Vida de las misiones en África/52
"EMBAJADORA" DE LA COMUNIÓN
Queridos amigos de Ypacaraí:
Les escribo desde Mbalmayo, donde acabo de volver. Finalmente he podido compartir, de viva voz, con los amigos de la parroquia de Obeck la experiencia de mi viaje a Ypacaraí, que ha consolidado el puente de amistad entre esta Iglesia de Camerún y la de ustedes en Paraguay.
En el contexto litúrgico del Corpus Christi, acogida por los cantos de fiesta de la coral, he saludado a los fieles.
He contado a los amigos de Obeck la acogida que ustedes me han hecho, como "embajadora" de la Cáritas de esta parroquia; el gran afecto con el cual me han rodeado; el empeño con que me han acompañado en la visita a todos los enfermos a quienes ustedes siguen, recorriendo los varios barrios, haciéndome conocer la historia y el sufrimiento de tantas personas, y la generosidad escondida y humilde de muchos miembros de su Cáritas, en el servicio de los más pobres.
Ahora, como "embajadora" de Ypacaraí, visitaré a los enfermos de Obeck, para fortalecer este vínculo de oración entre los enfermos y entre las dos parroquias; en estas visitas me acompañarán también algunos jóvenes de la parroquia.
Gratuidad y amistad en el Señor
Mientras hacía mi relato, se multiplicaba el gozo de mi corazón, y reflorecían los sentimientos y el recuerdo de todos ustedes. He intentado comunicar, ante todo, que la vida cristiana y la misión están empujadas por la belleza del amor, por la gratuidad, por relaciones fraternales y de amistad profunda en el Señor.
He entregado también los magníficos regalos que ustedes me han dado: el mantel para el altar que ustedes han bordado; las crucecitas para los enfermos en sus estuches de cuero con el nombre "Ypacaraí" grabado en ellos; el calendario misionero de la oración de los enfermos y la bandera del Paraguay. Al final, pero no como cosa de última importancia, he entregado el cuadro simbólico del puente de oración, de amistad y amor entre las dos parroquias, que hará más linda nuestra iglesia.
He encomendado todo esto, entre la admiración y el entusiasmo de todos, a Agnès, la Responsable de la Cáritas, a Martin, el Presidente del Consejo pastoral y a Erica, la Secretaria de la Coordinación de los jóvenes.
En efecto, en nuestra pequeña y alegre parroquia en Mbalmayo, el puente de oración ha comprometido ya a todos, en una dinámica misionera de apertura de horizontes hacia nuestros hermanos.
El puente de oración, que ustedes han empezado en el empeño humilde y escondido, ha hecho entender a esta tierra de África, atormentada por el dolor, la preciosidad del sufrimiento, cuando los enfermos lo ofrecen para que la Palabra de Dios sea anunciada y amada.
He puesto el acento sobre el hecho de que cada uno puede hacer, en diversos momentos, la experiencia de esta debilidad, del dolor, de la enfermedad, de la precariedad material y de la espiritual ligada a ella, y puede experimentar su fecundidad, si la ponemos en el corazón de Dios y la unimos al sufrimiento del Crucificado.
Entregar las cruces a los enfermos y despertarlos a su vocación misionera exige que cada uno de nosotros lleve la propia Cruz, para ser nosotros mismos puentes y embajadores de comunión y catolicidad. Es lo que, en estos meses, he tenido la gracia de entender más en profundidad.
La comunión, en este período de espera, se ha alimentado de la comunicación, de la correspondencia regular entre nosotros y entre las dos Cáritas, lo cual ha permitido a los unos y a los otros conocer mejor los rostros y las actividades, suscitando en cada uno un espíritu de emulación y de amor.
Iglesia, familia de Dios universal
En el contexto litúrgico, he subrayado la importancia de la dimensión misionera, que estamos descubriendo y profundizando. La Iglesia es Familia de Dios, que se forma nutriéndose a la misma mesa de la Palabra del Señor y de su Eucaristía. Esta familia supera todo vínculo natural de sangre, de etnia y de raza, de cultura y de condición social. En nuestras venas circula la misma sangre, la de Jesucristo.
En esta visión, en Ypacaraí me he sentido "en mi casa", como me siento "en mi casa" aquí en Obeck, y como lo he estado en nuestra comunidad en Italia, en el período en que he desarrollado animación de cultura misionera para nuestra Oficina Misiones, en tantas parroquias de la Diócesis donde residimos.
El lema de los fieles de la parroquia de Obeck "un solo corazón, tantos colores", que los ha ayudado, durante estos años, a construir la unidad eclesial en sus diferencias étnicas, hoy debe abrirse a una dimensión católica más vasta.
Especialmente los jóvenes están llamados a tener esta mirada universal y misionera, para construir la civilización del amor.
La misión y el compromiso, en el interior de nuestra parroquia, y la apertura y el intercambio hacia la misión universal son dos realidades que se refuerzan recíprocamente.
Caridad y evangelización
Durante el encuentro de la Escuela de Formación para los laicos, que se ha llevado a cabo un par de días después de la fiesta litúrgica del Corpus Christi, hemos podido continuar este compartir de la experiencia de mi viaje, y subrayar, a través de lo que he contado, la dimensión evangelizadora de la pastoral llevada adelante por Emilio, en Ypacaraí. La misión, en efecto, no es una realidad periférica de la Iglesia, sino que es "transversal", en el sentido de que toca y atraviesa todos los momentos de la vida. Las varias ocasiones y celebraciones se transforman en la posibilidad de una comparación con la Palabra de Dios, y de la evangelización en profundidad de mentalidades y de actitudes.
La pastoral ordinaria, también en su peculiaridad, está llamada también aquí a ser renovada constantemente por el soplo creativo de la caridad y de la evangelización, que empujan nuestra mirada más allá de la línea del horizonte, para encontrar al hombre que vive, que se alegra, que lucha, que sufre.
Queridos amigos: El diaporama con las imágenes de las varias visitas a los enfermos, de la celebración de las Primeras Comuniones en los barrios y de la Misa durante la cual nos hemos saludado con tanta emoción, ha conmovido profundamente a todos, porque la alegría de los rostros expresa más que tantas palabras el agradecimiento al Señor, por el encuentro vivido y por la comunión que se ha creado.
¡Hasta la próxima!
Tonia
11/07/2011
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