrica, donde se trabaja, la familia está llamada a ser el lugar donde cada persona aprende a dar y a recibir el amor.

Se trata de un discurso esencial en el acompañamiento de los esposos y de los padres, quienes, enfrentados con los problemas ligados a la precariedad de la vida, acaban frecuentemente por creer que la familia se construye exclusivamente con el trabajo y la búsqueda afanosa de la plata.

El hombre no vive solo de pan... sino también de afecto, de dulzura, de paciencia, de atención dada a él. Es lo que, sobre todo los jóvenes, han hecho emerger en el debate, muy participado y animado, desarrollado durante una mesa redonda, sobre el tema "Diálogo en familia", organizada por la Escuela de Formación de la parroquia. Los jóvenes, en sus intervenciones en el debate, han mostrado ¡cuántos dramas y sufrimientos están vinculados a la falta de atención y de amor en la propia familia, a las incomprensiones entre los padres, al prevalecer de intereses efímeros y egoístas!

La primera transmisión de la fe

Los padres no pueden limitarse, en el mejor de los casos, a garantizar a los hijos el alimento y algunos cuidados; sino que están llamados a transmitirles el amor y la fe, respetándolos y educándolos como personas, y no, considerándolos como su propiedad privada, de la que, un día, poder sacar beneficio. Sobre todo con el ejemplo están llamados a formar a los hijos en la libertad y la responsabilidad, en el agradecimiento y el respeto del valor de las cosas más simples, comunicándoles también la entrega al trabajo y el sentido del sacrificio.

Los padres no están asociados solo al misterio de la generación de la vida, sino también al de la generación a la nueva vida de hijos de Dios. La familia cristiana, así, está llamada a dar su fundamental contribución a la primera transmisión de la fe, que hace de ella un importante actor de evangelización.

Para recordar esta misión, en el curso de una celebración, los padres de unos treinta monaguillos, al término de un camino de formación de estos últimos, han entregado solemnemente las vestiduras litúrgicas a sus hijos, como signo de participación en su crecimiento cristiano.

En las catequesis desarrolladas para los padres, ha sido recordado, en particular, que tal responsabilidad pertenece no solo a las madres, sino también a los padres, muy a menudo ausentes en esta función.

La invitación a salir del aislamiento

Una dificultad en la que se tropieza en el acompañamiento de las familias, en Obeck, es el aislamiento al cual tienden, cuando atraviesan situaciones críticas a nivel de pareja y de tensión con los hijos. Por esto, los colaboradores de la parroquia, junto con los miembros de los grupos de oración, han visitado recientemente a decenas de familias, sensibilizándolas con vistas a su adhesión a las comunidades de barrio.

En las comunidades de barrio, las familias más comprometidas se reúnen, a turno, en una casa diferente, para leer la palabra de Dios, para un intercambio sobre la vida de la parroquia, y sobre las situaciones concretas vividas en familia y en la ciudad. Tienen una estructura organizadora suya, y se ocupan también de la acogida de los nuevos núcleos familiares; además, promueven algunas acciones caritativas a favor de los enfermos y de las familias en dificultades.

De las visitas a las familias con personas enfermas, este año, han participado también varios miembros de los grupos juveniles de la parroquia, quienes, así, han podido escuchar en primera persona, algunas historias de vida que los han conmovido de manera particular, superando la natural sensación de rechazo del sufrimiento y de la precariedad. Han comprendido la importancia del afecto y de la solidaridad concreta, y muchos de ellos, activos en los grupos litúrgicos, han aprendido, además, a reconocer en los más pobres y necesitados al mismo Jesús, a quien sirven en el altar durante la celebración eucarística.

El gozo de dar gozo

En colaboración con los responsables de las comunidades de barrio, los jóvenes han intervenido también en la iniciativa "Navidad en el barrio", dedicada a los niños de la parroquia, organizada, este año, en Nkong-a-, el barrio más periférico de Obeck.

 Es exactamente para tender una mano a los más pobres y sobre todo a los más pequeños, quienes sufren más que los demás de la precariedad en las familias, el motivo por el cual los jóvenes han preparado esta tarde de oración y de amistad, con juegos, concursos y cantos. Más de 500 personas, entre los cuales centenares de niños, han participado en la iniciativa, y entre ellos no solo católicos, sino también protestantes, musulmanes y adherentes a los nuevos movimientos religiosos.

Los jóvenes han experimentado el gozo de dar gozo, o sea, la belleza de construir puentes de amistad y de derrumbar muros de división.

Todas las familias de la parroquia, que han participado en la iniciativa, han regresado a su casa más confiadas en la posibilidad de construir la fraternidad en sus barrios, también en los considerados más difíciles. Esto las compromete a vivir, ante todo en su interior, el aspecto de la comunión, para transformarse, cada vez más, en lo que son por vocación: Iglesia doméstica.

Franco Paladini

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
 


12/01/2011

 
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