Vida de las misiones en África/48
RECUERDOS DE UNA JOVEN IGLESIA
Notas de historia de la Iglesia católica en Camerún
En los meses de noviembre y diciembre del año pasado, en Camerún, han sido organizados diversos encuentros, conferencias y liturgias, para celebrar el 120 aniversario del nacimiento de la Iglesia Católica en el País. La fecha del feliz acontecimiento, según los anales de la historia, es exactamente el 8 de diciembre de 1890, día en que una Misa solemne fue celebrada, por primera vez, en el suelo camerunés. Con ocasión de este aniversario, queremos detenernos en las etapas más significativas del camino de esta joven Iglesia.
Los misioneros protestantes
El 18 de marzo de 1890, la Congregación de Propaganda Fide creó la Prefectura Apostólica del Camerún y la encomendó a los misioneros alemanes de la Congregación de los Palotinos. En aquella época, Camerún era un Protectorado alemán, según los acuerdos de la Conferencia de Berlín (1885).
Antes de 1890, solo los misioneros protestantes estaban presentes en el territorio camerunés; en un primer tiempo, los de la Sociedad de las Misiones Batistas de Londres, seguidos, más tarde, por los de la Misión de Basilea. Joseph Merrick fue el primero en absoluto; llegó a Camerún en 1845. Hay que recordar también a Alfred Saker, quien ejerció una gran influencia sobre los jefes de la ciudad de Douala, el puerto comercial de la costa atlántica.
El retraso de la presencia católica en Camerún hay que ponerlo en relación con el Kulturkampf, el conflicto entre Iglesia Católica y Estado, que se desarrolló en Alemania en la época del canciller Bismarck. Esta situación impedirá la llegada de los misioneros católicos franceses, presentes en el cercano Gabón; en aquella época, Camerún formaba parte del Vicariato Apostólico de Gabón, y las leyes en vigencia exigían el acuerdo preventivo de la administración colonial, para emprender cualquier obra de evangelización.
Marienberg y la consagración de Camerún
El 1 de octubre de 1890, bajo la dirección de Mons. Henri Vieter, el primer grupo de Palotinos dejaba el puerto de Hamburgo, para desembarcar en Douala el 25 de octubre. Puesto que la costa estaba ya ocupada por las misiones protestantes, los Palotinos decidieron instalarse en el interior, donde adquirieron en las riberas del río Sanaga, en la región de los Bakoko, un terreno, que denominaron Marienberg. Es allá donde celebraron, el 8 de diciembre de 1890, la primera Misa solemne, consagrando el Camerún a María, Reina de los Apóstoles.
Un año antes, un joven camerunés, André Mbangue, había sido bautizado en Alemania. Una vez regresado al País, decidió abandonar la profesión del panadero que había aprendido en Europa, para consagrarse a tiempo pleno a la obra de evangelización, junto con los misioneros. André Mbangue se volvió el primer católico y catequista de Camerún.
Gracias a la ayuda de otros religiosos y religiosas llegados mientras tanto, los Palotinos realizaron la fundación de numerosas misiones, no solo en la región cerca de la costa (Edea, Kribi, Victoria...), sino también en el interior del País. Pensamos, en particular, en Mvolyé/Yaoundé, en la región de los Ewondo, que se transformará en un importante polo de evangelización.
En cada misión, los Palotinos procedían no solo a la construcción de la iglesia, sino también de la escuela (esta última será una prioridad constante en su obra de evangelización), que atraía a los muchachos y a las muchachas, a pesar de los rumores iniciales, difundidos por los protestantes, según los cuales los católicos no tenían el derecho de casarse. Al mismo tiempo, prestaron una gran atención a la preparación de los catequistas, fundando una escuela para su formación, la escuela de Einsiedeln.
Sucesivamente, en 1912, llegaron los misioneros del Sagrado Corazón (Dehonianos) de la provincia alemana. Roma les encomendó la evangelización de la Prefectura del Adamaoua, vasto territorio que se extendía hasta el extremo norte, donde el islam había penetrado ya, procedente del África septentrional. Kumbo, en la región Bamiléké, fue la primera misión fundada por los Dehonianos. En Foumban y en otros centros de la región, en cambio, los jefes locales rechazaron la apertura de una misión, a causa de la posición intransigente de la religión católica en lo que se refiere a la poligamia.
Los misioneros de la segunda generación
La obra de evangelización comenzada por estas dos congregaciones fue interrumpida de golpe en 1915. El comienzo de la Primera Guerra Mundial, en efecto, provocó la expulsión de todos los misioneros alemanes de Camerún. La semilla de la fe que había comenzado a producir frutos (las últimas estadísticas, antes de la guerra, señalaban que los Palotinos estaban asistidos por 223 catequistas; habían bautizado a 54.458 neófitos y habían dejado a 24.545 catecúmenos) habría podido morir, si no hubiesen estado presentes los catequistas formados en la escuela de Einsiedeln. Estos últimos estaban sostenidos por las visitas periódicas de los capellanes militares franceses e ingleses, que habían llegado a Camerún para acompañar a las tropas de ocupación.
Al final de la guerra, el Tratado de Versailles de 1919 sancionó la división de Camerún en dos territorios "bajo mandato". Inglaterra obtenía la parte occidental del País y la Francia, la parte oriental.
Contrariamente a las regiones bajo mandato inglés, donde prevalecía el sistema del indirect rule (administración indirecta), que tendía a encomendar a los autóctonos la gestión de sus negocios, el poder centralizado, en la zona francés, estaba dirigido por la metrópoli. Las sociedades tradicionales del sur de Camerún, poco estructuradas, fueron sometidas a su penetración cultural, religiosa y social. La política de administración directa permitió un enorme esfuerzo económico e infraestructural, sostenido por los pesados gravámenes fiscales y por recurrir a los "trabajos forzados".
Es en este contexto en que la evangelización del Camerún francés fue encomendada a los padres del Espíritu Santo (1922), guiados por Mons. François-Xavier Vogt, y a la provincia francesa de los Sacerdotes del Sagrado Corazón (1920). El Camerún inglés fue confiado a los Misioneros de Mill Hill (1922).
En 1940 se concluyó el mandato de la Sociedad de las Naciones, y la Segunda Guerra Mundial aceleró la evolución política de Camerún. En 1946 se abrió el período de tutela de las Naciones Unidas, que marcó la creación de los primeros partidos políticos, los cuales, aunque siendo representados en la Asamblea Nacional, seguían sintiendo todavía la dificultad de una conciencia nacional en gestación y de las múltiples divisiones étnicas.
El mismo año, el norte de Camerún y una zona de Ciad, que formaban parte de la inmensa Prefectura Apostólica del Adamaoua, fueron encomendados a los Oblatos de María Inmaculada, guiados por Mons. Yves Plumey. La ciudad de Garoua se transformó en el centro de irradiación de sus misiones en Camerún.
La formación de un clero local
Entre los numerosos catequistas que aseguraron el mantenimiento de la vida cristiana, después de la salida de los misioneros alemanes, y ofrecieron su colaboración a los misioneros de la segunda generación, han permanecido famosos en la memoria colectiva Pius Ottou y Joseph Zoa.
Los Misioneros del Espíritu Santo no fueron solo "constructores" de iglesias, de las que la más hermosa es la de Akono, a casi cincuenta kilómetros de Yaoundé, sino que se comprometieron a continuar la obra de formación, comenzada por sus antecesores. Mons. Vogt, considerado el padre del clero camerunés, fundó, en 1923, el primer seminario, en Mvolyé. Promovió también la vida religiosa y fundó, en 1927, la Congregación de las "Filles de Marie". Algunos años después, fue fundada, en Douala, la Congregación de las "Sœurs Servantes de Marie". Fueron las primeras congregaciones religiosas autóctonas. El 8 de diciembre de 1935, se llevaron a cabo las primeras ordenaciones sacerdotales de ocho jóvenes cameruneses.
Entre estos, deseamos señalar a Simon Mpeke, llamado Baba Simón. Después de algunos años de apostolado en su región de origen (Edea), ya cristianizada, decidió establecerse en la región montañosa del norte de Camerún, donde emprendió, con las poblaciones Kirdi, una experiencia misionera original, conjugando inculturación y promoción humana, que interpela todavía hoy a la Iglesia de Camerún.
Mons. René Graffin, el sucesor de Mons. Vogt, será consagrado en 1947 y quedará Arzobispo de la capital Yaoundé hasta 1961. En los años cincuenta, siguió la obra de formación del clero y contribuyó a la instalación del episcopado local, en la época histórica de transición, difícil y atormentada, que llevará a la proclamación de la independencia del País el 1 enero de 1960.
Los primeros Obispos de Camerún
Mons. Paul Etoga se volvió, en 1955, no solo el primer Obispo negro de Camerún, sino también de toda el África francófona. En 1961 fundó la Diócesis de Mbalmayo.
Mons. Jean Zoa fue el primer Arzobispo camerunés de Yaoundé. Consagrado en Roma en diciembre de 1961, fue instalado, el 7 de enero de 1962, como cabeza de la Iglesia de Yaoundé, donde permaneció hasta el momento de su muerte, que aconteció bruscamente el 20 de marzo de 1998.
Dotado de una extraordinaria vivacidad intelectual y espiritual, con su carisma permitió a la Iglesia de Camerún abrirse a nivel continental y universal. Mons. Zoa fue el padre fundador del SCEAM (Simposio de las Conferencias Episcopales de África y Madagascar); importantes fueron sus intervenciones en las sesiones del Concilio Vaticano II y en los Sínodos sobre la evangelización (1974) y sobre la Iglesia en África (1994). Contribuyó activamente a la creación, en 1989, de la Universidad Católica del África Central. Su compromiso al servicio de la evangelización, mantenido durante casi medio siglo, seguramente ha contribuido a la definición de las grandes líneas del reciente Sínodo africano de octubre de 2009, que ha marcado la urgencia, para la Iglesia del África de hoy que afronta los grandes desafíos de la reconciliación, de la justicia y de la paz, de comprometerse en una espiritualidad de comunión, que sepa asumir también las dimensiones socioeconómicas y éticas del mensaje evangélico.
La obra de evangelización está lejos de ser terminada; la mies, en efecto, permanece siempre abundante.
Franco Paladini
(Traducido del italiano por Luigi Moretti)
03/02/2011
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