testata
  Home   La Comunidad   Centro de Estudios   Contacto   Contribución   Italiano   Nederlands   Français  
Home arrow Enlaces
Menu principal
Home
Quiénes somos
Dónde obramos
Nuestras misiones
Escríbenos
Archivo Últimas Noticias
Actividades
Parroquia de Ypacaraí
Centro de Estudios
Publicaciones
Presentación de las Publicaciones
Artículos (Paraguay)
Profundizaciones
Entrevistas
Vida de las misiones en África
Conocer la vida consagrada
Comprender el Derecho Canónico
Apuntes de Espiritualidad
Misionología para todos
Focus Bélgica/Holanda
Testigos desde el norte de Europa
Galería de Imágenes
Temas relacionados
Utilidades
Enlaces
Busca en el sitio
Mapa del sitio

Los artículos publicados
en este sitio se pueden
reproducir solo integralmente

y citando la fuente
www.missionerh.it.

fotobannnersitosp5.jpg

| Stampa |

 

 

CONFIRMACIONES EN YPACARAÍ

Homilía del Nuncio Apostólico Mons. Orlando Antonini

(Viernes 21 de diciembre de 2007)


   
     Queridos hijos:

     El Catecismo de la Iglesia Católica enseña que "a los bautizados el sacramento de la confirmación los une más íntimamente a la Iglesia y los enriquece con una fortaleza especial del Espíritu Santo. De esta forma se comprometen más, como auténticos testigos de Cristo, a extender y defender la fe con sus palabras y sus obras" (n°. 1285).

     La Iglesia enseña que este sacramento lleva a plenitud la gracia divina que ustedes recibieron en el bautismo, porque ya después de Pentecostés los Apóstoles imponían las manos a quienes habían sido bautizados para que recibieran el don del Espíritu. Hoy ustedes a través de la imposición de mis manos y la unción con el santo crisma recibirán de forma misteriosa e invisible el don del Espíritu Santo que les permitirá estar más íntimamente unidos a Cristo y a la Iglesia, y a su vez los lleva a ser testigos de la fe: "recibiréis el poder del Espíritu Santo - dijo Cristo a los Apóstoles - que vendrá sobre ustedes, y serán mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta el extremo de la tierra" (Hch. 1,8). Ese don del Espíritu Santo es una marca espiritual que llevarán para siempre en su alma mientras vivan, y conservarán después por toda la eternidad.

     Queridos jóvenes, con la fuerza del Espíritu Santo Cristo los envía, como a sus apóstoles, a anunciar el Evangelio a toda criatura, de palabra y con obras. Para cumplir esa noble misión les invito a mantener viva la fe mediante la oración, la lectura y meditación orante de la Escritura, la participación en la misa, la comunión y confesión sacramental: todos esos son canales a través de los cuales Dios sigue infundiendo y aumentando su gracia en nuestras vidas, y nos ayuda a ser auténticos testigos suyos en el mundo.

     El discípulo de Cristo está también llamado a cultivar las virtudes humanas - todo lo que sea noble, justo y bello ténganlo en cuenta - dice San Pablo, ya que les toca vivir en un contesto social determinado, en una familia, en un espacio escolar o de trabajo concretos. Los invito por tanto a tomar con amor sobrenatural el empeño en las tareas domésticas, el servicio a la familia, la comunión y diálogo con los padres, hermanos y vecinos, el estudio, la disponibilidad para ayudar a los compañeros, el trato alegre, respetuoso, educado y afable con todos. Para los que de entre ustedes trabajan, cuan importante será que a lo anterior agreguen respeto al horario de trabajo, el cumplimiento de las tareas asignadas, la honestidad. Todo ello sirve para testimoniar nuestra fe.

     El papa Benedicto XVI en el día de la inauguración de su pontificado nos decía: "¡No tengáis miedo de Cristo! Él no quita nada, y lo da todo. Quien se da a él, recibe el ciento por uno. Sí, abrid, abrid de par en par las puertas a Cristo, y encontraréis la verdadera vida". Queridos jóvenes, esas mismas palabras repito hoy a ustedes, les invito a acercarse a Cristo con confianza. El los ama. Acérquense a él en cualquier lugar y circunstancia, en sus dudas, en sus proyectos y sus propósitos, en sus problemas; incluso cuando el pecado toque a sus puertas, no teman acercarse a Cristo que es la fuente de la misericordia. En él encontrarán el sentido de sus vidas, el sentido de sus actividades, el sentido del amor al prójimo y del sacrificio.

     Y
el papa Pablo VI, comentando el versículo del Evangelio que hemos escuchado - Juan Bautista no es una caña agitada por el viento - en la homilía del Domingo de Ramos de 1971 decía a los jóvenes: "El Evangelio llama cañas agitadas por el viento a aquellos hombres que se doblan según el viento que tira. Hombres faltos de personalidad propia; hombres disponibles a las ideas ajenas, listos a doblegarse al dominio de la opinión publica, de la moda, del interés; hombres del miedo, hombres del respeto humano, hombres-ovejas. Desgraciadamente, este es un fenómeno difundido en la juventud; y se explica: quiere mostrarse fuerte e independiente hacia el entorno que conoce, la familia, la sociedad; ve sus defectos, siente su yugo, y trata de librarse, de emanciparse, se convierte en contestataria, revolucionaria, si hace falta; pero luego, ¿adónde se va? Se junta con quien conduce el juego y hace la moda; se convierte en un número mediocre, sin valor y sentidos propios; se contenta con subrogados, fantasmas, falsos heroísmos. ¿Quizás también ustedes conocen a jóvenes inadaptados, y agachados como ‘cañas' al viento? Pero, llega el momento en que hace falta ser ‘personas', es decir, hombres que viven según determinados principios. Según ideas-bisagras. Según ideas-luces. Según ideas-fuerzas. Hombres que han hecho su elección, y según esta elección, caminan y viven".

     Y cuando se hace una elección se persevera en esa elección. Tenemos que ser hombres y mujeres de palabra. No se puede pasar de un compromiso a otro, como si el primero no fuera nada.

     "Es esta la verdadera categoría digna de la juventud inteligente y cristiana" que ha recibido el don del Espíritu Santo, el sacramento de la confirmación.

     Este don que van a recibir, queridos jóvenes, tiene que ayudarles a ser estos hombres y mujeres de palabra. Hombres y mujeres que hacen una elección y saben ser fieles a ella.

     Me dirijo ahora a ustedes, padres y padrinos: es una alegría ver que comparten y acompañan estos jóvenes. Ustedes ya han donado mucho de sí mismos a ellos y la Iglesia les pide que se sigan donando a ellos con amor; comprendiéndolos, aconsejándolos, enseñándoles el camino de Dios y dándoles testimonio de vida. Nuestros jóvenes esperan de nosotros adultos el estímulo, el ejemplo, el camino a seguir. La tarea es grande pero Dios los ayudará para ser verdaderamente acompañantes de ellos. Acérquense también ustedes a Cristo con confianza y amor.

     Q
ue María su Santa Madre nos proteja e ilumine el camino hacia Cristo su Hijo. Así sea.


 
< Prec.   Pros. >
Sitio de la Comunidad misionera Redemptor hominis. Realidad eclesial fundada en Roma por el P. Emilio Grasso a finales de los años 60
web agency