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Vida de las misiones en África/47


CRECER EN LA COMUNIÓN

Carta a las Comunidades Eclesiales Vivientes de Obeck


Queridos amigos:

Durante el período transcurrido en Ypacaraí, en los meses de octubre-noviembre pasados, he visitado las veintitrés Capillas, las Capillas de las Comunidades Eclesiales de los barrios, en que está dividida la parroquia, que cubre una extensión de 111 Km2. Estas permiten en tal vasto territorio, una presencia pastoral constante y cercana a los fieles.

 Mi pensamiento ha ido, entonces, a nuestras Comunidades Eclesiales Vivientes (CEV), aunque la experiencia eclesial que se vive en Obeck, y en África en general, es germinal, con respecto a la de América Latina, que tiene ya detrás de sí más de cinco siglos de evangelización.

En otros Países de América Latina, hubo una tradición, frecuentemente atormentada, de nacimiento de las Comunidades Eclesiales de Base, después del Concilio Vaticano II, con connotaciones socio-políticas a veces muy marcadas, y con problemáticas que han requerido a la Iglesia una larga purificación y un discernimiento teológico-pastoral, para definir los criterios de la dimensión eclesial.

En Ypacaraí, he podido constatar, con admiración, el profundo arraigo eclesial de la parroquia en los barrios, con una clara y firme relación de comunión espiritual, y también muy concreta, entre centro y periferia, fruto de un largo y paciente trabajo de la Comunidad, en particular de Gladys y de los demás miembros autóctonos de nuestra Comunidad.

He conocido la red de colaboradores de confianza y bien formados, que coordinan las actividades de las Capillas, desde la celebración de la Palabra y de la oración hasta la catequesis, las actividades caritativas y de participación económica.

La Iglesia, nuestra madre y nuestra hija

En el Paraguay, en este período, se ha hecho la clausura del año pastoral, y en las varias Capillas de Ypacaraí, además de que en el centro de la parroquia, han sido administradas las Primeras Comuniones a casi 250 niños.

He encontrado a algunos grupos de catequesis, entre estos los de la Capilla Santa Rosa; hemos visto juntos una película, que daba la ocasión de un ahondamiento sobre África. Así he tenido la oportunidad de constatar la buena formación de los muchachos, a partir del orden que respetan, de su escucha y su participación.

El señor Ortiz, catequistaUn experto catequista, el señor Ortiz, ha llegado puntual y jadeante en su moto desde la cercana capital, Asunción (distante 30 kilómetros, la distancia entre Yaoundé y Mbalmayo), después de un día de trabajo como plomero; era conmovedor ver con cuánto entusiasmo desarrollaba la catequesis a los muchachos.

En varias ocasiones, durante las visitas a los barrios, he conocido a tantas personas simples como él, pero, animadas de un gran empeño, que son verdaderas columnas de la Iglesia local; ellas me han confirmado en la convicción profunda de que "después de la gracia de Cristo, nuestro más grande recurso es el pueblo de Dios" (cf. Ecclesia in Africa, n. 53).

En estas Capillas, construidas por los mismos moradores, frecuentemente pequeñas, pero, a veces, también grandes como nuestra iglesia de Obeck, he participado de liturgias muy lindas, sobrias y solemnes al mismo tiempo, como lindos eran los adornos de tejidos y flores.

Al escuchar el relato de la historia de estas comunidades, he podido comprender cuánto todo esto se ha construido en el tiempo, en la fatiga y, frecuentemente, también a través de dificultades y conflictos, con respecto a cuantos no querían asumir con seriedad el compromiso cristiano, considerando a la Iglesia más bien como una estación de servicio, distribuidora de sacramentos o de otros bienes. La formación, en la responsabilidad y en el sentido de la comunión eclesial, han sido los criterios de la renovación audaz de los varios coordinadores y catequistas.

Durante varios años, Emilio ha insistido en un principio simple y fundamental: la Iglesia no es solo la madre que nos alimenta, con la Palabra y los sacramentos, sino que es también nuestra hija, cuya vida frágil depende de nosotros, de nuestro trabajo y de nuestra participación, en todos los niveles.

Han sido cambiadas tantas costumbres, como, por ejemplo, la de las vestiduras de los niños en las Primeras Comuniones o en otras celebraciones; hoy, ellos ya no marcan la diferencia entre ricos y pobres, porque todos se ponen el uniforme escolar, sin dispersarse en elementos exteriores. Los Padres participan en la liturgia de manera intensa, al lado de sus hijos, y Emilio, en aquel día dedicado plenamente a ellos, puede desarrollar una predicación que los invita juntos, cada uno al propio nivel, a acoger al Señor en su familia.

La fiesta, cuando coincide con la memoria del Santo Patrono, es linda y simple: la pequeña banda abre la procesión en la que se lleva la imagen del Santo Protector de la Capilla por las calles del barrio, junto con los niños que han hecho su Primera Comunión y los adultos.

Unidos en las diferencias culturales

Queridos amigos, los contextos culturales ciertamente son diferentes, pero, tenemos que saber siempre ir a los fundamentos teológicos comunes, en la edificación de la Iglesia, y realizar un intercambio y una comparación recíproca profunda. En este sentido, he constatado cómo Emilio es capaz de entrar en relación con quienes encuentra y de hablar con ellos, también en la diversidad de las situaciones, y ofreciendo siempre algunas "claves" teológicas y espirituales válidas para cada creyente.

A veces, en África, se cree realizar una inculturación del Evangelio, a partir de elementos periféricos de la fe o bien extrapolando y absolutizando algunos aspectos (como acontece en los nuevos movimientos religiosos, que abundan en nuestros barrios). En cambio, es el arraigo personal en los núcleos de la fe el que puede permitir una auténtica expresión original de ella, vivida localmente y abierta a la comunión.

Al escuchar las homilías de Emilio en el Paraguay, me hacían eco tantos temas de las inolvidables tournées en nuestras CEV en Obeck: la importancia de construir a la parroquia como comunión de Comunidades Eclesiales; la necesidad de tener un lugar de encuentro, pero construyendo ante todo a una Iglesia de piedras vivientes, de personas cuya responsabilidad no se disuelve en la dimensión comunitaria. De fieles que saben decir en primera persona: "La iglesia soy yo", volviendo a llevar el nacimiento de la Iglesia al principio personal de la respuesta de la Virgen María.

En el corazón de las comunidades de las Capillas de Ypacaraí, como de Obeck, siempre están los pobres, a quienes el grupo Cáritas sigue con amor y atención.

 En fin, ¿cómo no recordar la invitación, que Emilio nos ha dirigido muchas veces, a una colaboración, basada en el respeto de las identidades y de las funciones recíprocas, con las demás instancias religiosas y civiles de la ciudad, aquí fuertemente desarrollado?

Queridos amigos, son solo algunas primeras impresiones que profundizaremos en la reflexión, a mi regreso, en los encuentros en los barrios y en la Escuela de Formación para los laicos, buscando conocer mejor, después del origen de las CEV en África, también la evolución en América Latina y en Ypacaraí, sus positividades y dificultades, para poder realizar un intercambio provechoso.

He querido poner el acento sobre el hecho de que la inculturación, el arraigo eclesial y cultural, puede acontecer en la medida en que profundizamos y ponemos en práctica los núcleos de nuestra fe católica, en el coraje también de cambios fuertes y contracorriente, y en el vivir la relación entre la particularidad y la comunión con toda la parroquia y con toda la Iglesia.

Es en esta dirección en que se quiere mover la plataforma de las CEV que ustedes han empezado, en una renovada dinámica misionera, y para iniciativas comunes en el plano caritativo.

En cada Capilla, junto con los pobres y los enfermos, hemos rezado por todos ustedes y por este maravilloso intercambio de regalos, de experiencia y de amor.

Los saludo con afecto. A la próxima.

Tonia

(Traducido del italiano por Luigi Moretti)


21/01/2011

 
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