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37° Aniversario de la ordenación sacerdotal de Emilio, en Ypacaraí


                      LA EUCARISTÍA HACE A LA IGLESIA *



De la homilía del Nuncio Apostólico en Paraguay Mons. Antonio Lucibello


El 31 de octubre de 2003, en la parroquia Sagrado Corazón de Jesús de Ypacaraí (Paraguay), S. E. Mons. Antonio Lucibello, Arzobispo de  Thurio, Nuncio Apostólico en el Paraguay, ha pronunciado la homilía durante la Misa celebrada para recordar los 37 años de ordenación sacerdotal de Emilio Grasso, fundador de la Comunidad Redemptor hominis.

La celebración ha sido presidida por el Nuncio Apostólico y concelebrada por el Obispo de la diócesis de San Lorenzo, S. E. Mons. Adalberto Martínez, Emilio y varios sacerdotes de la misma diócesis.

La presencia de S. E. Mons. Lucibello y de S. E. Mons. Martínez ha recordado la universalidad de la Iglesia. Además, la profunda devoción y amistad que une Emilio a estas dos figuras eclesiales ha dado a la solemnidad una particular nota de festividad, a la que se ha unido toda la Comunidad Redemptor hominis esparcida por el mundo.
 

Con alegría, presentamos algunas partes más significativas de la homilía, que el Representante de Juan Pablo II en Paraguay ha dirigido a la asamblea.

La celebración de un momento de gracia


San Ignacio de Antioquía, un Obispo del primer siglo de nuestra era cristiana, afirmaba: “Consideren válida la Eucaristía que se celebra en unión con el Obispo o presidida por él". Digo esto, porque quiero subrayar la presencia de mi hermano Obispo Adalberto que el Apocalipsis llama "el ángel de la Iglesia", (Cf. Ap 2, 1). Lo agradezco por haberme recibido esta noche en su Iglesia local en la que él es el Vicario de Cristo. Con él hoy comparto la solicitud por toda la Iglesia y con él estoy presente aquí, gracias a una invitación cordial y amigable de Emilio y toda la parroquia de Ypacaraí. Lo hago con mucho gusto y, sobre todo, consciente del hecho de que estamos viviendo un momento de gracia, un kairós, es decir un momento particular en el que Dios ha pensado escribir una página nueva y mejor de una comunidad. Esta noche, en particular, damos gracias a Dios porque, en su amor misericordioso, como hemos escuchado en la segunda lectura, estamos adelantando la liturgia de mañana, Solemnidad de Todos los Santos.

 
La Iglesia hace a la Eucaristía

 La frase que me ha impresionado siempre y sobre la cual querría llamar vuestra atención, es la siguiente: “La Iglesia hace a la Eucaristía", contestando y cumpliendo un mandato de Cristo: “Haced esto en memoria de mí".Normalmente, cuando decimos que nos reunimos para hacer memoria, para recordar un hecho, un acontecimiento, un personaje de la historia, entendemos que aquello queda lejos y no tiene ningún impacto con la realidad en que estamos insertados, donde estamos realizando nuestro destino humano. Hacer memoria, en el lenguaje bíblico, en cambio, significa hacer actual en el espacio y el tiempo, aquí y ahora, toda la historia de la salvación. Nuestros cristianos, nuestras comunidades deberían ser conscientes de esto todas las veces que se reúnen alrededor del altar.

Si este misterio pascual de Cristo - Pasión, Muerte y Resurrección -, que ha acontecido hace dos mil años, no tuviera efecto en mí, en ustedes y en toda el humanidad creyente y hasta no creyente que vive en la Tierra, hermanos míos, deberíamos echar todo esto en el basura, porque todo sería una mentira. Pero, puesto que la historia, empezando por la primera generación de cristianos, ha sido marcada por una señal de autenticidad, eso hace que no podamos dudar un instante de esta Iglesia que celebra la Eucaristía y hace memoria de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo, para que todos podamos estar implicados en este Misterio y para poder decir junto con San Pablo: “Llevando siempre y dondequiera en nuestro cuerpo la muerte de Jesús, porque también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo" (2Cor 4, 10).

El martirio de la paciencia
 

"La Iglesia hace a la Eucaristía" significa que la realiza porque es imperativo tener presente en el corazón mismo de la vida y la humanidad este misterio de Jesús de Nazaret que sufre, muere y resucita y hace posible que gente como nosotros llegue a esta meta: la santidad que es el fin de cada uno de nosotros. A esta Iglesia que celebra la Eucaristía, que hace memoria, no le puede faltar el sello del martirio, que puede ser cruento o incruento, pero es siempre martirio. A mí me gusta recordar el título del libro del Cardenal Casaroli: El martirio de la paciencia. ¿No es más heroico el martirio que dura toda una vida y no se acaba en un instante, en cinco minutos o en una hora, cuando te matan por Cristo? "Uno de los Ancianos tomó la palabra y me dijo:'Esos que están vestidos con vestiduras blancas, ¿quiénes son y de dónde vienen? Yo contesté: ‘Señor, tú lo sabes'. El Anciano me replicó: ‘Esos son los que vienen de la gran persecución; han lavado y blanqueado sus vestiduras con la sangre del Cordero’” (Ap 7, 13-14).

Paraguay, ¿qué has hecho con tu bautismo?

Esto llega en el momento oportuno, mis hermanos, sobre todo en un tiempo en que tengo la impresión de que todos, nadie excluido, tenemos la tentación de reducir el cristianismo a un cristianismo light. Queremos ser cristianos así, así, con un pie fuera y uno dentro. Somos cristianos hasta cuando estemos en el templo, alrededor del altar, luego salimos y asumimos las costumbres de siempre, somos iguales a los que no son cristianos. Queremos un cristianismo sin la cruz, un cristianismo a nuestra medida. Y, por eso, no somos eficaces. Si nosotros los cristianos católicos del Paraguay, que somos todavía la mayoría, fuéramos realmente lo que deberíamos ser, ¿no creen ustedes que el destino, el camino de este País sería totalmente diferente? A veces, se nos ocurriría hacer aquélla pregunta que el Papa hizo en su primera visita a Francia: “Francia, ¿qué has hecho con tu bautismo?". "Paraguay, ¿qué has hecho con tu bautismo?".
El Papa tuvo el coraje, en marzo de 2000, de pedir perdón a la humanidad, y ¿por qué nosotros no somos capaces de reconocer, no la responsabilidad de los demás, sino la nuestra? ¿Por qué hablar mal del Gobierno, de la justicia, y no examinar nuestra responsabilidad de cristianos? ¿Quizás no tengamos nada que ver con lo que sucede en el País, con lo que ocurre en nuestra Ypacaraí, con lo que ocurre en nuestra comunidad parroquial o en nuestra familia?
En la Iglesia primitiva, los cristianos que llegaron a Roma iniciaron la revolución sin esparcir una gota de sangre, porque se querían entre sí.

La Eucaristía hace a la Iglesia

Quería llegar a este punto para conmemorar los 37 años de ordenación sacerdotal de Emilio, porque su vida, su existencia, su ideal están relacionados estrechamente con este memorial. Un día, un Obispo puso en sus manos este libro, diciéndole: “Vete a todo el mundo y anuncia la buena noticia a todas las gentes". Luego le entregó una copa y un trozo de pan. "La Eucaristía hace a la Iglesia" significa que la Iglesia manifiesta su verdadera naturaleza y su misión, exactamente alrededor de esta mesa. "La Eucaristía hace a la Iglesia" quiere decir que hace a la comunidad allá donde, sin pretender pensar y actuar todos del mismo modo, se ponen las diferencias al servicio de su edificación.
Nuestras comunidades no avanzan exactamente porque cada uno quiere imponer sus ideas, sus proyectos, sus opciones. Por eso, no logramos llegar al resultado hacia el cual debería llevarnos la Eucaristía bien entendida: el bien común.

Edificados sobre el fundamento de los apóstoles


No piensen que pueda existir la Iglesia si no hay la devoción, la veneración hacia el Obispo. “Sois edificados sobre el fundamento de los apóstoles" (Ef 2, 20) significa que no hay Iglesia sin Obispo. El mismo Jesús es la piedra angular. Si me preguntan: “Usted, Nuncio Apostólico, ¿quién se considera?”, contestaría con la afirmación de San Agustín cuando era Obispo de Hipona, en el Norte de África: "Por vosotros soy Obispo, pero con vosotros soy cristiano”. Aspirar a un encargo en una comunidad, dentro de la Iglesia, dentro de la sociedad, es para ponerse al servicio de los demás. Todos desean un encargo, pero dudo que lo hagan por el servicio y, a menudo, cuando analizo esto, me paro y digo que desdichadamente son exactamente los cristianos los que actúan así. Creemos ser los intocables, los que tienen siempre razón.

Edificados sobre el fundamento de los apóstoles


No piensen que pueda existir la Iglesia si no hay la devoción, la veneración hacia el Obispo. “Sois edificados sobre el fundamento de los apóstoles" (Ef 2, 20) significa que no hay Iglesia sin Obispo. El mismo Jesús es la piedra angular. Si me preguntan: “Usted, Nuncio Apostólico, ¿quién se considera?”, contestaría con la afirmación de San Agustín cuando era Obispo de Hipona, en el Norte de África: "Por vosotros soy Obispo, pero con vosotros soy cristiano”. Aspirar a un encargo en una comunidad, dentro de la Iglesia, dentro de la sociedad, es para ponerse al servicio de los demás. Todos desean un encargo, pero dudo que lo hagan por el servicio y, a menudo, cuando analizo esto, me paro y digo que desdichadamente son exactamente los cristianos los que actúan así. Creemos ser los intocables, los que tienen siempre razón.

Tenían un solo corazón y una sola alma

Entonces, hermanos míos de Ypacaraí, esta noche queremos prometerle a Emilio que deseamos progresar como comunidad, sin renunciar a nuestra identidad, a las diferencias: al contrario, éstas no tienen que ser motivo de separación. Esta noche prometemos a Emilio que la comunidad parroquial, la Iglesia de Ypacaraí, quiere madurar alrededor de la mesa eucarística, para que también nuestras casas puedan mejorar y juntar las diferencias en beneficio del bien común. San Pablo escribe que los diferentes dones han sido dados a nosotros para el bien común, para edificar a la Iglesia, y la Iglesia no es como el edificio que se acaba de construir y se inaugura. Estamos siempre en construcción, sin olvidar nunca que la piedra angular es el mismo Cristo. Recuerden que si la Iglesia hace a la Eucaristía, la Eucaristía hace a la Iglesia. Ha sido un gran placer compartir esta Eucaristía con ustedes, con el Obispo Adalberto, con Emilio, con los hermanos sacerdotes. Verdaderamente, junto con ustedes, esta noche, están representados aquí todos los carismas, así como tiene que ser en la Iglesia. En la diversidad creamos el mismo modelo de la Iglesia de los orígenes: "La multitud de los fieles tenía un solo corazón y una sola alma" (Hch 4, 32). ¡Qué así sea!

                                                                                                                                                    

Este artículo ha sido publicado en "Missione Redemptor hominis" n. 68 (2004) 2-3.
 
 
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